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Lioso y más bien cutre

En paralelo a su creciente interés como punto de referencia cada vez más importante para la investigación de la romanización de nuestra provincia – junto a los de Segóbriga, Ercávica y Valeria–, el yacimiento de Noheda aumenta cada día su condición de baza asimismo relevante en la oferta turística conquense. Es algo constatable  gracias tanto a la continuidad de unos trabajos arqueológicos que siguen proporcionando joyas que sumar al valor de su ya bien conocido mosaico, como a proyectos como ese ambicioso plan para su escaneo tridimensional que desarrollado, según se nos cuenta, junto a equipos italianos especializados en este tipo de realizaciones, posibilitará la más satisfactoria al tiempo que precisa visión virtual del conjunto de la villa en base a los hallazgos hasta ahora en obtenidos, tanto para dar a conocer su configuración y las características del  propio proceso constructivo del dominus –incluso su costo económico– como para, también, acercar a sus visitantes al propio acontecer cotidiano de quienes edificaron sus construcciones y en ellas moraron y vivieron. Un proyecto sobre cuyos detalles técnicos y puesta en marcha ha aparecido ya cumplida información en estas mismas páginas y que, como ha indicado el director del yacimiento Miguel Ángel Valero, forma parte de los tres que actualmente allí se vienen desarrollando entre los que se encuentran uno nacional financiado por el ministerio de Universidades, otro de carácter autonómico posibilitado por el ejecutivo castellanomanchego y una colaboración con el Consiglio Nazionale delle Ricerche d’Italia para comparar las grandes villas romanas españolas e italianas. Buena noticia sin duda pero que le hace a uno preguntarse la razón de que tales aplaudibles avances no vayan acompañados –desde el punto de vista ya de ese interés turístico al que antes aludía–de una radical mejora del acceso al paraje por sus visitantes mutando el actual por uno más cómodo y menos lioso del que actualmente existe tanto en su entronque con la Nacional 420 como en su recorrido por la pedanía y asimismo del adecentamiento de la zona prevista para el necesario aparcamiento de los vehículos privados o colectivos que hasta él tienen que acercarles, transformando para ello  el descampado que hoy por hoy cubre, la verdad que bien cutremente, tal objetivo –y por supuesto acometiendo el mejoramiento en usos y presencia de la actual oficinilla-caseta de recepción–, unas acciones que deberían incluir también una mayor funcionalidad de la relación de la visita al yacimiento con el pequeño pero en verdad más que interesante cercano Centro de Interpretación de Villar de Domingo García. Es muy de desear que quienes puedan realizar esas labores –supongo que superando el acostumbrado juego de jurisdicciones entre administraciones– las acometan cuanto antes para dar más dignidad a ese primer paso del acercamiento de nuestros visitantes al tesoro que se les oferta.