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José Ángel García
José Ángel García
26/02/2023

Lástima

E

l pasado martes aparecía publicado en el Diario Oficial de nuestra Comunidad el informe de impacto ambiental del proyecto que, a más de dar vía libre para la ejecución de una rotonda en la calle Hermanos Becerril de nuestra capital, la daba también para demoler el edificio de la antigua fábrica de harinas situada en esa misma vía urbana  de nuestra capital al considerar que ese proyecto no necesita someterse a una evaluación de impacto ambiental. Hace ahora poco más de dos años, en enero de 2021, este comentarista firmaba al hilo del entonces asimismo dado visto bueno municipal al traslado de esa fábrica a uno de los polígonos industriales de la ciudad y la obtención por parte del consistorio de los terrenos colindantes posibilitando con ello la ubicación en esos terrenos de un nuevo supermercado de la cadena Mercadona,  este articulista firmaba en esta misma sección un texto en el que, aparte de alguna otra consideración sobre la mayor o menor incidencia que tal hecho pudiera tener en la actividad del pequeño comercio de barrio y en el tráfico de la zona, y considerando que el edificio harinero bien merecería ser considerado parte de nuestro patrimonio histórico industrial, expresaba su opinión –mi opinión, vaya– de que esa construcción que la Panificadora Conquense –una empresa constituida como Sociedad Anónima que emitió sus primeras acciones ya en 1936– inauguró en 1954 en un espacio que por aquel entonces estaba en las afueras de la ciudad (una construcción sobredimensionada en su concepción porque se planeó para futuras ampliaciones que se acometerían primero en los años 80 y más tarde en el 2000 y en el 2010) bien merecería que la empresa comercial que en ella se va a instalar no lo echase abajo sino que le aplicara la misma política de cuidada conservación arquitectónica que había llevado a cabo en otros puntos del país, sin ir demasiado lejos en la ciudarrealeña población de Almagro, en la que instaló una de sus tiendas respetando la configuración y características de una antigua bodega tradicional, o, modelo perfecto para nuestro caso, la puesta en marcha del supermercado que instaló en Melilla, en la Casa Montes, un inmueble ubicado en el centro de esa ciudad e integrante de su patrimonio arquitectónico y cultural. Por lo que se ve tal consideración digamos conservacionista no parece que se vaya a aplicar por estos nuestros capitalinos lares tenido en cuenta esa vía libre recién dada para la demolición de su estructura dentro de un proyecto que por otro lado sí parece por fortuna tener en cuenta bastantes buenas medidas medioambientales desde la depuración de las aguas residuales que se generen a las condiciones del ajardinamiento y la iluminación previstas. Lástima, porque vamos a perder otro de nuestros elementos patrimoniales cuando a uno, déjenme que les diga, le parece más que razonable que hubiéramos demandado –que ahora mismo, qué caramba, demandáramos– para tan venerable edificio una ejecutoria similar a la llevada a cabo por la cadena de supermercados que en ese solar se ubicará, una ejecutoria del mismo tipo que la por ella llevada a cabo en los mencionados casos.

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