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Antonio Santos
08/02/2026

Gomorra

En Cuenca, como en todos los sitios, las redes sociales eran los bares. Allí fluía la información.  Podías enterarte de por qué habían despedido a fulanito, de qué iban a abrir en tal loca en obras o de quién era el guacho que esperaba menganita. También existían los bulos; no todo era puro como el amor de Julio Iglesias al dinero.  Algunos hemos tenido la suerte de pasar muchas horas de nuestra infancia en un bar. Pero siempre con la compañía de nuestro padre.  Y en el momento en el que comenzamos a hacerlo en soledad, o lejos de él para hacerlo en compañía de los amigotes, tu padre ya sabía a lo que no ibas al bar a estudiar el examen de matemáticas.

Las redes sociales de ahora son harina de otro costal.  Para empezar, son redes sociales para antisociales; llenas de personas que parecen otras personas y exhiben en diferido, como un contrato simulado de una Maríadolores cualquiera, las vidas que sueñan y viven en los ojos de todos los que son más ignorantes que ellos.  Por medio: dopamina, taquimecas, adolescencia, butroneros digitales, bulos e idiocracia.  Imagino que los padres se piensan que sus hijos quieren los móviles para hacer los deberes, jugar a juegos educativos y llamarlos a ellos.  Es sabido por todos que lo que más le gusta a un adolescente es hablar con sus padres.   Ahora el presidente se ha dado cuenta y quiere limitar la edad a los dieciséis años.  Todos estaban de acuerdo hasta que se han metido Musk y los cuñaos de turno.  El resultado es que limitar el acceso a las redes sociales es comunismo.  Porque parece que esto no es viable.  Retruco: Es viable y fácil; solo se necesita que cada uno de estos adolescentes tenga un padre o una madre.