Coordinación de la Semana Santa y las SMR: una necesidad urgente
Quiero escribir esta columna porque creo que somos muchos los que amamos las dos celebraciones que se realizan alrededor de la Semana Santa, hemos participado activamente en ambas y no comprendemos las situaciones incómodas que se producen por fricciones que deberían tener solución.
El pueblo de Cuenca tiene que tener claras dos cosas: la primera es que tanto nuestra Semana Santa como nuestras Semanas de Música Religiosa están declaradas de INTERÉS TURÍSTICO INTERNACIONAL. Por consiguiente, una y otra requieren toda nuestra protección, mimo, cuidado y apoyo. Ninguna está por encima de la otra, aunque su seguimiento sea desigual.
La segunda es que las dos celebraciones dan dinero y prestigio a la ciudad. Debemos dar una imagen impoluta de buena gestión, coordinación y resolución de conflictos.
El problema de coordinación de las procesiones y los conciertos ha sido habitual desde el nacimiento del festival en 1962. Bajo la dirección de López de Osaba se realizó un cambio en las fechas de las SMR, pasando a celebrarse la semana anterior entre los años 1988 y 1993. Ese cambio fue una decisión del propio director, quizá para focalizar la atención local en exclusividad, acaso por la presión de la hostelería que pretendía extender una semana la llegada de viajeros, o tal vez por los graves problemas de seguridad y vandalismo que se producían en esos tiempos entre el Jueves y el Viernes Santo. Sobre ello escribe largo y tendido Pedro Mombiedro en su libro “Una mirada a la Semana de Música Religiosa de Cuenca”. Esta opción no terminó de calar y con la gestión de Ismael Barambio e Ignacio Yepes el festival volvió a celebrarse en la semana de pasión.
Y, centrándonos en lo mollar, les explico situaciones repetidas y que se dan principalmente en lo conciertos celebrados en el Teatro Auditorio. El acceso al recinto desde el centro de la ciudad es un embudo en el que se producen continuos roces, a veces muy desagradables. He visto a público habitual, músicos y gestores enfrentándose con nazarenos ante el bloqueo del único paso al teatro auditorio. Todos tienen razones de peso y justificación para su actitud: es una falta de respeto atravesar una procesión y es un agravio imperdonable no poder asistir a un concierto de un gran festival internacional. En lo personal, sufrí muchísimo el año pasado. Por razones meteorológicas se modificó el trayecto de la procesión “En el Calvario” de Viernes Santo. Eso tuvo como consecuencia el bloqueo de los músicos de la ORCAM y los profesionales de Radio Clásica, lo que propició que no hubiera ninguna toma de sonido y tanto la grabación como la interpretación se realizaran “sin red”. Puedo añadir la dificultad que tuvieron mis familiares para poder asistir al estreno de mi VIA CRUCIS. Mi madre, además, con el impedimento añadido de ir en silla de ruedas.
En la presente edición, tengo que decir que llegué a duras penas al concierto de clausura. Vi la procesión del Sábado Santo cerca de la puerta de Valencia, en la que la agrupación Alfonso Octavas interpretó mi reciente marcha MARÍAS. Tras ello sufrimos nuevamente la odisea de llegar hasta el camino del auditorio. Roces con la gente del público, malas caras e incomprensión.
¿Es posible una coordinación y un protocolo para que puedan convivir procesiones y conciertos? ¿Se puede realizar un camino señalizado por el barrio de los Tiradores para los asistentes a estos últimos? ¿Pueden acordar horarios para que no haya problemas ni coincidencias? ¿Pueden tenerse en cuenta los conciertos cuando haya cambios en el recorrido por motivos meteorológicos? Espero que así sea y se solvente de manera definitiva y permanente. Confío en la buena voluntad de todos y en la habilidad de los gestores para conseguirlo. Cuenca lo necesita.