27 de Septiembre de 2020 Son las 21:42

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Imagen de Jose An. Montero

Jose An. Montero

"Chapeau por Estival Cuenca"

En esta maraña de nueva normativa de seguridad, de provisionalidad y de precaución andan los programadores culturales tratando de salvar algunos muebles. No están los tiempos para alegrías en el mundo de la cultura. Metida en el mismo saco que otras actividades de ocio, todo acaba confundido y todos los gatos parecen pardos. Dentro de este monumental lío encontramos organizaciones de todos los colores del arco iris. No es algo nuevo que haya llegado con el coronavirus.

En estas primeras semanas de nueva normalidad se pueden citar todo tipo de ejemplos, desde organizaciones calamitosas hasta organizaciones excelentes, pasando por las relajadas, las chapuceras, las postureras, las policiales, las ahorrativas o las exageradas. También hay públicos de todo tipo, desde el que respeta escrupulosamente las normas hasta el que se las salta en un ejercicio de valentía ridícula mezclando churras con merinas. La masa y la cerveza no suelen ayudar mucho en estos casos.

Obviamente, hay muchos más ejemplos de eventos bien organizados que están primando la seguridad y el cumplimiento estricto de las normas de sanidad, tratando de hacerlas compatibles con el máximo disfrute del público asistente, en un ejercicio de creatividad y cariño que en esta situación se hace todavía más notorio. Un esfuerzo titánico en lo económico y en lo organizativo, en el que los aforos reducidos permiten pocas alegrías si no es con el apoyo total de las instituciones públicas.

Con este apoyo decidido, los festivales teatrales de referencia se salvaron, pero aún así los grandes festivales de música echaron el cierre en masa ante las imposibilidad de reunir a miles de personas en estos momentos. Mientras tanto, los pequeños corrieron una suerte diversa en la que factores como el apoyo institucional, el lugar de celebración, el aforo o el tipo de música han sido determinantes. Uno de los pocos que consiguió seguir adelante ha sido Estival Cuenca. Un festival programado en espacios abiertos, como el Parador sobre la hoz del Huécar y el Museo Paleontológico sobre la del Júcar, y con el público sentado lo que hacía viable su celebración. Eso no significa que no haya sido necesario un esfuerzo titánico para sacarlo adelante. Un programa en el que sobrevivieron cinco conciertos que merecen ser calificados como cinco regalos musicales en un verano conquense que ha quedado en mínimos. Rodrigo Cuevas, Andrea Motis, el trío Benavent, di Geraldo, Pardo, Derby Motoreta’s Burrito Cachimba y Rosario La Tremendita llenaron sus aforos y cumplieron más que de sobra todas las expectativas artísticas.

Pero no hay crónica este verano en la que falte un breve análisis de las medidas de seguridad. En este aspecto también Estival Cuenca ha estado en la excelencia, con niveles muy superiores a lo experimentado en otros eventos con mucho más presupuesto. Calidad, tesón, cariño y buen hacer son algunos de los calificativos que merece la organización de este festival, uno de los eventos mejor organizados con los que me he topado este verano. Trato exquisito a la par que riguroso con las medidas de seguridad. Distancia social y control de temperatura en el acceso, pero sin pretender asumir funciones policiales. Personal de sala ubicando a los asistentes en los grupos solicitados previamente. Control continuo y amable del uso de mascarillas. Distancia social mayor que el exigido por la ley. Servicio de mesa cumpliendo todas las medidas de seguridad, sin desprenderse nunca de las mascarillas. Calidad de sonido y una cuidada ambientación. Baños limpios dotados con dispensadores suficientes de gel y jabón. Información previa e in situ clara y suficiente. Público que en todo momento respetó las normas sanitarias de la organización. Personal de sala, técnicos, camareros y hasta artistas fuera del escenario siempre con mascarilla. Salida del espectáculo gradual, al mismo tiempo que natural, sin forzados desfiles.

Sin ninguna duda, una organización al máximo nivel y que logró no sólo que una semana después no haya habido ningún incidente relacionado con su celebración, sino que además lo hizo conservando el ambiente agradable y transmitiendo a todos los asistentes la sensación de seguridad. En unos meses, en los que los organizadores están poniendo todo de su parte por sacar adelante sus eventos, Estival Cuenca ha sido un buen ejemplo de excelencia donde mirarse. Al César lo que es del César y a Marco Antonio lo que es de Marco Antonio.

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