16 de Enero de 2021 Son las 16:16

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Imagen de José Luis Jover

José Luis Jover

Arturo

Esta Navidad el cartero no me traerá la felicitación de Arturo Pérez, otro gran amigo que se ausenta.

De cuando en cuando, no sólo como felicitación de Navidad, Arturo me enviaba un dibujo original, uno de esos dibujos suyos tan imaginativos, medio abstractos unas veces, medio surrealistas otras, y a los que solía agregar arenillas de colores que brillaban como cuando alguien te sonríe.

Estas pequeñas piezas artísticas que Arturo me fue regalando a lo largo de los años, las fui poniendo entre las páginas de libros, no de cualquier libro, sino de aquellos que sabemos que volveremos a leer porque, al abrirlos de nuevo, nos reencontraremos con lo que allí guardamos: una vieja nota significativa, cierto billete de tren, una postal de aquel museo, un dibujo de Arturo.

Durante los años que viví en Cuenca me veía con él muy a menudo, era mi traumatólogo y mi amigo, un amigo verdadero y un tipo siempre generoso y de gran corazón repartido. Muchas tardes venía a mi casa de la calle Pilares a tomar café y a charlar. En 1995, una de esas tardes hablamos de su hermano Carlos, fallecido cinco años antes, menor que Arturo, pintor y profesor de flauta dulce, a quien también conocí y de cuyo talento creativo supe enseguida. Arturo, que adoraba a Carlos (Carlis), me dijo aquella tarde que había encontrado una carpeta de su hermano con el título de “Papeles”, y que contenía pensamientos, poemas, textos inacabados y cosas así. Quería que yo la viese. Su deseo fue el mío y al día siguiente abrimos juntos la carpeta.

No recuerdo cuánto trabajamos poniendo orden y todo nuestro cariño en aquellos manuscritos de Carlos, muchos de ellos indescifrables. Pero sí recuerdo la alegría que nos proporcionó trabajar juntos, y cómo yo sentí nuestra amistad, su intensidad. Al cabo de unos meses la carpeta “Papeles” se convirtió en un libro del mismo título, publicado por ediciones Marquina. El gesto emocionado de Arturo al ver el libro fue el mayor regalo que pude recibir.

Desde que me mudé a Valencia la distancia dificultó los encuentros. Nos vimos poco, aunque hablábamos por teléfono y a veces me enviaba un dibujo. Pero eso ya se acabó. Su corazón se detuvo, seguramente cansado de darse a los demás.

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