27 de Septiembre de 2020 Son las 22:38

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Orión

Carta a un recién llegado

Querido Alberto. Bienvenido.

Cuando naciste, el reloj consumía la primera hora del domingo pasado.

Yo lo supe enseguida y, desvelado, pensaba que llegabas a un mundo con más preguntas que respuestas. Y pensaba también en que harían bien tus padres educándote para que sobrevivas en esa situación de incertidumbre. Me temo que la mayor parte de tu vida. Y no deberías considerarlo una condena. En realidad podrías considerarlo como una oportunidad, como un buen reto.

Si así lo haces, seguirás los pasos de aquellos que han buscado su felicidad, su realización como personas, intentando dar sentido a su vida saliendo fuera de sí mismos y dirigiendo una mirada solidaria, compasiva, a tantos que sin dudar te van a necesitar, aún cuando no te lo digan.

Cuando leas esta carta (cuyo original meteré en una botella para que tus padres te la entreguen cuando piensen que puedas entenderla) los escenarios actuales se habrán modificado pero algunos augurios se pueden hacer: el clima se habrá modificado con una velocidad que hoy todavía depende de nosotros, el mundo estará sometido a nuevos desafíos sanitarios, cuya gravedad también podríamos controlar con más inteligencia y menos egoísmos, las migraciones serán ya parte de una nueva cultura de la supervivencia y me temo que con los mismos enfrentamientos dialécticos entre los acogedores y sus detractores y las personas os seguiréis haciendo preguntas sobre los mismos temas desde nuevas perspectivas hoy inimaginables, pues los problemas presentan mil facetas distintas, que exigen reflexiones sesudas y soluciones complejas.

Pero debes saber que el día de tu nacimiento las estadísticas tienen el aroma del fracaso en la lucha por la desigualdad que una sociedad sostenible debería tener inscrito en el gen de la supervivencia.

No pondré cifras, pues son cambiantes, pero crece la pobreza, luchamos para contener los efectos catastróficos de una pandemia causada por un virus que, triste y paradójicamente, tiene sus mejores aliados entre nosotros mismos; el rechazo a los diferentes tiene ya voz en nuestro parlamento y siguen llegando a nuestras costas mayores y pequeños huyendo de su infierno y buscando aquí la vida, solo buscando vida… y arden montes y se queman oportunidades y calentamos la Tierra cegados ante la realidad de un peligro cierto, por un poder codicioso, que impone la ley de hierro de la ceguera.

Pero también te digo, mi pequeño amigo, que estará en tu mano ser parte de la solución o del problema. Tú deberás elegir.

Llegados a ese momento, la educación que hayas recibido será la herramienta más preciada, hasta el punto de que si yo pudiera hoy ofrecerte el mejor regalo de bienvenida imaginable, sería obligar al sistema educativo a que la asignatura de “Educación para la Convivencia” adquiriera el rango de asignatura troncal.

Panorama sombrío. Pero también te digo que muchos mantienen la esperanza. No se sientan a “esperar” que las cosas cambien. Trabajan con la confianza de que ellos pueden hacer que se modifiquen las tendencias.

Si todavía los hay (y los habrá) cuando estas líneas leas, únete a ellos para ser parte de los que hacen de la solidaridad bandera.

Y hablando de enseñas recuerda lo que ya habrás leído en algún texto antiguo: “la verdadera Patria del ser humano es su recta conciencia”.

Y en ese recóndito lugar se alojan las semillas de la libertad, de la igualdad, de la fraternidad.

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