Supermercado Xúcar, el rincón de Cuenca donde cabe el sabor de siete países
Arepas, tamales, panetón peruano, choclo, naranjilla… Basta con recorrer unos metros por las estanterías del Supermercado Xúcar para darse cuenta de que aquello es mucho más que una simple tienda de conveniencia. Entre sus productos se esconden los ingredientes de las cocinas de Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Honduras o República Dominicana; sabores que para muchos conquenses son exóticos, pero que para miles de personas que viven en la ciudad forman parte de su comida de todos los días.
Al entrar, la escena resulta casi un pequeño viaje gastronómico sin salir del centro de la ciudad. Hay productos que difícilmente encontrarían en un supermercado convencional y que permiten preparar platos como en casa. Detrás de ese escaparate está Muhammad Kashif, el encargado que en 2014 detectó una necesidad y decidió convertirla en una oportunidad.
Kashif ya conocía Cuenca desde 2006. Por aquel entonces vivía en Madrid, pero aprovechaba sus vacaciones para acercarse a lugares más tranquilos y zonas de montaña. Hace 12 años volvió a la ciudad pensando simplemente en descansar. Sin embargo, durante aquella estancia descubrió algo que despertó su interés: “Veo que hay muchos latinos pero no hay productos procedentes de sus países de origen”, explica. Ahí comenzó la búsqueda. Empezó a investigar por internet cómo importar aquellos alimentos y, sobre todo, a preguntar directamente a quienes entraban en la tienda qué echaban de menos.
“Siempre pregunto si hace falta algún producto y de dónde es. Lo dejo apuntado para luego descubrir cómo traer ese producto fresco” cuenta Kashif.
Aquellas preguntas fueron dando forma al negocio. Primero llegaron los productos colombianos, peruanos, ecuatorianos y dominicanos. Después, con el crecimiento de otras comunidades, se incorporaron alimentos venezolanos, hondureños y de otros países de Centroamérica. Hoy, la variedad es precisamente una de las señas de identidad del establecimiento y que ha hecho que se convierta en un enclave principal de esta comunidad.
Porque la gastronomía latinoamericana no entiende de un único producto o una única receta. Kashif explica que lo más importante es dar con las marcas típicas de cada nación, pues con esa idea ha conseguido crear estanterías de sabores y acentos distintos. El plátano tampoco es siempre el mismo, ni cualquier calabaza sirve para hacer una sopa andina. “Ellos comen zapallo, y cuando llega la temporada intentamos traerlo” ejemplifica Muhammad.
Esa mezcla ha hecho que el supermercado sea un punto de encuentro para la comunidad latinoamericana de Cuenca, pero también para quienes, sin proceder de esos países, sienten curiosidad por su gastronomía. Kashif asegura que recibe clientes de distintas procedencias para ampliar sus paladares con un auténtico café colombiano, alfajores y salsas como el ají amarillo o morado.
Pero mantener esa variedad no es sencillo. Detrás de las estanterías llenas hay una planificación constante, pues hay que saber cuándo se consume cada alimento, cuánto tiempo puede mantenerse disponible y cuándo debe llegar la siguiente descarga”, enumera el encargado del Supermercado Xúcar.
Su filosofía es clara: mantener los productos disponibles y ajustar los precios al tamaño de una ciudad como Cuenca. “También hay que ayudar a que los alimentos sean para todo el mundo”, afirma, pues uno de sus objetivos es que los clientes no dejen de saborear los platillos con los que crecieron.
Ahora mira hacia el futuro. El espacio de la tienda limita la posibilidad de ampliar el establecimiento, pero quiere potenciar los pedidos y el reparto a domicilio, además de continuar suministrando productos a bares y restaurantes.
Mientras tanto, sigue haciendo lo mismo que cuando comenzó: escuchar. Alguien entra y pregunta por un ingrediente que no encuentra; Muhammad lo apunta, investiga y trata de conseguirlo. Así, poco a poco, el supermercado ha ido creciendo al mismo ritmo que las comunidades que lo frecuentan.
Más de una década después de aquella visita de dos semanas, Muhammad Kashif ha convertido una oportunidad de negocio en un lugar donde muchos conquenses pueden hacer algo tan sencillo y, a la vez, tan gratificante como abrir un frasco y que sepa a hogar.