“La Semana Santa de Cuenca es un tesoro que debemos cuidar entre todos”
A las puertas de una nueva Semana Santa, Cuenca se prepara para volver a vivir su semana grande con la intensidad de siempre y con una organización cada vez más consolidada. Al frente de ese engranaje se encuentra Jorge Sánchez Albendea, presidente de la Junta de Cofradías, que afronta estos días con una mezcla de emoción y responsabilidad. En esta entrevista, repasa el momento que atraviesa la celebración, marcada por la alta participación, la mejora del comportamiento en las calles y una proyección exterior que ha convertido a la ciudad en referente. Sin olvidar los retos pendientes, insiste en una idea clave: el éxito depende, en gran medida, del compromiso colectivo de los nazarenos.
¿Cómo afronta este año la Semana Santa?
La afronto con la misma ilusión de siempre, porque al final uno no deja de ser nazareno y vive todo el año esperando estos días. Esa emoción sigue intacta con el paso del tiempo. Pero es verdad que a esa ilusión se le suma una responsabilidad cada vez mayor. Estamos hablando de una Semana Santa muy compleja, con muchísimos elementos que coordinar, con muchas personas implicadas y con muchas necesidades que atender. Eso hace que estos días se vivan también con cierta tensión, intentando que todo funcione correctamente y que todos se sientan atendidos.
¿Existe esa necesidad de introducir novedades cada año o se apuesta por la continuidad?
La base es la continuidad. La organización de los desfiles no cambia, ni recorridos ni horarios, porque el año pasado el resultado fue satisfactorio en líneas generales. Lo que sí hacemos es un trabajo constante durante todo el año para mejorar pequeños detalles que detectamos en la calle. Son ajustes internos, muchas veces invisibles para el público, pero que ayudan a que todo funcione mejor. No hay grandes cambios, pero sí una mejora continua.
¿Qué ambiente se respira entre las hermandades?
El ambiente es muy positivo. La ilusión se renueva cada año, pero además hay indicadores muy claros de que la Semana Santa está en un gran momento. Las subastas de banzos y enseres se están manteniendo e incluso aumentando en muchas hermandades, lo que demuestra que la implicación sigue siendo muy alta. A eso se suman las efemérides que celebran varias hermandades este año, con actos que están teniendo una gran respuesta. Todo eso nos indica que la participación va a volver a ser muy elevada.
¿Se mantienen las cifras de participación de años anteriores?
Sí, estamos en cifras muy similares. Después de la pandemia hemos recuperado una estabilidad y nos movemos en una horquilla de entre 25.000 y 27.000 participantes. Para una ciudad como Cuenca es una cifra impresionante y refleja el nivel de implicación que existe.
La Semana Santa ha crecido mucho en los últimos años. ¿Cómo se compatibiliza ese crecimiento con mantener la esencia?
Ese es el gran reto. Crecer es positivo, pero siempre con sentido. No se trata de aumentar por aumentar, sino de mantener la identidad y el nivel de excelencia que caracteriza a la Semana Santa de Cuenca. Siempre digo que Cuenca tiende a la excelencia y ese tiene que seguir siendo nuestro objetivo. Creo que se está consiguiendo: crecemos, pero sin perder lo que nos hace únicos.
Este año se cumple una década del Sábado Santo. ¿Qué recuerdo tiene de ese proceso?
Es uno de los proyectos más especiales de mi etapa. Fue un proceso largo, que empezó muchos años antes de ver la procesión en la calle. Hubo que madurar la idea, convencer, trabajar mucho porque introducir algo nuevo en una Semana Santa tan asentada no es sencillo. Ver ahora la procesión completamente integrada, con una hermandad consolidada y más de 800 hermanos, es una gran satisfacción personal.
También ha cambiado mucho la percepción y el comportamiento de las turbas. ¿Cómo valora esa evolución?
Ha sido una evolución muy positiva. Durante años se ha trabajado mucho en sensibilización y en explicar qué significa realmente la turba. Hoy vemos un comportamiento mucho más adecuado, con presencia de familias, de niños, algo que antes era impensable. Se ha entendido mejor el sentido de la procesión y eso ha contribuido a mejorarla. Es un ejemplo de que el trabajo constante da resultados.
Uno de los aspectos que más preocupa es el estado del Casco Antiguo tras algunas procesiones. ¿Cómo se está abordando?
Es una preocupación compartida por todos. No es la imagen que queremos dar. Es un tema prioritario en las reuniones de coordinación y se está trabajando intensamente para mejorar. Las administraciones son conscientes y se están buscando soluciones. A todos nos duele ver esas imágenes y queremos corregirlas.
La Semana Santa de Cuenca ha ganado presencia internacional en los últimos años. ¿Se sigue trabajando en esa línea?
Sí, y es fundamental. Cuenca es un referente a nivel nacional y cada vez más fuera de nuestras fronteras. Hemos tenido presencia en medios internacionales, participamos en encuentros, damos conferencias… todo eso ayuda a proyectar nuestra Semana Santa. Es un esfuerzo grande, pero a largo plazo se nota en la calidad del turismo que recibimos y en el reconocimiento que tenemos.
Hace unos años se presentó la Semana Santa ante el Papa Francisco. ¿Se plantean repetir una acción similar?
Ojalá. Fue una experiencia única, de las que marcan. Poder explicar nuestra Semana Santa en el Vaticano fue algo muy especial. De momento no hay nada concreto con el Papa León XIV, pero no descartamos intentar algo en el futuro.
¿Qué balance hace del Museo de la Semana Santa tras su primer año después de su reapertura?
Muy positivo. La acogida ha sido excelente, las visitas se han triplicado y la gente está muy satisfecha. Es un proyecto hecho con mucho esfuerzo y con pocos recursos, pero con una idea muy clara de lo que queríamos mostrar. Hoy es un motivo de orgullo y además nos está posicionando como referente también en este ámbito.
Para terminar, ¿qué mensaje lanza al nazareno conquense?
Que disfrute, pero sobre todo que participe con respeto, devoción y fraternidad. Todo lo que se organiza no sería posible sin ellos. La Semana Santa depende de la implicación de cada nazareno. Si todos cumplimos, el resultado será el que todos queremos.