“El verdadero éxito es poder vivir de mis canciones y seguir siendo quien soy”
Con apenas 30 años, Pedro Pastor ha construido una trayectoria sólida y coherente al margen de la industria convencional. Hijo del cantautor Luis Pastor y heredero de una tradición musical comprometida, el madrileño ha recorrido medio mundo con sus canciones hasta rozar el millar de conciertos, consolidando un público fiel a base de cercanía y honestidad.
Ahora regresa a Cuenca con un espectáculo que revisita su camino artístico, en el que reivindica una forma de entender la música ligada a la libertad creativa, la conexión con el público y el valor de mantenerse “con los pies en la tierra”.
El 8 de mayo a las 20:30 horas actúas en el Auditorio de Cuenca. ¿Qué concierto se va a encontrar el público?
Estamos en un momento muy dulce. Llevamos ya un par de meses de gira, la banda está muy compacta y el show ha cogido forma, pero todavía no estamos cansados. Seguimos con muchísimas ganas de salir cada fin de semana a tocar. Y eso se nota. Cuando nosotros disfrutamos en el escenario, el público lo percibe y se genera una energía de ida y vuelta muy especial.
¿En qué punto está ahora mismo esa gira?
Empezamos el 14 de marzo y llevamos tocando todos los fines de semana. El de Cuenca será ya el concierto número 17, así que el espectáculo está muy rodado, pero aún con toda la frescura.
Este proyecto revisa tu trayectoria. ¿Qué supone para ti mirar atrás?
El disco es un recopilatorio, ‘10 locos años descalzos’, y eso me ha dado algo muy interesante: poder elegir las canciones que más me gustan de todos mis discos y también las que mejor han conectado con el público. Al final el repertorio queda muy redondo, porque no estás condicionado por presentar lo nuevo, sino por tocar lo que realmente funciona y emociona.
Esa conexión con el público parece clave en tu proyecto...
Totalmente. Nosotros somos artistas cercanos, humanos. Siempre hemos elegido estar a la altura del público, mirarle a los ojos. Creo que es la única forma de sostener un proyecto independiente como el nuestro. Esa cercanía también te mantiene conectado con la realidad y te permite seguir escribiendo canciones que la gente siente como propias.
Cuenca forma parte de ese recorrido de muchos años...
Sí, he ido muchísimas veces. Recuerdo tocar aquí siendo menor de edad, en bares, prácticamente gratis, con gente que ni siquiera estaba escuchando. Y ahora poder volver a un teatro con público que viene a verte es muy bonito. Es una carrera construida poco a poco, con mucho trabajo y mucha paciencia.
Con casi mil conciertos y solo 30 años, ¿cuándo sientes que tu carrera despega?
Para mí siempre ha funcionado. Cuando venían 30 personas era un éxito, cuando venían 100 también, y ahora igual. Yo nunca he tenido expectativas irreales. El éxito es poder vivir de mis canciones, de lo que yo quiero hacer. Y eso lo llevo haciendo muchos años.
Has construido tu carrera de forma independiente. ¿Más difícil o más libre?
Yo he sentido sobre todo las virtudes. He hecho mi carrera al ritmo que he querido, he tocado donde he querido y he tomado mis decisiones. Evidentemente es más difícil sin una estructura detrás, pero también es mucho más honesto. Prefiero tocar en salas con gente que quiere escucharte que en grandes festivales donde solo conocen una canción.
Hablas del éxito desde un lugar muy distinto al habitual...
Claro, porque para mí el éxito no es llenar grandes recintos o tener más dinero. Yo ya soy una persona exitosa. Vivo de la música, tengo más de lo que necesito y sigo siendo quien soy. La ambición desmedida te lleva a la frustración. Yo intento no perderme por el camino y mantener los pies en la tierra.
Tus letras hablan de muchas cosas: amor, rebeldía, aprendizaje…
Porque la vida es todo eso. He viajado mucho, he vivido Latinoamérica muy de cerca, y eso te da una sensibilidad especial. Me pasan muchas cosas, me emociono, me duele el mundo, y necesito contarlo. No solo escribo sobre amor, escribo sobre todo lo que me atraviesa.
¿Qué papel ha tenido tu familia en todo esto?
Fundamental. Me crié en un entorno de mucha libertad y eso me dio herramientas para salir al mundo con seguridad. No solo me ha influido como músico, sino como persona. Esa forma de entender la vida es la que luego llevo a las canciones.
¿Sigue teniendo sentido la canción de autor hoy?
Sí, pero ha cambiado mucho. Ya no es un género cerrado, ahora los cantautores hacemos muchas cosas distintas. Sigue siendo un refugio para mucha gente, pero también creo que hay problemas más urgentes en la sociedad. Nuestra música es importante, pero no lo único importante.
¿En qué momento creativo estás ahora mismo?
Ahora estoy muy centrado en la gira. Son muchos conciertos y es exigente, así que estoy más en cuidarme que en componer. Escribo cosas, pero para crear de verdad necesito parar.
Para terminar, ¿por qué no debería perderse nadie el concierto en Cuenca?
Porque es una experiencia genuina. El otro día una persona que trabaja de seguridad en un recinto en el que actué nos dijo que éramos distintos. Y creo que eso ya es motivo suficiente: venir a ver algo auténtico, algo que no se parece a lo demás.