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Los Garde bajan la persiana en Las Quinientas

Tras una década y media de dedicación, Rubén traspasa su frutería por la falta de personal y su padre, Antonio, se jubila tras más de 50 años de trabajo
Los Garde bajan la persiana en Las Quinientas
Foto: Saúl García
21/04/2026 - Rubén M. Checa

Hay locales comerciales que terminan convirtiéndose en el alma de los barrios, en lugares donde el simple acto de comprar un tomate o una barra de pan viene acompañado de una sonrisa familiar y una charla con quien está al otro lado del mostrador. En Las Quinientas, ese local ha llevado durante casi quince años el apellido Garde. 

Ahora, el cansancio tras década y media trabajando de lunes a domingo y el paso del tiempo han marcado un punto y aparte, toda vez que Antonio se jubila tras 51 años de trabajo y su hijo Rubén ha decidido traspasar el negocio ante la imposibilidad de encontrar manos de confianza que sostengan un oficio tan exigente. 

La historia de esta familia floreció en el verano de 2012. En la galería comercial del barrio decidieron abrir su primera frutería, y dada la buena acogida, dos años después se mudaron hasta su local actual, en el número 60 de la avenida Reyes Católicos. 

“La dueña del local nos dijo que aquí venderíamos el doble, y no se equivocó”, recuerda Rubén. Sin embargo, el éxito comercial trajo consigo una dedicación absoluta que ha terminado por pasar factura. “Para que esto funcione hace falta más gente. Es un trabajo de muchas horas y la gente no se compromete al trabajo”, lamenta Rubén, quien confiesa que el agotamiento de vivir de lunes a domingo pendiente del negocio ha precipitado la decisión de parar.

A pesar de la dureza, la frutería les ha regalado la magia inigualable del comercio de proximidad. “Esto es como la película El Show de Truman: siempre vienen los mismos y siempre te dan los buenos días. Hemos estado muy a gusto en el que es el mejor barrio de Cuenca”, dice Rubén con una sonrisa, sabiendo que el cariño incondicional de los vecinos compensaba los madrugones y las arduas jornadas laborales. Su futuro inmediato pasa ahora por un verano de descanso, enfocado en su negocio de montaje de barras para eventos, antes de decidir su nuevo rumbo vital.

Aunque Rubén figura como el propietario, el verdadero homenaje de esta despedida lleva el nombre de su padre. Con 51 años cotizados a sus espaldas, Antonio es el rostro que ha sostenido el día a día de la tienda. Tras cuatro décadas como camionero y un revés laboral durante la crisis de 2008, supo reinventarse y echar raíces en el negocio de su hijo. “Yo soy una persona que me acoplo a lo que sea. Lo mismo te hago de calefactor, que de pintor, que de todo”, explica Antonio con el orgullo intacto de quien jamás le ha temido al trabajo duro ni a los cambios.

En Las Quinientas, el barrio que lo vio crecer en su juventud, Antonio forjó vínculos que trascienden lo puramente comercial. “Tienes clientela que ya son amigos o familia; y por ser como uno es, si hay que echar una mano, se echa”, asegura Antonio. Su empatía y entrega brillaron con especial fuerza durante los días sombríos de la pandemia. “Trabajamos muchísimo porque íbamos nosotros a las casas. Daba pena salir a mediodía y no ver a nadie, porque todos lo estábamos pasando muy mal”, rememora.

Los años de mostrador también traen ausencias, y perder a clientes de toda la vida ha sido una de las cruces más pesadas de sobrellevar. “Después de quince años atendiéndoles, saber un día que de repente no van a volver porque han fallecido son palos muy duros”, confiesa Antonio con nostalgia.

Pero, al poner estas casi dos décadas en la balanza de la vida, la luz vence a la sombra con facilidad. “Pesa más lo bueno”, afirma Antonio. Sus clientas le ruegan que no se vaya, pero él sabe bien que el reloj marca el tiempo del descanso merecido. A partir de ahora, cambiará el peso de las cajas por apuntarse a viajes, disfrutar de sus nietos y hacer los arreglos que necesita su casa.

La persiana volverá a subir en junio. La frutería seguirá abierta a Las Quinientas bajo un nuevo nombre y con otros dueños que tomarán el relevo para que al barrio no le falte de nada. Pero en las calles del barrio obrero siempre resonará el nombre de los Garde.


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Frutas Garde