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“Queremos que el público salga de AURUM profundamente emocionado”

AURUM llega hoy viernes al Teatro Auditorio 'José Luis Perales' de Cuenca con bandas sonoras en directo a la luz de las velas
“Queremos que el público salga de AURUM profundamente emocionado”
27/02/2026 - Eduardo Crespo

El 27 de febrero, el Teatro Auditorio José Luis Perales acogerá la llegada de AURUM Bandas Sonoras a la luz de las velas, la nueva gira de SONORA. Al frente del proyecto está Bartomeu Tur, director artístico y narrador de una propuesta que combina música en directo, relato y una atmósfera cuidadosamente construida para provocar algo más que aplausos: emoción verdadera. Hablar con él es percibir profesionalidad, método y también una ilusión intacta. La misma que les llevó hace apenas unos días a pisar el Teatro Lope de Vega de la Gran Vía madrileña ante 1.400 personas y la misma con la que afrontan ahora su estreno en Cuenca.

¿Qué es lo que vamos a ver? ¿Cuál es el concepto nuclear del espectáculo?

El público va a encontrarse con un espectáculo que, en muchos aspectos, no espera. Sobre el escenario habrá cerca de veinte jóvenes músicos profesionales interpretando en directo algunas de las bandas sonoras más emblemáticas del cine, con coro y orquesta. Todo sucede completamente en vivo, sin artificios. A eso se suma una puesta en escena muy cuidada, con más de mil velas LED y un diseño de iluminación que acompaña cada momento musical. El conjunto está pensado para generar una experiencia emocional muy intensa. Invitamos al público de Cuenca a que venga a vivirla, porque no es solo un concierto, es algo más.

Estamos hablando de una combinación de música, narración y una atmósfera de luz muy particular.

Exactamente. Es una fusión de música, narración y luz. Las mil velas construyen un ambiente muy especial sobre el escenario, un entorno visual que envuelve al espectador desde el primer momento. Esa atmósfera no es un simple recurso decorativo, sino que forma parte del lenguaje del espectáculo y dialoga constantemente con la música y con la historia que vamos contando.

¿Qué buscáis provocar emocionalmente con esa escenografía a la luz de las velas?

Queremos crear una atmósfera íntima, acogedora, donde el espectador se sienta parte de lo que está ocurriendo. Las velas son un añadido estético importante, pero el verdadero corazón del espectáculo está en la música y en el significado de cada banda sonora que interpretamos. Además, la narración ayuda a guiar al público a lo largo del concierto. Lo que buscamos, en definitiva, es activar la memoria emocional de cada persona: sus recuerdos, las sensaciones asociadas a esas películas, todo lo que revive cuando escucha esas melodías.

¿Dirías que es un proyecto más musical o más experiencial?

Es una fusión de ambas dimensiones. Nuestro centro es la música, porque somos músicos y así nació el proyecto. Toda la base es musical y está trabajada con rigor. Pero a partir de ahí construimos una experiencia que integra otros elementos artísticos y sensoriales. No queremos quedarnos únicamente en la escucha pasiva, sino provocar algo más profundo, buscar aquello que va más allá de lo estrictamente musical y que la interpretación puede despertar en el espectador.

¿Qué títulos podremos escuchar y qué criterios habéis seguido para elegir el repertorio?

El programa incluye títulos tan reconocibles como Gladiator, Pearl Harbor, Titanic, La La Land, Interstellar o La Bella y la Bestia, entre otros. La selección siempre es compleja, porque existen muchísimas bandas sonoras extraordinarias y cada persona tiene sus favoritas. Hemos escogido aquellas que encajan con el discurso que queremos construir durante el concierto y que, además, son épicas, conocidas y cercanas al público. El espectáculo dura aproximadamente una hora y media, así que es necesario concentrar mucho el repertorio y hacer una selección que tenga coherencia y fuerza.

¿Cuántas personas forman parte del equipo que hace posible el espectáculo?

En el escenario habrá alrededor de 19 músicos. A eso se suman tres técnicos que forman parte esencial del equipo, así que en total somos aproximadamente una veintena de personas trabajando para que todo funcione y el público salga emocionado.

¿Habrá alguna sorpresa o alguna pieza menos esperada dentro del programa?

Siempre hay sorpresas. Más allá de una obra concreta, la verdadera sorpresa es el resultado global del espectáculo. A veces hay piezas que el público cree no conocer y, cuando las escucha, se convierten en las más impactantes. La sorpresa está en el discurso, en la manera de presentar cada banda sonora y en cómo todo se integra en un conjunto que va creciendo emocionalmente.

Como director artístico, ¿cuál es tu papel dentro de AURUM?

Tengo un doble papel. Por un lado, está la dirección musical del concierto. Y por otro, asumo la función de narrador. Soy quien acompaña al público durante el espectáculo, quien conduce el discurso y la historia que se va desarrollando entre la orquesta y los espectadores. En cierto modo, soy el puente entre lo que ocurre en el escenario y quien está sentado en la butaca.

¿Se perciben diferencias en la recepción del espectáculo según el público o la ciudad?

Más que por ciudades, las diferencias vienen dadas por el tipo de público. Es un espectáculo para todas las edades, pero cada persona lo vive de una manera distinta. Los más pequeños se sorprenden con la cercanía de los músicos y los cantantes; los adultos suelen conectar más desde la memoria y la nostalgia. Cada espectador se lleva una experiencia distinta, y eso es muy enriquecedor para nosotros.

Imagino que la preproducción de una gira así es compleja. ¿Cuánto tiempo requiere?

Es un trabajo continuo. Prácticamente estamos todo el año en marcha. Cuando terminamos una gira ya estamos preparando la siguiente. Es un proceso que no se detiene. La semana pasada, por ejemplo, actuamos en el Teatro Lope de Vega de la Gran Vía de Madrid ante 1.400 personas, algo que supuso un paso muy importante para nosotros. Cada escenario es un nuevo escalón, y ahora Cuenca representa también una nueva etapa dentro de esta gira.

¿Qué expectativas tenéis para el concierto en Cuenca?

Evidentemente queremos llenar el teatro, pero nuestro principal objetivo es emocionar al público. No queremos que nadie sienta que ha asistido a un concierto más. Queremos que salgan conmovidos, que se lleven un recuerdo especial. La experiencia de las giras anteriores nos demuestra que es posible, y estamos convencidos de que el público de Cuenca no será menos.