“La gente se hace mayor cuando deja de tener objetivos”
A sus 80 años recién cumplidos, cuando muchos bajan el ritmo, Julián Martínez sigue avanzando pedalada a pedalada, guiado por una fe que le sostiene en cada kilómetro. Este vecino de Villar de Olalla acaba de completar por décima vez el Camino de Santiago comenzando por el mismísimo municipio conquense. Casi 900 kilómetros de recorrido ponen a prueba su determinación, aunque el conquense lo tiene claro: la edad no marca límites cuando aún quedan metas por cumplir.
Deportista durante toda su vida y ex policía, el villardeolallense encontró en la bicicleta una nueva forma de superarse cuando el cuerpo le empezó a pedir un cambio. No tardó en animarse cada vez más y, cuando se quiso dar cuenta, estaba empezando su primera peregrinación, allá por el año 2001. No tenía claro si lograría completarla y en el bar del pueblo le llamaron “loco” al ver que se marchaba prácticamente con lo puesto, sin teléfono siquiera. El sacerdote, por otra parte, le dijo una frase que, como confiesa, se le quedó grabada: “Llevas la mejor compañía, la que nunca te puede fallar. Si necesitas de él, pídeselo y te ayudará. Ese día cambió mi vida”, asegura.
Sus maratonianas primeras jornadas, llenas de dificultades, alcanzaron su culmen en la subida a O Cebreiro, cuando un palmo de nieve arreció mientras la noche caía y se encontraba completamente solo en mitad de la nada. “Estaba a punto de decir: hasta aquí hemos llegado”, confiesa Julián, quien a continuación vivió algo que interpreta como providencial. Un tractorista se cruzó en su camino y, no sin antes advertirle de la locura que estaba cometiendo, le dio un último empujón: “Si has sido capaz de llegar hasta aquí, te queda un kilómetro”. Julián llegó a su destino en plena noche y, como se suele decir, volvió a nacer. Su fe, siempre presente a lo largo de su vida, se reforzó tras este suceso. “Siempre he sido un hombre de fe, pero desde esa subida, mi vida cambió. Noté la presencia del Señor que me ayudaba, estaba a punto de abandonar y me dio fuerzas para seguir adelante”, recuerda.
Desde entonces, han pasado 25 años y 10 peregrinaciones, la última de ellas el mes pasado. Y es que el Camino de Santiago se ha convertido para él en una experiencia espiritual y reflexiva que no deja indiferente a nadie: “Le diría al mundo entero que hicieran el Camino. Si lo hicieran, cambiaría la sociedad”, afirma el conquense, aludiendo así al remanso de paz que supone ese momento de soledad y reflexión que ofrece el Camino en contraste con la vida cotidiana. “Las nuevas tecnologías nos tienen absorbidos… En cambio, cuando estás solo, tienes que analizar tu vida, pensar qué estás haciendo y qué debes cambiar para hacer felices a los demás”, traslada, aludiendo también a las enseñanzas que transmite el Camino, como ayudar a quien lo necesita y luchar ante todo. “El Camino es como la vida misma”, resume.
LA EDAD, SOLO UN NÚMERO
Pero su vitalidad no se manifiesta solo en su cuerpo, sino también en su cabeza y su mentalidad. “La gente tiene que aprender que nos hacemos mayores cuando no tenemos objetivos que cumplir. Hasta que me muera, tendré objetivos y pensaré en que puedo hacerlos. Para mí los años solo son números”, afirma. Asimismo, refrenda esta filosofía con un estilo de vida acorde: dieta equilibrada, ejercicio, nada de alcohol y nada de tabaco. Lejos de pensar en retirarse, ya ha fijado su próxima meta: “Dije que mi meta eran 80, ahora hay que ponerse otra. La próxima, 85. ¿Qué cumplimos 85? Se vuelve a renovar para los 90”, afirma.
Julián sigue disfrutando y pedaleando con su vieja Orbea –de considerable peso, por cierto– con la misma convicción que aquel primer día. “Cuando empiezas a ponerte ‘peros’, has terminado”, dice. Y él, desde luego, no tiene intención de hacerlo.