29 de Octubre de 2020 Son las 2:53

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020
Adolfo Córdova

"Para hablar de poesía hay que escuchar a los poemas"

El escritor e investigador Adolfo Córdova (Veracruz, México, 1983) coordina "Renovar el Asombro", una obra en el que se traza un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español

"Para hablar de poesía hay que escuchar a los poemas"
6/10/2020 · José An. Montero

Cuenca se convirtió durante las últimas décadas de la mano del siempre añorado Pedro Cerrillo, catedrático de literatura de la Universidad de Castilla-La Mancha, en un lugar de peregrinación al que acuden estudiosos de la literatura infantil y juvenil de todos los países hispanohablantes.

Dos años después de su fallecimiento las semillas sembradas en tantos países siguen dando frutos. Una de ellas ha germinado en forma de libro con el título de Renovar el asombro.

Un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español (Ediciones de la UCLM, 2019) en el que convergen las miradas poliédricas de María Victoria Sotomayor Sáez, Cecilia Bajour, Felipe Munita, Sergio Andricaín, Antonio Orlando Rodríguez, Ángel Luis Luján Atienza, Cecilia Pisos, María del Rosario Neira Piñeiro y del propio Córdova, coordinador de este trabajo.

En el reino al revés María Elena Walsh dice que en una caja de fósforos se pueden guardar muchas cosas como un rayo de sol, un poco de copo de nieve o una moneda de luna.

El escritor e investigador Adolfo Córdova (Veracruz, México, 1983) anda en el ingente tarea de meter universos en pequeños objetos como un libro, mirando las cosas de frente y de costado, desde delante o desde atrás, analizando con cuidado para que no se pliegue ninguna esquina, coordina "Renovar el Asombro", una obra en el que se traza un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español, en todas las geografías de sentir el idioma, donde abundan los poemas y parecen habitar sus autores.

Szymborska relacionaba en uno de sus versos a la poesía como un oportuno pasamanos, ¿qué significa la poesía para Gustavo Córdova?

Es una manera de nombrar al mundo desde al asombro. La capacidad de mirar y no necesitar decir ni contar nada específico, que es algo que hoy menospreciamos pero que me parece muy poderoso. La poesía es más cercana al abrazo, a una flor abriéndose, al viento que te da en la bicicleta, que son todas cosas que no cuentan específicamente historias, que son más sensaciones.

¿Renovar el asombro trata de cartografiar la poesía infantil contemporánea?

Los creadores que están ahí en el mundo, buscando, leyendo, produciendo y creado. Pero es también importante ir construyendo una historia que señala tendencias y rupturas, para conocer mejor hacia donde están yendo las preocupaciones artísticas, que son también preocupaciones sociales que reflejan un tiempo concreto. Renovar el asombro sí quiere proponer una mirada amplia sobre la cuestión desde la propia voz de los investigadores que han estudiado la poesía, pero también es de alguna manera una antología porque para hablar de poesía hay que escuchar los poemas.

Un trabajo que nació durante tu estancia de investigación en la biblioteca del CEPLI en España

Estuve allá invitado por el catedrático Pedro C. Cerrillo trabajando en una antología de poesía no rimada que se va a publicar próximamente en ediciones Ekare y que llevará precisamente el título de Cajita de fósforos. Muchos de los ensayos que aparecen en Renovar el asombro me acompañaron durante mi proceso de búsqueda, como por ejemplo del profesor Ángel Luis Luján en el que defiende que muchas de las formas clásicas en la creación contemporánea de poesía se mantienen vivas en la poesía infantil. Durante esos meses de trabajo me encontré con ensayos inéditos clave para poder construir esta antología poética, por lo que me pareció que valía la pena publicarlos para lo que conté con el apoyo del siempre añorado Pedro Cerrillo.

La poesía infantil es un género en constante crecimiento

En la antología, identificamos como una tendencia general de aumento en la publicación de poesía, especialmente en la poesía infantil. Me pregunto si, como decimos en México, es una llamarada expectante y volverá a su lugar periférico o los autores seguirán explorando y experimentando nuevos títulos que arriesguen aún más con poemas que ahonden aún más en las injusticias y preocupaciones actuales del mundo. Yo sigo renovando mi asombro cada día.

¿Cómo está influyendo internet en la poesía infantil?

Como sucede en general con la literatura y la lectura, la lectura en pantalla le ha dado nueva vida y además se suscriba o no esta forma de leer, es la realidad. Es como están leyendo los niños y las niñas hoy. No vamos a abandonar el libro, pero tampoco vamos a quemar los celulares. Hay que adoptarlo y celebrar que se hayan diversificado los espacios donde podemos leer y compartir e incluso crear nuestros propios poemas. Porque las pantallas también son un espacio de creación, donde cualquier persona puede hacer sus propias creaciones y compartirlas, sin necesidad de un editor decida si es publicable. Creo que la sociedad digital conecta con la naturaleza de la oralidad en la que se crearon y circularon originalmente muchos de géneros literarios, en particular la poesía de una forma más libre e incluso espontánea.

Después de muchos siglos de separación, caminos de ida y vuelta, ¿existe una poesía diferente en España y en Latinoamérica?

Me acuerdo de niño que mi abuelo me recitaba de memoria el poema de Rubén Dario dedicado a Margarita Debayle. Yo no entendía muchas de las palabras que estaban ahí puestas de ese lenguaje modernista y aún así me fascinaba. Era una suerte de encantamiento. La poesía con o sin etiqueta infantil, si es poesía en serio, está preocupada por tanto por el lenguaje como por la música y esta última puede ser entendida sin fronteras. Incluso sabiendo que tenemos muchas palabras distintas de norte a sur, la poesía cuando es leída hace al lector olvidarse del "entender" en su sentido más clásico y dedicarse a sentir. Creo que hay una parte muy universal aún en la particularidad de ciertos lenguajes y de ciertas palabras.

¿Uno de los más serios problemas que tiene la poesía infantil en general y los estudios sobre ella sigue siendo la distribución?

Aunque cada vez más distribuidores se suman a publicar títulos de poesía infantil, aún siguen existiendo dificultades de distribución en muchos países donde no llegan todos los títulos, ni siquiera títulos tan importantes como el premio Orihuela o el propio premio Luna de Aire del CEPLI. Lamentablemente sigue habiendo muchos prejuicios en torno a la poesía y aunque se puede comprar de manera electrónica, la circulación de ciertos títulos sigue siendo una tarea pendiente.

En tu próximo trabajo, resultado de las investigaciones realizadas en el CEPLI, te centras en la poesía no rimada contemporánea, ¿sigue presente en este tipo de composiciones la literatura de tradición oral?

La arqueología en este caso es un poco más difícil porque la línea que la une con la tradición no está tan clara. Lo que tiene la poesía no rimada es que toma alguna de estas tradiciones de la lírica infantil pero despojándolas de la rima. De alguna manera la extiende y podemos encontrar adivinanzas, juegos de palabras, chistes o incluso pequeñas obras de teatro. Es la misma tradición pero despreocupada de rimar. Tal vez la musicalidad se genera no de formas tan claras, hay como un juego con la repetición de sonidos, de sílabas o de palabras no tan evidente. La conexión tal vez no está tanto en lo formal como en lo temático, quizá sigue siendo una canción de cuna, pero ya no para arrullar a un niño sino para arrollar a un autobús. Todo lo que está en el juego poético clásico lo retoma también lo no rimado, pero buscando otra música verbal.

¿Un poeta que escribe para niños y para niñas es menos fingidor?

Creo que de alguna manera, en la poesía no se puede fingir, porque no se puede fingir el misterio y como dijo Federico García Lorca, "Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas". Los misterios no se pueden fingir, los misterios existen y están. Los niños los reconocen perfectamente porque no hay manera de crearlos desde un lugar artificial.

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