“La novela negra busca comprender lo que nos pasa como sociedad”
La novela negra ya no se limita a responder quién mató y por qué. Esa es la primera reflexión que nos traslada Claudia Piñeiro. Para la escritoria argentina, uno de los grandes nombres del género negro en lengua española, hoy sirve sobre todo para interrogar a la sociedad y comprender las violencias que la atraviesan. Piñeiro participará el próximo 7 de febrero en el Festival de Novela Negra Las Casas Ahorcadas, una cita que destaca por el compromiso de sus lectores y por la profundidad del diálogo que se establece en cada encuentro. Piñeiro, autora de ‘La viuda de los jueves’ y ‘La muerte ajena’, recibirá el segundo premio Bevilacqua y reflexionará en Cuenca sobre los límites del género.
El Festival de Las Casas Ahorcadas se ha consolidado como una cita para los amantes de la novela negra. ¿Qué tiene de especial un encuentro como este?
Ya estuve en el festival hace un par de años y lo primero que uno encuentra es un público muy interesado en la lectura. Eso, como escritora, se agradece muchísimo. No es lo mismo encontrarte con personas que llegan por casualidad a un evento que con una sala llena de lectores que ya han leído tu libro. En este festival, los clubes de lectura funcionan muy bien, y eso hace que las preguntas estén muy vinculadas con la obra. Hay una mezcla muy interesante entre lectores que conocen profundamente tu trabajo y otros que se acercan por primera vez, y eso le da a los encuentros una característica muy particular.
¿Qué le aporta a usted ese diálogo directo con los lectores?
Siempre aparecen preguntas que te hacen pensar cosas que no te habías planteado antes. Muchas veces escribimos de manera muy intuitiva: creamos una historia, personajes, situaciones, pero no necesariamente reflexionamos sobre por qué hicimos determinadas elecciones. Cuando un lector te lo plantea, empiezas a pensar y a sacar conclusiones nuevas. Además, cuando uno se mueve entre países o culturas distintas, las preguntas cambian. No me preguntan lo mismo en Argentina que en España, y todo eso enriquece la reflexión sobre lo que escribiste.
¿Los clubes de lectura proliferan también en Argentina?
Existen, pero tengo la sensación de que en España están mejor organizados. En Argentina muchos surgieron a partir de la pandemia y todavía están en proceso de consolidación. Hay algunos muy fuertes desde hace tiempo, pero son los menos. En España, y también en México, funcionan de una manera muy sólida.
¿En qué momento se encuentra hoy la novela negra?
Creo que está expandiendo sus límites. Durante mucho tiempo la novela policial respondía casi exclusivamente a la pregunta sobre quién lo mató y por qué. Hoy ya aceptamos que dentro del género pueden entrar otras violencias y otras preguntas. Por ejemplo, Catedrales —que recibió premios en Cuenca, Valencia y Gijón— no responde a esa pregunta clásica. Los personajes se la hacen, pero justamente por eso no llegan a la verdad. La verdad aparece cuando se formulan las preguntas correctas, que suelen estar vinculadas con lo social.
¿Podemos decir entonces que la novela negra es una herramienta para reflexionar sobre la sociedad contemporánea?
Sí, probablemente sea uno de los géneros más directos para hacerlo. Es muy difícil contar una sociedad sin contar los crímenes que en ella se cometen. No son los mismos crímenes los de Argentina, los de Estados Unidos o los de Europa. Cada tipo de violencia habla de una sociedad determinada. Para entender una comunidad, hay que entender qué delitos se producen en ella.
¿Sobre qué reflexionará durante su participación en el Festival Las Casas Ahorcadas?
Justamente sobre esto: sobre los límites del género, cómo se expanden y cómo se incorporan nuevos textos y autores que no necesariamente se consideran escritores de novela negra. En Argentina, por ejemplo, muchos autores que no escriben habitualmente dentro del género terminan publicando novelas negras porque necesitan contar la sociedad en la que viven.
Desde el punto de vista narrativo, ¿por qué resulta tan eficaz la novela negra?
Porque tiene una estructura muy potente. Hay un enigma y una búsqueda de la verdad, y eso le da al relato una dirección muy clara. Toda la novela confluye hacia ese intento de desvelar algo, aunque después se llegue o no a la verdad. Esa estructura es muy contenedora para quien escribe y muy efectiva para quien lee, aunque también tenga sus limitaciones.

En ‘La muerte ajena’, una de sus novelas más recientes, vuelve a trabajar el género desde una perspectiva muy particular. ¿Cómo nació esa historia?
Todas mis novelas surgen a partir de una imagen disparadora que no siempre sé de dónde viene. En el caso de ‘La muerte ajena’ sí lo supe: partió de un caso policial real en Argentina, el de una joven que cayó de un edificio en un barrio acomodado de Buenos Aires. A partir de esa imagen inventé una historia que no tiene relación directa con el caso real, pero sí con ese punto de partida.
La novela juega con distintos narradores y con la idea de la verdad. ¿Es así?
Sí, trabaja con tres narradores no confiables. Cada uno cuenta una versión distinta y el lector no sabe a quién creer. Ese juego tiene mucho que ver con lo que nos pasa hoy como sociedad: leemos noticias y dudamos permanentemente de si son verdaderas, falsas o incluso creadas por inteligencia artificial. Vivimos rodeados de versiones, y la novela obliga al lector a desconfiar de todas.
Este año se cumplen 50 años de la muerte de Agatha Christie. ¿Qué diferencias encuentra entre su literatura y la novela negra actual?
Agatha Christie representa el policial clásico: varios sospechosos, pistas, eliminación progresiva y resolución final. Ese modelo hoy está más relegado, aunque sigue funcionando porque ella fue una maestra. En la narrativa contemporánea se incorporan otras variables. El mundo actual ya no parece el de Miss Marple o Hércules Poirot, sino uno mucho más oscuro, con personajes llenos de contradicciones y zonas grises.
¿Alguna vez la mirada o interpretación de un lector cambió su percepción sobre una novela propia?
No la percepción general de la novela, pero sí algunos detalles. A veces un lector te señala un tema que estaba ahí de forma inconsciente y te das cuenta de que tiene razón. Y otras veces te escriben para marcarte errores, lo cual también es muy gracioso. Hace poco un lector español me escribió y me señaló un error temporal en ‘Las viudas de los jueves’ con el uso del euro y el momento en el que entró en vigor la moneda europea, y efectivamente tenía razón. Me sorprendió muchísimo la atención al detalle.
¿Cuáles son los referentes literarios de Claudia Piñeiro?
Yo leo novela en general, no solo novela negra. Me interesa el autor, no el género. Entre los escritores del género me gustan mucho Henning Mankell, Pierre Lemaitre o Philippe Claudel. Pero también leo autores que no tienen nada que ver con lo policial, como Elizabeth Strout o Maggie O’Farrell. Creo que hay que leer de todo: la literatura en general es la que te enseña a escribir, a construir personajes y a contar historias.
¿Qué le gustaría que el público de Las Casas Ahorcadas se lleve de este encuentro?
Ojalá que sea un espacio de diálogo, donde podamos conversar sobre ‘La muerte ajena’ y sobre mi obra en general. Y que quienes aún no me hayan leído se entusiasmen para hacerlo. Eso sería lo mejor.