“La novela negra se ha convertido casi en el género por excelencia de nuestro tiempo”
Nos cuenta la escritora Carmen Posadas que, allá por los años 80, cuando empezó a escribir novelas, el género negro no ocupaba “ni de lejos” el lugar central que hoy tiene en el panorama literario. Entonces, dice, publicar era como lanzar una botella al mar: el autor apenas sabía quién leía sus libros ni cómo eran interpretados.
Décadas después, festivales como Las Casas Ahorcadas, los clubes de lectura y el diálogo directo con los lectores han transformado por completo esa experiencia. El 5 de febrero, Posadas participará de forma presencial en el club de lectura del festival conquense para hablar, entre otras obras, de El misterioso caso del impostor del Titanic, una novela que une historia, misterio y un gran nombre de la literatura, el de Emilia Pardo Bazán.
El festival Las Casas Ahorcadas se ha consolidado como una cita imprescindible para la novela negra. ¿Qué tiene de especial un encuentro como este?
Todavía no conozco el festival en persona, así que no puedo hablar desde la experiencia directa. Pero sí puedo decir que lo he visto muchísimo en prensa y en redes sociales, lo cual ya indica que hay un gran trabajo detrás. Se nota que quien lo organiza, Sergio Vera, lo hace extraordinariamente bien. Cuando vaya, seguro que podré contar mis impresiones, que estoy convencida de que serán muy buenas.
Hace unos días mantuvo un encuentro online con el club de lectura. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue muy interesante, un encuentro estupendo como prólogo de la cita del 5 de febrero. Las preguntas eran muy buenas, todo el mundo se había leído el libro y pudimos hablar de muchos temas. A mí, personalmente, me encantó.
¿Qué le aporta como escritora este diálogo directo con los lectores?
Muchísimo. Para todos los escritores, la aparición de clubes de lectura, encuentros literarios y redes sociales nos ha cambiado la vida. Cuando yo empecé a escribir, en los años 80, siempre comparaba el oficio con el de un náufrago que escribe un mensaje, lo mete en una botella y nunca sabe a dónde va a llegar. Antes apenas tenías retorno. No sabías quién te leía ni qué pensaban de tu libro. Ahora, en cambio, puedes ver a quién le ha llegado y, sobre todo, cómo lo han leído. Porque una cosa es lo que escribe un autor y otra muy distinta lo que interpreta el lector. Y lo verdaderamente importante es eso último.
¿Puede cambiar su percepción de una novela al escuchar cómo la han interpretado los lectores?
Sin duda. Hay tantas lecturas como lectores. Cada uno ve cosas distintas, interpreta a los personajes de una manera diferente, y eso siempre es enriquecedor. A veces incluso me descubren segundas o terceras lecturas de las que yo no era consciente. Eso te abre perspectivas nuevas y también te ayuda mucho para futuros libros.

¿En qué momento diría que se encuentra actualmente la novela negra?
Creo que está en uno de sus mejores momentos. Se ha convertido casi en el género por excelencia. Hoy vemos novelas negras mezcladas con novela histórica, social, romántica… Es un ingrediente que encanta a los lectores y que, además, para los escritores es muy útil.
¿Por qué resulta tan eficaz desde el punto de vista narrativo?
Porque permite crear una complicidad muy fuerte con el lector. En el momento en que introduces un enigma, un secreto o un misterio, se establece un vínculo muy potente entre quien escribe y quien lee. El lector quiere seguir adelante, quiere entender qué está pasando, y eso es narrativamente muy valioso.
¿Es también una herramienta para reflexionar sobre la sociedad contemporánea?
Totalmente. Antes la novela social tenía un espacio muy claro. Hoy, en cambio, esa reflexión social se hace muchas veces a través de la novela negra. Es muy eficaz, porque mientras describes una época, una psicología o una situación social, estás ofreciendo al mismo tiempo una historia de misterio. Eso amplía muchísimo el número de lectores.
“Hoy, la reflexión sobre cómo es nuestra sociedad también se hace a través de la novela negra”
Hace unos días hablaba con los lectores de ‘Invitación a un asesinato’, coincidiendo con el 50 aniversario de la muerte de Agatha Christie. ¿Existen muchas diferencias entre su literatura y la actual?
Dentro del género negro hay muchos subgéneros. Agatha Christie representa lo que hoy se llama cozy crime: ambientes más amables, sin violencia explícita, sin escenas desagradables. No hay sangre ni morbo. A mí ese enfoque me interesa mucho, tanto como lectora como escritora. No me atrae la literatura excesivamente gore. Prefiero un misterio más sutil, más psicológico, y es el tipo de tono que intento mantener en mis novelas.
Agatha Christie representa el canon del misterio clásico, pero Emilia Pardo Bazán no suele asociarse al género negro. ¿Qué le atrajo de convertirla en detective literaria?
En realidad, Emilia Pardo Bazán fue una pionera del género en España. Una de las primeras novelas policíacas que se escribieron aquí fue suya: La gota de sangre. Ella era admiradora de Sherlock Holmes, pero consideraba que era un personaje demasiado plano. Como gran lectora de Freud, pensaba que a los detectives les faltaba profundidad psicológica, pasiones, contradicciones. Por eso creó al personaje de Ignacio Selva, que es el detective de La gota de sangre y que yo recupero en El misterioso caso del impostor del Titanic. En mi novela, Emilia Pardo Bazán sería una especie de Sherlock Holmes, mientras que Selva cumple el papel de Watson.
El misterioso caso del impostor del Titanic centrará el encuentro del 5 de febrero. ¿Cómo se gesta la historia?
Todo parte de un hecho real. En el Titanic viajaban diez españoles: siete se salvaron y tres murieron. De esos tres, solo se recuperó un cadáver. Los otros dos nunca aparecieron. Las familias, que eran adineradas, decidieron comprar otros cuerpos y enterrarlos como si fueran sus parientes. En aquella época, si no se encontraba el cuerpo, una persona no podía darse oficialmente por muerta hasta pasados veinte años, con todos los problemas legales que eso suponía: herencias bloqueadas o viudas que no podían volver a casarse. A partir de ahí me pregunté: ¿qué ocurriría si, muchos años después, aparece alguien diciendo “yo soy fulano de tal”? Si la familia sabe que el que está enterrado no es su pariente, la duda es inevitable. De ahí nace el misterio.
En este encuentro compartirá mesa con Luis García Jambrina, que también convierte a grandes autores en detectives literarios
Sí, y lo curioso es que los dos estábamos escribiendo novelas muy parecidas al mismo tiempo, sin saberlo. Él convertía a uno de sus personajes históricos en detective y yo hacía lo mismo con Emilia Pardo Bazán. Es interesante ver cómo el género negro dialoga tan bien con los clásicos.
¿Qué le gustaría que el público de Las Casas Ahorcadas se lleve de este encuentro?
Primero, que se lo pase bien, porque para eso está la literatura. Después, que reflexione un poco, porque la reflexión es una parte importante de los libros. Y, sobre todo, que tengamos un encuentro agradable en una ciudad tan maravillosa.