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“Ni la medicina ni la enfermería tienen fronteras”

La motillana Lorena Cantero forma parte del equipo del doctor Diego González Rivas y del quirófano móvil que lleva cirugía avanzada al continente africano
Foto: Fundación Diego González Rivas
12/05/2026 - Rubén M. Checa

De Motilla del Palancar a operar en un quirófano móvil único en el mundo. Así es como ha evolucionado la carrera profesional de la enfermera Lorena Cantero, quien forma parte del equipo internacional del doctor Diego González Rivas y de su iniciativa que lleva la cirugía torácica de alta complejidad a países con escasos recursos sanitarios. Tras su reciente misión en Liberia, repasa en esta entrevista con Las Noticias de Cuenca una experiencia marcada por la innovación, la exigencia y el lado más humano de la medicina.

 

¿Quién es Lorena Cantero y cómo llega una enfermera de Motilla del Palancar a formar parte del equipo del doctor Diego González Rivas?

Soy enfermera de quirófano desde hace aproximadamente 18 años y prácticamente toda mi trayectoria profesional ha estado vinculada al área quirúrgica. Estudié en Madrid y es allí donde trabajo hasta la actualidad, especializada en anestesia y reanimación, además de trabajar como enfermera instrumentista y especialista en cirugía robótica.

Conocí al doctor Diego González Rivas cuando comenzó a colaborar en mi hospital para realizar cirugía robótica. A partir de ahí surgió el contacto profesional y, posteriormente, fui seleccionada por su fundación, junto a otras dos compañeras, para formar parte del equipo de enfermería encargado de poner en marcha la unidad móvil.

Para mí fue un reto enorme, tanto profesional como personal, pero también una oportunidad muy especial. Siempre me han motivado los desafíos, y formar parte de un proyecto tan innovador y con tanto impacto en los pacientes era algo muy difícil de rechazar.

 

¿Cómo fue el primer contacto con este proyecto y qué te llamó la atención del quirófano móvil?

El primer contacto fue en Zaragoza, donde la unidad estaba en pleno proceso de fabricación y montaje. Una vez finalizada, había que trasladarla a África en barco, siendo Ghana el destino de la primera misión. Desde el principio me llamó muchísimo la atención la filosofía del proyecto: llevar cirugía de alta complejidad a lugares donde muchas veces los pacientes no tienen acceso.

Ver cómo habían logrado crear un bloque quirúrgico completo, con absolutamente todo lo que tiene un quirófano convencional, en una unidad móvil... me dejó sin palabras.

El quirófano móvil me impresionó porque combina innovación, medicina y una parte humana muy fuerte. No es solo tecnología; es acercar oportunidades y salvar vidas.

 

El quirófano móvil está considerado único en el mundo. ¿Cómo explicarías en qué consiste y qué lo hace diferente?

Es un quirófano completamente equipado que permite realizar cirugías de alta complejidad prácticamente en cualquier lugar del mundo. Lo que le hace diferente es precisamente esa capacidad de movilidad y adaptación, pero sin renunciar a nada.

No es una solución provisional ni un entorno improvisado. Es un quirófano real, completamente equipado y diseñado para ser totalmente autónomo, lo que permite operar en zonas donde no existe ningún tipo de infraestructura sanitaria adecuada. Tiene todo lo que necesitas para cualquier intervención.

Todo está pensado para reproducir exactamente las condiciones de un hospital de primer nivel, pero en un entorno móvil. Cuando entras ahí dentro, te olvidas de dónde estás. El material, la tecnología, los protocolos... todo es igual. Lo único diferente es lo que hay fuera.

 

¿Cuál es exactamente tu labor dentro del equipo y cómo es el trabajo diario en este tipo de intervenciones?

Mi labor abarca mucho más de lo que la gente imagina. Empieza antes incluso de entrar al quirófano: preparar los casos del día, coordinarte con el equipo, comprobar que todo el material está en orden y dejar todo listo para que las cirugías puedan llevarse a cabo sin ningún imprevisto. En un entorno como el de Liberia, esto cobra una dimensión aún mayor, porque los recursos son limitados y hay que planificar con una precisión milimétrica, utilizando estrictamente lo necesario y sin margen para el error.

Dentro del quirófano, mi función es asistir y apoyar tanto al cirujano como al anestesista, coordinándome constantemente con mi compañera enfermera circulante, y velar en todo momento por el cumplimiento de todos los protocolos y estándares de seguridad del paciente. La esterilidad, el control del material, el recuento de instrumental... todo tiene que estar controlado y verificado en cada momento de la intervención.

Pero hay una parte que para mí es igual de importante: acompañar al paciente en ese momento tan vulnerable que es el inicio de la cirugía, intentar que ese impacto sea lo más llevadero posible y que se sienta acompañado y seguro.

Al final, nuestro objetivo es que todo vaya bien, que no falle nada, y que el paciente esté en las mejores manos posibles desde el primer hasta el último momento, sin olvidar que también necesita sentirse acompañado.

 

Trabajar en un quirófano móvil requiere una capacidad de adaptación enorme. ¿Qué es lo más complicado de operar en lugares tan distintos?

Sin duda, la capacidad de adaptación es clave. Cada país, cada hospital y cada situación son diferentes. A veces cambian los recursos, el idioma o incluso la forma de trabajar del equipo local.

Lo más complicado es mantener siempre el mismo nivel de exigencia y seguridad independientemente del entorno. La limitación de espacio, los recursos más reducidos y la necesidad de anticiparse constantemente a todo lo que puede ocurrir hacen que la organización y la coordinación tengan que ser absolutamente perfectas. No hay margen para la improvisación.

Pero precisamente ahí está también el valor del equipo. La confianza entre los profesionales, la comunicación constante y la coordinación son lo que permite sacar adelante intervenciones de alta complejidad en cualquier lugar del mundo. Cuando los medios son escasos, la cohesión del equipo es lo que marca la diferencia.

 

¿Qué tipo de cirugías se realizan habitualmente y qué impacto tiene este proyecto en zonas con menos recursos sanitarios?

Principalmente realizamos cirugía torácica mínimamente invasiva, que permite una recuperación mucho más rápida y menos agresiva para el paciente. En Liberia atendimos casos muy diversos, algunos de alta complejidad, como pacientes con tumores de gran tamaño o con insuficiencia respiratoria severa que requerían intervención urgente. Casos que, sin este proyecto, difícilmente habrían tenido acceso a una cirugía de ese nivel.

El impacto es enorme porque en muchos de estos lugares este tipo de cirugías no se llevan a cabo. Poder ofrecer esa posibilidad cambia completamente la vida de muchas personas. No es solo una operación, es una oportunidad que de otra manera no existiría.

 

¿Qué has aprendido trabajando junto al doctor Diego González Rivas y a un equipo tan internacional?

Trabajar con el doctor González Rivas me ha aportado muchísimo a nivel profesional. Me ha enseñado lo que es la constancia, la precisión y la exigencia máxima. Estar a su lado en el quirófano te exige una alta capacidad de concentración, seguir cada uno de sus pasos y no dejar nada al azar. Eso te hace crecer enormemente como profesional y te convierte en una enfermera con muchísimos más recursos y bagaje.

De él destacaría su visión innovadora, su exigencia y, sobre todo, su capacidad para llevar medicina de alto nivel a cualquier parte del mundo. Y si tengo que quedarme con algo, me quedo con su frase: imposible es nada. Esa filosofía lo define perfectamente y, sin darte cuenta, acaba impregnándote.

Y más allá de lo profesional, esta experiencia también me ha dejado un aprendizaje profundamente humano. Su equipo es verdaderamente internacional, con cirujanos de distintas nacionalidades, y eso enriquece muchísimo. Trabajar con personas de culturas tan diferentes es enormemente enriquecedora a todos los niveles. Te enseña que la medicina no tiene fronteras, y que al final esa oportunidad nos la ha dado él, precisamente por ser tan internacional como es.

 

 

 

¿Te imaginabas hace unos años acabar recorriendo distintos países formando parte de un proyecto médico de referencia mundial?

La verdad es que no. Siempre soñé con dedicarme plenamente a la enfermería y crecer profesionalmente, pero nunca imaginé vivir experiencias así. A veces la vida te lleva por caminos que ni siquiera habías pensado.

Cuando conocí al doctor González Rivas, él empezaba a ser muy conocido y mediático, pero no era todavía el referente internacional que es hoy. Cuando me ofrecieron formar parte de la Fundación, nunca pensé que podría llegar a ser parte de un proyecto de esa envergadura. Al principio me dio un poquito de vértigo, no voy a mentir. Pero no me lo pensé dos veces. Siempre me han motivado los desafíos, y formar parte de algo tan innovador y con un impacto tan importante en los pacientes era algo muy difícil de rechazar.

 

¿Cuál ha sido la experiencia o la intervención que más te ha marcado hasta ahora?

Es difícil quedarse solo con uno porque cada paciente tiene una historia detrás. Pero si tengo que elegir, hubo un caso en Liberia que no olvidaré. Un paciente que llegó con un tumor de gran tamaño y una insuficiencia respiratoria severa que requería la colocación urgente de un tubo de tórax para poder respirar. La intervención tuvo que realizarse bajo anestesia local, con el paciente completamente consciente durante todo el procedimiento. Eso te exige como profesional una gran capacidad emocional y humana. Estuvimos con él en todo momento.

Al día siguiente, verle recuperado y enormemente agradecido fue inolvidable. Y creo que eso es lo que más me marca de esta experiencia: la gratitud de personas que quizás llevaban años esperando una oportunidad médica que nunca llegaba. Esos momentos te recuerdan constantemente por qué elegiste esta profesión y por qué merece la pena.

 

Además de la parte médica, este proyecto tiene también una vertiente muy humana. ¿Qué historias de pacientes recuerdas especialmente?

Recuerdo especialmente a pacientes y familias que, aun teniendo muy pocos recursos, muestran una enorme fortaleza y agradecimiento. Hay momentos muy emocionantes cuando ves cómo una intervención puede devolver esperanza o calidad de vida.

Pero lo que más me impacta es verles al día siguiente. Entran con una mezcla de incertidumbre y vulnerabilidad, como cualquier persona que se enfrenta a una intervención, y al día siguiente su semblante es completamente diferente. Se quieren ir a casa, continuar con su vida. Ese cambio, ese momento en el que ves que están bien, es difícil de describir con palabras.

Y luego están los pequeños momentos fuera del quirófano, como los niños que se acercaban a la puerta de la unidad móvil, su alegría y su agradecimiento por algo tan sencillo como unas chucherías. Esas cosas son las que te llegan de verdad y las que no olvidas cuando vuelves a casa.

 

Desde fuera puede parecer casi imposible coordinar un quirófano móvil. ¿Qué hay detrás que la gente no ve?

Detrás hay muchísimo trabajo que la gente no ve. Antes de llegar al país de destino ya hay semanas de preparación intensa: reuniones de equipo, revisión exhaustiva del material, coordinación logística, chequeos de todo lo necesario para que no falte nada. Es un proceso muy minucioso porque en un entorno así no puedes improvisar.

Luego está el montaje de la propia unidad móvil, que es un reto enorme en sí mismo. Hay un equipo de ingenieros y técnicos detrás que hacen posible que todo funcione, desde los sistemas de esterilización hasta el suministro eléctrico o la renovación del aire. Sin ellos no hay quirófano.

Y una vez dentro, hay una coordinación constante entre todo el equipo: enfermeras, cirujanos, anestesistas y el personal local del hospital. Lo que no se ve es mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo duro y una coordinación extraordinaria. Al final es eso: un equipo multidisciplinar completo, concentrado en una unidad móvil, trabajando para que todo esté listo. Lo que el paciente ve es la intervención. Lo que no ve es todo lo que hay detrás para que esa intervención sea posible. Es, en definitiva, la cohesión perfecta entre un quirófano y el hospital que nos acoge.

 

¿Qué te dicen tus familiares, amigos o vecinos de Motilla del Palancar cuando conocen todo lo que estás haciendo?

Al principio mi familia sentía cierto respeto, como es normal. Son países con situaciones muy extremas y es inevitable pensar que me pueda pasar algo. Pero lo asumieron y siempre me apoyaron y me animaron a hacerlo.

Y la gente de Motilla del Palancar lo ha acogido de una manera muy especial. Recibir palabras como las que me dedicaron desde mi pueblo, diciendo que hay historias que nacen en sitios como Motilla y que terminan cambiando vidas al otro lado del mundo, es algo que no tiene precio y que te llena el alma.

Yo siempre llevo mis raíces conmigo. Aunque trabajes en distintos países, nunca olvidas de dónde vienes. Y sentir ese cariño y ese apoyo desde casa es, sinceramente, uno de los regalos más bonitos de todo esto.

 

¿Crees que historias como la tuya pueden servir para poner en valor el papel de la enfermería, aprovechando que el 12 de mayo es el Día Mundial de la Enfermería?

Sin duda. Creo que experiencias como esta ayudan a poner en valor el papel tan importante que tiene la enfermería, una profesión que muchas veces no recibe el reconocimiento que merece.

Y dentro de la enfermería, quizá la enfermería de quirófano es una de las más desconocidas y menos visibles. Sin embargo, tiene un papel fundamental, porque acompañamos al paciente en uno de los momentos más vulnerables de su vida. Detrás de una cirugía no solo hay una parte técnica y científica muy exigente, también hay cuidado, acompañamiento y mucha humanidad.

Además, la enfermería de quirófano actúa muchas veces como nexo de unión entre el cirujano, el anestesista y el paciente, coordinando, cuidando y estando pendiente de todo lo que ocurre dentro del quirófano.

Para mí, la enfermería de quirófano es el equilibrio entre la evidencia científica convertida en cuidado, en humanización y en emoción.

Ojalá historias como esta sirvan para visibilizar todo lo que hay detrás de nuestra profesión. La enfermería requiere preparación, responsabilidad, empatía y muchísimo compromiso. Y merece ser reconocida por ello.

“La gratitud de los pacientes es lo que más me ha marcado de esta experiencia”, sostiene la enfermera

¿Cómo ves el futuro de la profesión de enfermería?

La enfermería está evolucionando muchísimo. Cada vez estamos más formados, nos especializamos, investigamos, nos doctoramos, hacemos gestión... El perfil de la enfermera de hoy no tiene nada que ver con el de hace unos años.

Aun así, todavía queda camino por recorrer en cuanto a reconocimiento y condiciones. Pero soy optimista. La tecnología, la investigación y la especialización están abriendo puertas increíbles para la profesión. Y proyectos como este demuestran que una enfermera puede llegar tan lejos como se proponga.

 

¿Qué le dirías a los jóvenes que quieren estudiar enfermería?

La enfermería es una profesión muy vocacional, muy bonita y también muy exigente. Trabajamos con personas en momentos muy delicados de sus vidas y eso requiere no solo preparación técnica, sino también mucha humanidad y empatía.

Yo animaría a cualquier persona que tenga esa vocación a estudiar enfermería, porque es una profesión tremendamente gratificante. Es una carrera en la que nunca dejas de aprender, y eso es uno de sus grandes regalos. La medicina, la cirugía y la tecnología avanzan constantemente, y nosotros tenemos que avanzar con ellas.

Por eso creo que es fundamental seguir formándose, especializarse, actualizarse y no ponerse nunca un techo. La enfermería te puede llevar mucho más lejos de lo que imaginas si tienes ganas de seguir evolucionando y aprendiendo cada día.

La enfermería de hoy ya no se entiende sin innovación, investigación, tecnología y humanización. Y creo que precisamente ahí está la grandeza de esta profesión: en ser capaces de unir la evidencia científica con el cuidado humano.

 

Y personalmente, ¿qué sueños o metas te quedan todavía por cumplir dentro de la profesión?

Tengo muchas metas todavía por cumplir. A nivel académico, me gustaría seguir formándome e investigar, porque creo que la investigación es fundamental para seguir haciendo avanzar la profesión.

Pero no quiero alejarme nunca del quirófano. Me apasiona todo lo que está evolucionando en el mundo de la cirugía: las técnicas mínimamente invasivas, los diagnósticos, la tecnología... Poder seguir siendo parte de esos avances y contribuir a salvar vidas es algo que me sigue emocionando cada día y que no quiero dejar.

Me gustaría impulsar mi profesión en otras áreas, crecer, seguir aprendiendo. Pero sin olvidar nunca lo más importante y lo más gratificante para mí: la parte asistencial, estar al lado del paciente día a día. Porque al final, eso es lo que me hizo elegir esta profesión y lo que me hace seguir eligiéndola.