“Los lectores le dan sentido a la vida de quien escribe”
Nos cuenta la escritora y periodista Rosa Montero que escribir es, en esencia, “un acto solitario y casi absurdo si no existe alguien al otro lado”. Durante años, afirma, el escritor inventa historias en la intimidad, sin saber quién las leerá ni qué sentido tendrán para otros. Por eso, el encuentro con los lectores resulta decisivo: porque convierte la escritura en comunicación y devuelve sentido a un trabajo hecho, en muchas ocasiones, en la oscuridad. Ese diálogo directo es el que propone un año más el Festival Internacional de Novela Criminal Las Casas Ahorcadas, un espacio donde clubes de lectura y autores se encuentran cara a cara y escudriñan hasta el más mínimo detalle del autor y su obra. La aplaudida y admirada Rosa Montero participará en esta cita literaria en Cuenca, donde se rendirá homenaje a Bruna Husky, el personaje más querido de su trayectoria que acaba de cumplir 15 años, y reflexionará sobre la novela negra, el sentido de la ficción y el papel imprescindible de los lectores y lectoras en la literatura.
Rosa, el Festival Las Casas Ahorcadas reúne a lectores muy fieles del género negro. ¿Qué espera de este encuentro en Cuenca?
No he estado nunca, pero tengo varios amigos muy queridos y muy cercanos de los que me fío completamente, y todos me han dicho que es estupendo, que hay un ambiente fantástico. Eso ya me da muchísimas ganas de ir. Además, Cuenca me encanta como ciudad, así que todo suma. Y luego está el homenaje a Bruna, que es el personaje que más amo y con el que más me identifico. Eso me hace especial ilusión y me siento muy agradecida. También van amigas muy queridas como Berna González Harbour o Claudia Piñeiro, así que, sinceramente, espero pasármelo muy bien.
En el festival habrá un diálogo con Berna González Harbour sobre la serie de Bruna Husky. ¿Qué nos puede adelantar de esa conversación?
Pues no tengo ni idea, la verdad (ríe). Yo contesto a lo que me preguntan. Berna ha tenido siempre una generosidad enorme conmigo, me ha entrevistado muchas veces en encuentros nacionales e internacionales, y es una auténtica crack: lo hace siempre de maravilla. Seguro que hablaremos de por qué se termina la serie con esta última novela, porque son cuatro libros desde que salió el primero en 2011, de lo que ha significado Bruna para mí, de lo que me ha dado como personaje… pero no lo llevo preparado. Me gusta que las conversaciones sucedan.
¿Qué opinión tiene de los clubes de lectura y del encuentro directo con los lectores?
Me encanta. Creo que a todos los escritores lo que más nos puede gustar en el mundo es hablar con lectores y, sobre todo, con clubes de lectura. Escribir es un trabajo tan tremendamente solitario y, en el fondo, tan absurdo —pasas una parte enorme de tu vida sentado en una esquina de tu casa inventando mentiras— que muchas veces te preguntas qué sentido tiene todo eso.
Cuando te conectas con el otro lado, con lectores que han tenido la inmensa generosidad de elegir uno de tus libros entre tantos libros maravillosos que existen, es que te dan sentido a la vida de una manera radical.
Ha dicho alguna vez que el arte necesita un receptor.
Absolutamente. Toda creación artística es comunicación. Necesitas que haya alguien al otro lado para que tenga sentido; si no, se convierte en el delirio de un loco.
La historia de la literatura está llena de escritores que perdieron a sus lectores y acabaron mal. Herman Melville, por ejemplo, después de Moby Dick pasó décadas prácticamente sin escribir porque fue un fracaso en su momento. Otros se hundieron, se suicidaron o vivieron en la miseria. Sin lectores, el escritor se desmorona.
¿Cómo ve el momento actual de la novela negra?
Creo que sigue habiendo una gran afición, y en España además siempre hemos sido un país pionero. Ya en los años ochenta había aquí un respeto por la novela negra que no existía en otros lugares. Siempre he pensado que tiene que ver con nuestra tradición picaresca: es un tipo de novela transversal, muy social, que conecta con esa herencia. Recuerdo cuando Patricia Highsmith vino a España y estaba atónita porque aquí era tratada como una diosa, mientras que en Estados Unidos la consideraban casi solo una guionista de cine.

¿Cree que hoy hay una saturación del género?
Más allá de modas, yo a estas alturas del siglo XXI no creo en los géneros. Creo que nuestros padres y madres literarios rompieron las convenciones para hacernos más libres. Lo maravilloso es poder utilizar herramientas de la novela negra, de la ciencia ficción o de cualquier otro género para intentar lo mismo que intentamos todos cuando escribimos ficción: buscar el sentido de la existencia. Esa es para mí la clave. Dostoievski escribió novelas negras. ‘Crimen y castigo’ tiene asesinatos, un asesino y un investigador. Ese es el tipo de novela negra que a mí me interesa.
Bruna Husky, que cumple quince años, es uno de sus personajes más queridos por los lectores. ¿A qué lo atribuye?
Para empezar, es el personaje que más me gusta a mí y con el que más me identifico. Son novelas de mi madurez como escritora. La novela es un género de madurez, y tengo la completa convicción de que escribo ahora mucho mejor que antes. Mi corazón está muy prendido de esa fiera corrupia que es Bruna: es un personaje tremendo, para bien y para mal.
¿Tiene Bruna algo de heroína clásica?
Depende de lo que entendamos por heroína clásica. Si pensamos en Madame Bovary o en Anna Karenina, no tiene nada que ver con ellas. Bruna es todo lo contrario.Aquellas eran mujeres atrapadas por su entorno, encerradas en vidas muy estrechas. Bruna es todo lo contrario, es una fiera que vive la vida hasta el final.
¿Escucha a los lectores a la hora de escribir?
No. Cuando escribes tienes que escribir el libro que necesitas escribir. Creo que es la única forma honesta de hacerlo. Hay que intentar escribir el libro que te gustaría leer, porque todos escribimos para el lector que llevamos dentro. Es una pulsión muy profunda, como un sueño que sueñas con los ojos abiertos.
¿Descubre cosas nuevas sobre sus libros cuando habla con los lectores?
Constantemente. Leer es un acto muy activo: el lector completa el libro con el autor. Cada lectura es distinta y, en cierto modo, cada libro es distinto. A veces te dicen cosas que tú no habías visto, porque las novelas se escriben desde el inconsciente. Hay temas, imágenes u obsesiones que repites sin darte cuenta hasta que alguien te las señala. Esos son los “fantasmas del escritor”, y descubrirlos gracias a los lectores es fascinante.
Si Bruna Husky pudiera asistir al festival, ¿qué le llamaría más la atención del mundo actual?
Bruna es muy misántropa, aunque en el último libro aprende a querer y a asumir la vulnerabilidad que conlleva el afecto. Pero, aun así, se indignaría con toda esa gente terrorífica que abusa del poder. Por desgracia, hoy tenemos demasiados ejemplos de eso en el mundo.
¿Qué le gustaría que se llevaran los lectores después de este encuentro en Cuenca?
Me gustaría que el encuentro en el Festival de Novela Negra Las Casas Ahorcadas fuera un encuentro de verdad. Que el tiempo que pasemos juntos —una hora, hora y media— sea tiempo vivido de verdad. Que sintamos que estamos vivos y que ese ratito sea un rato de vida de calidad.