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“Esperamos y participamos durante todo el año porque la Semana Santa nos gusta”

Nacido en Cuenca en 1951, José Ignacio Picazo es un conocido veterano de la Semana Santa conquense
“Esperamos y participamos durante todo el año porque la Semana Santa nos gusta”
Foto: Saúl García
05/04/2026 - Eduardo M. Crespo

La vida de José Ignacio Picazo, ‘Nazo’, no se entiende sin la Semana Santa. Sin exagerar lo más mínimo, podríamos decir que la suya es una vida atravesada por la pasión nazarena. Nacido en 1951 en la capital conquense, Nazo Picazo afirma que estos días para él lo son “todo”.

“Si tú vas a mi casa ahora mismo y entras por la puerta, te explicas lo que representa. Todo es Semana Santa”. No se trata solo de los días de procesiones, sino de una dedicación que se extiende durante todo el año. Preparativos, reuniones, organización, conversaciones familiares. “Esperamos todo el año, participamos todo el año, trabajamos todo el año porque nos gusta”, resume. Para él, esa continuidad es algo importante. La Semana Santa no es un paréntesis en el calendario, es una estructura casi permanente.

Esa implicación también tiene un componente vocacional muy claro. Nazo no oculta que, por encima de cualquier otra afición, ésta es la que ha marcado su vida. “Hay otras cosas que te pueden gustar; los toros, por ejemplo, me gustan mucho y los disfruto como nadie. Pero para mí, el centro de todo es la Semana Santa de Cuenca”. La frase define muy bien una suerte de jerarquía de prioridades que ha guiado sus decisiones durante años. Incluso ahora, con unas limitaciones físicas por culpa de una prótesis en la pierna, su preocupación principal no es el dolor, sino el no poder participar tan activamente como antes: “Este año lo voy a pasar fatal porque no puedo salir en ninguno de los pasos. Me conformaré con verlos”.

Su trayectoria dentro de la Semana Santa conquense está vinculada a varias hermandades nazarenas. Su padre fue fundador de la Hermandad de la Virgen de la Esperanza, y desde niño él mismo ha estado ligado también al Ecce Homo de San Gil y a Nuestro Padre Jesús Nazareno de El Salvador. En todas ellas ha desempeñado distintos papeles, adaptándose a las necesidades de cada momento.

Especialmente significativa ha sido su relación con el Ecce Homo de San Gil, una Hermandad que describe como profundamente familiar en sus inicios. “Éramos tres familias”, recuerda. Con el tiempo, y tras la muerte de una de las personas clave en la organización, asumió múltiples responsabilidades. “Yo era secretario, era representante, era todo”. 

En la Hermandad del Jesús de las Seis formó parte de la junta durante varios años y ha sido capataz de Nuestro Padre Jesús Caído y la Verónica durante cuatro décadas. “Hemos disfrutado muchísimo”, nos dice, subrayando que todo el esfuerzo organizativo siempre va acompañado de una recompensa emocional. En la Hermandad de la Virgen de la Esperanza, por su parte, ha llegado a ser hermano mayor en dos ocasiones.

Pero más allá de los cargos, su relación con la Semana Santa conquense también ha sido física, pues ha cargado con los pasos en distintas procesiones. Incluso después de sufrir una lesión importante, intentó seguir participando como bancero: “Me prohibieron meterme debajo de las andas, y aun así un año hice la subida, no pude decir que no”.

La dimensión familiar es otro de los pilares de su relato nazareno. Nazo Picazo no concibe la Semana Santa como una experiencia individual, sino como un patrimonio compartido que se transmite de generación en generación. Tiene dos hijos, ambos vinculados desde pequeños. Recuerda con claridad la primera vez que uno de ellos participó en una procesión: “Me acuerdo el primer año que lo saqué, fue algo maravilloso, inolvidable”.

Nazo nos habla de hijos, sobrinos, hermanos y ahora también de un nieto, todos ellos presentes de una u otra forma en la Semana Santa conquense. “Somos una familia nazarena y aquí estamos, junto a la Virgen de la Esperanza, solo unas horas antes de verla procesionar por las calles”, afirma. En sus palabras no hay obligación, sino pertenencia.  

 

FUTURO GARANTIZADO

En cuanto a la evolución de la Semana Santa en Cuenca, su valoración es claramente positiva. Nazo destaca especialmente la creciente implicación de los jóvenes. “Ha sido una evolución muy favorable y creciente. Hubo épocas de participación muy reducida en las filas nazarenas. De hecho, yo salí en Las Turbas unos años porque en las filas no había nadie, y ahora ves las filas llenas de nazarenos y eso es precioso”. 

Su consejo para quienes vienen de fuera es sencillo y práctico: respeto, curiosidad y disposición a aprender. “Que pregunten, que no tengan miedo a preguntar, y que se empapen de la Semana Santa”. 

En la vida de Nazo, la Semana Santa no es un episodio puntual, sino un recorrido a lo largo de los doce meses del año en el que confluyen tiempo, familia, ciudad, identidad y un amor desmedido por la semana más especial del año.