13 de Diciembre de 2019 Son las 4:14

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2019
Francisco Javier de León

“A día de hoy no sabemos qué pasó con El Cepa ni por qué se fue”

Con el sumario del Crimen de Cuenca como base, el escritor y penalista Francisco Javier de León acerca toda la verdad del caso en su libro Ay Dios mío

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9/8/2019 · Jose An. Montero

Con el rigor de un ensayo y la fluidez de una novela, el penalista Francisco Javier de León, ha seguido las huellas documentales que dejó un caso que duró más de veinticinco años y que se convirtió en el más conocido de la España de principios del siglo XX para reconstruir el mal llamado Crimen de Cuenca en su libro Ay Dios mío, un relato sobre el hombre que quiso ser y que no podía. Un día decidió que lo iba intentar, desgraciadamente para León Sánchez y Gregorio Valero que sufrieron todo tipo de pesares, tormentos y desdichas por una desaparición que muy pronto se convirtió en asesinato, en base a los rumores de los lugareños, pero sin pruebas de delito alguno.

P.-¿Qué vamos a encontrar en Ay Dios Mío?

R.-El relato de un hombre que hace algo más de cien años decidió que quería emprender una nueva vida y que después de las fiestas de agosto de su pueblo, se fue sin decir nada. El libro comienza con la historia de José María Grimaldos, El Cepa, que el 21 de agosto de 1910 decidió ir a conocer mundo y tomarse unos baños en La Celadilla (El Pedernoso), desapareciendo sin decir nada. Esto generó sospechas en el pueblo que señalaban que dos hombres lo habían matado. A partir de ahí da comienzo una historia alucinante, cuyo desenlace durará veinticinco años.

P.-¿Hablamos del llamado Crimen de Cuenca?

R.-Espero que después de leer el libro dejen de llamarlo así. Yo prefiero llamarlo el caso Grimaldos que se extiende desde 1910 hasta que tienen lugar las última actuaciones a finales de 1935. Durante ese periodo España pasará por una monarquía en declive, unos gobiernos que van alternándose en el poder con una crisis económica terrible, una dictadura y después una república.

P.-¿Por qué tardó veinticinco años en esclarecerse el caso Grimaldos?

R.-Son muchas causas. Una justicia que no funcionaba, una situación sociopolítica muy complicada con un gobierno que necesitaba limpiar los muchos errores que cometía, y sobre todo, un ámbito rural que a la falta de letras, unía mucha mucha hambre. La gente tenía que sobrevivir de cualquier manera. Además existía un odio ancestral entre los pueblos vecinos que también aportó su granito de arena.

P.-¿Hasta cuando estuvo el Cepa desaparecido?

P,.La parranda le dura hasta 1926. Cuando aparece, se inicia un procedimiento para saber si es él o no, después comienza otro procedimiento para recomponer todo lo que había fallado, una indemnización para la que la justicia repusiese el daño que había cometido y después un procedimiento para investigar exactamente por qué dos persona que no habían cometido un delito habían declarado que sí que lo habían cometido, con una sucesión de declaraciones contrapuestas, plagadas de contradicciones y cambios de rumbo. Unos días decían una cosa, otras daban otra versión de lo ocurrido. En unas se autoinculpaban, en otras trasladaban la responsabilidad al otro, siempre con muchas contradicciones.

P.- ¿Qué aporta este libro a la historia del Crimen de Cuenca?

R.- Que todo el mundo sepa lo que exactamente ocurrió. En el libro se puede seguir todo el proceso desde que se inician las primeras diligencias el 12 de septiembre de 1910 hasta las últimas diligencias de 1935, pasando por el juicio oral de 1915 y la sentencia en 1918. Es una obra en la que trato de transmitir todos los pareceres de la Justicia de la época, contar cómo funcionaba y el porqué de lo ocurrido. Trato de aportar todos los elementos necesarios para poder alcanzar las razones del suceso. Y espero que haga pensar.

He intentado que sea un libro sin rincones vacíos, con un poquito de ironía, un poquito de información y una visión de una época realmente importante para la conformación de la situación actual de España. Espero que haga pensar a la gente acerca del mundo en que vivimos y cómo se desarrollan las relaciones sociales.

P.-¿Estamos ante un ensayo novelado o ante una novela histórica?

R.- Por el método de trabajo es un ensayo pero por la forma de narrarlo me he querido acercar a la novela. Quiero trasladar al lector a aquellos tiempos para entender cómo era ese mundo. Un viaje también a través del lenguaje de la época para contar qué es lo que ocurrió y cómo lo vio la Justicia. Hay muchas versiones del suceso, pero son versiones que nos han llegado a través de los familiares o de dramatizaciones. En esta obra he querido contar lo que pasó con todo detalle, contarlo en el contexto en el que sucedió para que el lector pueda imbuirse en ese mundo y sacar su propias conclusiones.

P.- ¿Sigue teniendo misterio el caso de El Cepa?

R.- A día de hoy no sabemos exactamente lo que ocurrió con El Cepa. Por qué se fue, por qué en un momento determinado en un sumario que se sobresee porque no hay ninguna prueba de crimen, hay un juez que reabre el sumario y desde el primer día que inician las investigaciones señala a dos personas y hasta que no las caza no para ¿Por qué a pesar de no existir pruebas y una infinidad de contradicciones se les imputa el delito? ¿Qué ocurrió en las celdas del Juzgado de Belmonte?...

P.- ¿Por qué fue tan importante este caso en la época?

R.- Hasta marzo de 1926 era un caso prácticamente desconocido. En esos momentos los medios de comunicación de izquierdas lo convirtieron en el buque insignia contra el gobierno de la época y con su forma de aplicar la Justicia. Así consiguieron que el caso del pastor revivido se extendiera por toda la geografía española. Aunque hubo otros casos importantes, este fue el gran caso mediático de principios del siglo XX. El Ministro de Gracia y Justicia del momento, Galo Ponte, tuvo incluso que dictar un Real Decreto reconociendo gran parte del problema, de los usos que todavía mantenían una justicia bastante arcana. Después tuvo otro periodo de gloria cuando en 1981 Pilar Miró recogió estos hechos a partir de un guión primero de Juan Antonio Porto, y luego de Lola Salvador, y se lanzará a denunciar una práctica que a principios del siglo veinte era bastante común en la investigación, que era la práctica de las torturas. En plena Transición, una película que traslada este tipo de prácticas realizadas a principios del siglo XX por un cuerpo como la Guardia Civil, generó la segunda secuela del caso de Grimaldos, el secuestro de la película y el inicio del sumario militar contra Pilar Miró. La Guardia Civil es un instituto tremendamente querido, es decir, que día a día demuestra su buen hacer en nuestra sociedad, pero individuos o garbanzos negros los hay en todas las instituciones. Si a esto unimos lo habitual de estas prácticas en aquella época, lo ocurrido puede considerarse normal en los quehaceres de la Justicia. Al fin y al cabo hacían lo que habían aprendido y lo que era usual y normal en la averiguación de los delitos por aquel entonces.

P.- ¿Hubo torturas en el caso Grimaldos?

P.- El problema es cómo se aplicaba la Justicia. Hacía muy poco que se había reformado el procedimiento penal, hasta ese momento inquisitorial, y se introduce uno que se denomina mixto o formal en el que hay una serie de garantías para el reo. Pero, claro, siempre había prisa por averiguar cuanto antes qué es lo que había ocurrido a través de una prueba irrefutable que era la confesión del autor. Se trataba de obtener la confesión como fuera. La prensa de principios del siglo XX hablaba de la nueva Inquisición en España. Aunque desde principios del siglo XIX habían quedado abolidos los usos tradicionales, hasta que todo el sistema asumió los nuevos derechos y las nuevas garantías prácticamente habíamos llegado hasta finales del primer cuarto del siglo XX.

El caso de El Cepa llegó en un momento en el que la prensa supo utilizarlo contra el régimen y se hizo famoso

P.- ¿Cómo era la Justicia que se encontraron los acusados por la desaparición de José María Grimaldos?

R.- Antigua, falta de medios y sometida a los poderes políticos. En el ámbito rural la mayoría de los jueces municipales eran legos en Derecho y muchos de ellos ni siquiera sabían leer y escribir; por supuesto, desconocían las normas que tenían que aplicar. A eso se añade además que los acusados no tenían ningún tipo de defensa, porque hasta que no se dictaba la apertura del juicio oral, es decir, hasta que no intervenía la Audiencia, aunque la ley lo recogía, no había asistencia letrada. De manera que todas las testificales, todas las diligencias que se hacían hasta ese momento se realizan sin presencia de un abogado, simplemente, con el sujeto que estaba siendo investigado.

Y, por supuesto, las rivalidades políticas y los conflictos entre las ideologías encontradas siempre presentes. Cuando el asunto llegaba a la Audiencia, en la mayoría de los casos importantes intervenía el Jurado, figura muy querida por unos y odiada por otros. Un grupo de personas tomaban una decisión sobre la culpabilidad del sujeto simplemente por lo que había visto en la fase oral, es decir, por lo que oían en la fase de juicio, desconociendo por completo muchas de las actuaciones realizadas en el sumario.

Y llegados a este punto, las artimañas jurídicas siempre jugaban un papel fundamental. Era muy importante contar con un buen abogado que preparase bien al Jurado, dilatando el proceso lo necesario hasta garantizar una decisión favorable. Digamos que la Justicia no era para pobres.

P.- ¿La sentencia no llegó hasta ocho años después de la desaparición? anos rechazan. ¿Cuál es su opinón?

R.- Y son condenados. Inicialmente el fiscal había pedido pena de muerte para ellos; finalmente, se les condena a 18 años. Estuvieron presos hasta 1926, tras casi ocho años de condena, más otros ocho de procedimiento, de los que pasaron cuatro en prisión. Un año después de obtener la libertad condicional aparece el Cepa. En ese momento, se activa de nuevo los resortes de la Justicia, se identifica primero a José María Grimaldos y se intenta averiguar realmente qué es lo que ocurrió.Para ello se iniciaron dos procedimientos, uno de identificación y, posteriormente otro, para entender el porqué, qué es lo que ocurrió ahí para que dos personas completamente inocentes se declarasen culpables. En definitiva, para depurar las posibles responsabilidades de todos los que intervinieron en el procedimiento.

Unos procedimientos que surgen, básicamente, de la presión mediática. El ministro de Justicia se vió obligado a crear una comisión especial, que envían a Belmonte con un magistrado del Tribunal Supremo y un secretario del cuerpo de inspectores también del Tribunal Supremo, que elaboraron dos piezas separadas. Una de investigación sobre lo ocurrió, de carácter secreto, especialmente centrada en el tema de los malos tratos, y otra de identificación de El Cepa. La de identificación de José María la conocemos porque forma parte del rollo judicial, pero la secreta no. Y esa es una de las grandes pegas por lo cual todavía no sabemos muy bien qué es lo que ocurrió. Ahí hay una zona de oscuridad sobre la que podemos elucubrar con los datos que tenemos pero no sabemos a ciencia cierta qué es lo que ocurrió. Por más que la he buscado no he conseguido averiguar su paradero, aun teniendo la intuición de dónde puede estar.

P.- ¿Estamos hablando de prácticas habituales en la Justicia de principios del siglo XX?

R.- Absolutamente. Hay otro supuesto en Cella, en Teruel, exactamente igual, con los mismos protagonistas, con las mismas historias, las mismas fórmulas, con hasta celda con nombre exactamente igual. Hay una celda muy célebre en lo que eran los calabozos de Belmonte…

P.- ¿Cómo se llama esa celda?

R.- La llamaban el lorito porque parece ser que todo el que entraba allí cantaba. Los procedimientos y los problemas eran exactamente los mismos en toda España, pero el caso de El Cepa llegó en un momento en el que la prensa supo utilizarlo contra el régimen y se hizo famoso. La historia de casi un cuarto de siglo nos da buena cuenta de los avatares de una Justicia sometida por la política y las viejas formas, frente a una sociedad que exigía modernidad y derechos. Creo que los saberes que se pueden adquirir de esa época todavía siguen explicando por qué en la actualidad muchas cosas funcionan cómo funcionan.

Por último ¿Dónde se puede comprar este libro?

El libro puede adquirirse en Universo de Letras y en Libros.cc y próximamente en Tagus, Amazon Kindle, Apple iBookstore, GooglePlay books, Kobo, etc. así como en las cadenas de librerías más importantes: Casa del Libro, FNAC, Gandhi, Sanborns, El Corte Inglés, etc. También lo podrás encontrar en librerías online independientes como La Central, Machado, Laie, Popular Libros, etc... Además, estará disponible en más de 4.000 librerías de toda España y también se puede solicitar directamente en las librerías de Cuenca.

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