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La inflación pone en peligro a las tiendas de ultramarinos

El alza general de precios y la bajada de clientela por la crisis hacen a estas tiendas llegar a final de mes con un margen más estrecho

La inflación pone en peligro a las tiendas de ultramarinos
Fotos: Sara M. de Lerma y Lola Pineda
20/7/2022 · Rubén M. Checa

Alimentación, ultramarinos, comestibles, despacho. Son muchos los nombres que se les puede poner a una tienda de proximidad dedicada a la alimentación, pero lo que no puede faltar después es el nombre de la persona que lo dirige: Alicia, Javi, Gloria o Leo.

Esas personas que son casi una de la familia, que no necesitan de apellido, y que llevan tantos años abiertos al público que todo el barrio los conoce por el nombre. Estas fueron casi las únicas tiendas que abrieron durante el confinamiento, en donde hacer la compra del día a día se convirtió casi en un ritual en los meses más duros de la pandemia.

Estuvieron ahí al pie del cañón en los momentos más complicados de la crisis sanitaria y, después de ese auge de clientela a mediados de 2020, dos años después se da una situación bien diferente.

Y es que las tiendas de ultramarinos, que en parte fueron el motor de los barrios de Cuenca y de los pueblos más pequeños, viven ahora todo lo contrario en una época de inflación disparada y constante alza de precios.

Una situación que, sobre todo, se ha agravado en este sector de la alimentación desde que comenzara la invasión rusa de Ucrania, y ha provocado que el bolsillo de cada conquense se resienta cada día más. Como les ha ocurrido a casi todos los sectores, esta crisis también está afectando a las formas de consumo en estos pequeños negocios de toda la vida y a pie de calle.

 

Los comerciantes han notado como el flujo de la clientela se ha reducido en sus locales y los que siguen acudiendo se llevan las bolsas más vacías

Antes, lo típico era una barra de pan, un kilo de manzanas o cebollas, una docena de huevos, etcétera, porque la gente “no escatimaba”. Ahora, una pieza de fruta o verdura suelta, la misma barra de pan, y casi para de contar. Así lo ponen de manifiesto Santi y Tori, dos comerciantes que llevan 7 y 11 años respectivamente con las persianas de sus locales abiertas.

El primero, regenta un pequeño local en la calle Francisco de Luna, en el barrio de Villaroman. El segundo, hace lo mismo desde la plaza San Lázaro en San Antón. Ambos, lo hacen ofreciendo un trato cercano, conociendo los gustos de sus clientes, y con precios a veces más baratos que los supermercados, pero la crisis los ha llevado a un David contra Goliat que están haciendo que el flujo de clientela bien se reduzca en sus locales o bien se lleve las bolsas más vacías.

 

COMESTIBLES SANTI

En cuanto a la situación en el local que regenta Santi destaca que, aunque durante todos estos años la clientela ha sido fiel, ahora está notando cómo está bajando a raíz de la actual crisis. “Todo está subiendo una salvajada, pero estoy intentando no repercutir toda la subida al cliente para que sigan viniendo, por lo que el beneficio que tengo a fin de mes es mucho menor”.

Una subida de precios que, destaca, ha sido general. “No hay nada que se salve”, lamenta, y es que cada vez que hace un pedido al proveedor, “este viene con subida”. “El azúcar, los refrescos, el aceite, todo está subiendo”, asegura, una situación a la que también se suma que ha subido el recargo de equivalencia.

Un impuesto que tienen que pagar los comerciantes autónomos que vendan al cliente final y se trata de un régimen especial de IVA, obligatorio para estos comerciantes minoristas.

Y es que, a raíz de la subida del IVA a los refrescos del 10% al 21%, este recargo de equivalencia ha subido del 1,4% al 5,2%. En total, por cada refresco ahora los comercios de toda la vida tienen que pagar el 26% de IVA.

 

“Ahora hay que hacer malabares y más para poder llegar a fin de mes”, subraya Santi, quien destaca que aunque la clientela sigue siendo fiel, “controla más lo que gasta”: “ha subido todo, y los sueldos siguen congelados, y al final la gente no puede gastar más”.

Además, entran en juego los supermercados, quienes con sus descuentos y sus márgenes más amplios consiguen que el cliente mayoritario acuda a estos grandes establecimientos.

 

ULTRAMARINOS TORI

En el caso de Tori, la situación es casi similar. La clientela fiel sigue yendo a sus ultramarinos de San Antón, pero ya no realizan las mismas compras que antaño. “Ahora los clientes compran la fruta y verduras por unidades, no al peso, porque los precios están subiendo mucho”.

De este modo, el comerciante detalla que las ganancias “son menores” porque tanto alimentación como impuestos y suministros está subiendo y ellos están intentando no repercutir de forma tan directa la subida en la clientela.

Aunque, en parte, puede parecer que este esfuerzo lo están haciendo en vano. Y es que Tori también coincide en que las grandes superficies están comiendo terreno a los pequeños comercios “al poder jugar estos supermercados con más recursos, más márgenes, más dinero y más género”, cosa que para él “es imposible aguantar”. Pero según subraya, hay muchos productos que él consigue vender más barato que los hipermercados.

En su más de una década al frente de sus ultramarinos, esta “sin duda” está siendo la época más difícil, ya que a la bajada de compra de sus clientes habituales se ha unido que mucha gente de fuera del barrio que iba hasta San Antón, ha dejado de ir.

Por eso, tanto Santi como Tori aseguran que van a aguantar el día a día al frente de sus respectivos negocios, aunque la crisis y la inflación les estén haciendo mermas en sus beneficios, con un futuro incierto de cara a los próximos meses.

“Mientras podamos seguir manteniendo el negocio lo justo para poder pagar los gastos, no nos podemos quejar, porque hay muchísima gente que, seguro, lo estará pasando peor”, confiesa Santi.

Tori, de igual manera, va a seguir manteniendo su negocio hasta que ya no pueda aguantar más, aunque cree que las tiendas pequeñas no les va a quedar otra que ir cerrando como la actual situación se prolongue mucho en el tiempo.

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