Sobrecogedor Lunes Santo
El Lunes Santo es el día en el que Cuenca enmudece, el frío acaricia el empedrado conquense y el tiempo parece detenerse en cada toque de tambor velado. También es sinónimo de Vera Cruz, una frase tantas veces escrita y tantas veces cierta, pero que este año volvió a cobrar un sentido especial cuando, a las 21:30 horas, las puertas de la Catedral se abrieron para dejar salir al Santísimo Cristo de la Vera Cruz en la jornada de la Pasión conquense en la que la ciudad reflexiona sobre las Siete Palabras que pronunció Cristo en la Cruz.
La salida del cortejo trajo las primeras imágenes inéditas de la noche. Y es que, el desfile comenzó a descender iluminado por los dos nuevos faroles de cabecera que la Hermandad ha estrenado este año, devolviendo el esplendor a la delantera del cortejo tras sustituir a los antiguos, ya muy deteriorados.
En la misma escalinata de la Catedral, el obispo de la Diócesis y Pregonero de la Semana Santa 2026, monseñor José María Yanguas, rompía el silencio para pronunciar la Primera Palabra.
Acto seguido, la plaza era testigo del estreno de ‘Crux Domini’, la obra compuesta por Luis Carlos Ortiz, director del Coro de Cámara ‘Alonso Lobo’ para la Hermandad en el maraco del 30 aniversario de la agrupación musical y que ha sonado este año por primera vez en procesión.
El tambor velado y el toque de campana de reo de muerte marcaban el paso de los banceros mientras la Imagen avanzaba sobria, elegante, perfectamente ordenada.
La hermandad fue avanzando por Plaza Mayor, Alfonso VIII y Andrés de Cabrera, acompañada por el canto del coro y este año también por una novedad sonora importante: tres tambores velados, tocados por los hermanos Alejandro Pernías, Darío Martínez y Pablo Mosén, que reforzaron la gravedad del desfile con un pulso más hondo y envolvente.
La procesión volvió a dejar escenas de enorme fuerza en su tránsito por los enclaves más característicos del recorrido. En el Convento de las Esclavas del Santísimo Sacramento, el hermano seminarista Álvaro Rozalén Calonge pronunció la Segunda Palabra. Más adelante, en el Oratorio de San Felipe, Juan Minaya Nuño puso voz a la Tercera Palabra en medio de un silencio estremecedor.
La llegada a San Andrés volvió a ser uno de esos instantes de recogimiento que definen esta procesión. Allí, Ana María Cueva Medina leyó la Cuarta Palabra ante un público atento y respetuoso, mientras el Cristo permanecía envuelto por el resplandor de los hachones y por la sobria presencia de una hermandad que volvió a desfilar con impecable compostura.
En El Salvador, Héctor Soria Serrano, Hermano Mayor, pronunció la Quinta Palabra, continuando ese itinerario de fe y meditación que va jalonando el recorrido de sentido, de pausa y de profundidad.
Ya en la Puerta de Valencia, con la noche más cerrada y la procesión encarando su tramo final, Miriam Soria Serrano leyó la Sexta Palabra en otro de los enclaves más emotivos del desfile. Allí, con el rumor del paso de la comitiva y el eco del coro abrazando el silencio, la Vera Cruz volvió a ofrecer una de esas estampas que solo ella sabe dejar.
El cortejo prosiguió por Las Torres y Aguirre hasta alcanzar San Esteban en torno a las doce y media de la madrugada. En el templo esperaba la Séptima Palabra, pronunciada por Antonio Fernández Ferrero, vicario general del Obispado de Cuenca y párroco de San Esteban, poniendo así cierre a una procesión que volvió a convertir la noche del Lunes Santo en una oración compartida. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu".