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Rastreadores militares, más de 3.000 llamadas tras la huella de la Covid-19

Una treintena de miembros del Grupo de Artillería de la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas ayuda al personal sanitario en las labores de vigilancia epidemiológica en Cuenca

Rastreadores militares, más de 3.000 llamadas tras la huella de la Covid-19
Fotos: BRIPAC
17/1/2021 · Dolo Cambronero

Sus labores son muy diferentes a las que acostumbraban: han cambiado las tareas propias del Ejército por llamadas telefónicas a los contactos estrechos de los positivos por coronavirus. Dirigidos por el teniente Francisco Javier Peñas Dendariena, una treintena de miembros del Grupo de Artillería de Campaña Paracaidista VI, unidad que pertenece a la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas (BRIPAC), ayuda al equipo de vigilancia epidemiológica del hospital Virgen de la Luz de Cuenca a seguir la huella de la Covid-19 en la provincia. Desde noviembre y hasta finales del pasado año, ya habían realizado más de 3.000 llamadas.

“La mayoría de las personas con las que contactamos responden bien y son responsables. En cuanto les llamamos, están dispuestas a colaborar y ayudarnos a hacer nuestra labor”, asegura el teniente, jefe de la sección de vigilancia epidemiológica de la Brigada Almogávares VI de Paracaidistas que se encarga desde Madrid del apoyo en las tareas de rastreo de la provincia de Cuenca.

La labor de estos 31 militares, incluyendo al responsable, complementa la de los 40 profesionales que conforman el equipo de vigilancia epidemiológica del hospital conquense, que está integrado por médicos, enfermeras, trabajadores sociales y administrativos, y que trabaja en coordinación con Atención Primaria, la sección de Epidemiología del centro hospitalario y los rastreadores del Ejército.

A partir de septiembre, estos militares de la BRIPAC comenzaron a formarse para acometer estas tareas, participando en varios cursos impartidos tanto por el Ejército como por Sanidad de Castilla-La Mancha y en los que se abordaron desde cuestiones sanitarias a legales y psicológicas, analiziando situaciones con las que podrían encontrarse.

Además, rastreadores de Cuenca les hicieron un par de visitas y les tutorizaron en llamadas reales, guiándoles y asesorándoles sobre cómo desarrollar de la mejor manera posible unas funciones que son claves para una detección precoz de los casos de Covid con el fin de frenar la propagación del coronavirus.

TRES TURNOS

El 9 de noviembre comenzaban de forma oficial sus labores de rastreo en la provincia de Cuenca. El equipo trabaja de nueve de la mañana a nueve de la noche de lunes a domingo y se han establecido tres turnos que han ido adaptándose a la situación y a la demanda de apoyo que se les solicitaba desde el Virgen de la Luz.

En un principio, en cada turno había diez militares aunque ahora están cinco. No obstante, hay otros cinco “en alerta” por si se requiriera en cualquier momento más apoyo si aumentaran los casos de Covid-19.

“Llevamos aproximadamente unos 500 positivos rastreados y se habrán hecho más de 3.000 llamadas”, precisa el teniente. El número de personas con el que contactan diariamente oscila mucho pero la media se sitúa en unas cien, habiendo llegado a un máximo de 134 aunque ha habido jornadas en las que han telefoneado a tan solo una veintena porque no había ningún caso nuevo en las tres zonas de las que se ocupan: Horcajo de Santiago, Tarancón y Motilla del Palancar. Además de estas áreas, al principio también hacían los rastreos de los positivos que se detectaban en los centros educativos.

Pero ¿cuál es el proceso de rastreo? En primer lugar, el equipo de vigilancia epidemiológica del hospital de Cuenca pasa a estos militares los casos nuevos de sus zonas. “Cuando nos comunican un positivo, le llamanos y lo primero que hacemos es preguntarle cuál es su estado de salud porque ya puede tener algún síntoma. Después, le entrevistamos para que nos cuente con quién ha estado en los dos días anteriores a su positivo. Nos hicieron mucho hincapié desde Cuenca en que preguntemos bien para que puedan darnos los mayores datos posible de los contactos estrechos”, señala.

Seguimiento

Posteriormente, se llama a cada uno de estos contactos estrechos para comunicarles que han estado con alguien contagiado por Covid-19, que se van a tener que aislar en sus casas y que se les va a hacer un seguimiento. “Normalmente, muchos de ellos ya lo saben porque han hablado con el positivo. Pero algunos no y les informamos, resolvemos sus dudas y les decimos que nos llamen si hay cualquier síntoma”, relata.

A partir de ahí comienzan diez días de seguimiento, en los que se hacen un total de cuatro llamadas: la primera toma de contacto; otra al cuarto día; una tercera al séptimo, en la que se les comunica que en la octava jornada se les va a hacer una PCR; y la última el décimo día, cuando ya se tienen los resultados de la prueba.

Es entonces cuando desde este equipo de rastreadores se les comunica si pasan a ser un caso positivo y deberían comenzar de nuevo su aislamiento o si, por el contrario, han dado negativo y pueden retomar su vida normal.

Estos rastreadores del Ejército, que complementan la labor llevada a cabo por los 40 profesionales que conforman el equipo de vigilancia epidemiológica del hospital Virgen de la Luz de Cuenca, han hecho el seguimiento de más de 500 casos positivos en la provincia, encargándose de las zonas de Horcajo de Santiago, Tarancón y Motilla del Palancar

“Nosotros hacemos el seguimiento de los contactos estrechos. A los casos positivos, únicamente les llamamos el primer día y a partir de ahí, se encarga su médico de Atención Primaria”, puntualiza.

“La gran mayoría de los positivos suelen tener unos tres o cuatro contactos estrechos. Aunque algunos solo tienen uno o incluso ninguno”, indica, precisando que hay personas a las que llaman que ya llevan varios días confinadas desde que se enteraron de que habían estado en contacto con algún familiar o compañero contagiado. Por ello, si luego se convierten en un caso de Covid-19, no se han relacionado con nadie.

“Esto hace bastante sencillo el trabajo porque al haber estado ya confinados, no tienen contactos estrechos. Esto minimiza mucho el número de contactos”, apunta.

En cuanto a los años de las personas con las que contactan, el responsable apunta que no se destaca ningún rango de edad por encima de otro. “Hemos tenido casos muy diferentes y no hemos visto una mayor incidencia en los jóvenes”, asegura. Así, han tenido desde niños de Infantil hasta personas mayores.

Y ¿ha habido algún evento tipo fiesta en el que se haya contagiado mucha gente? El teniente Peñas Dendariena indica que no, aunque precisa que sí han hecho el seguimiento de casos en los que la Covid-19 se propagó especialmente: un acto deportivo y una familia con un enfermo terminal -no con coronavirus- en la que un miembro dio positivo y había muchos contactos estrechos “al ser una situación límite”. “Ha habido situaciones de este tipo que tristemente a veces suceden y en las que hay que confinar a mucha gente”, añade.

Un “granito de arena”

“Estas labores son muy diferentes a las habituales del Ejército. Para nosotros fue un cambio bastante grande respecto a nuestras tareas del día a día pero los militares nos adaptamos a todo. Se nos dio este cometido en esta situación en la que hay que arrimar el hombro y lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. La prioridad ahora es ayudar a la sociedad española a superar esta situación tan extrema que estamos viviendo”, subraya.

El teniente destaca que ha habido muy buena comunicación con la sección de Epidemiología de Cuenca y con los rastreadores del Virgen de la Luz. “Hemos podido hablar con ellos en todo momento y nos hemos adaptado a sus turnos. Aunque la incidencia baja los fines de semana, hay situaciones que han tenido que resolverse un sábado o domingo y tiene que haber gente disponible todos los días porque si no, tendrían que hacerlo desde Cuenca. Desde el Ejército estamos en permanente disponibilidad para ayudar y espero que hayamos aportado nuestro granito de arena”, concluye.

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