Pizza, amor y un nuevo comienzo lejos de Venecia
Hay personas que llegan sin avisar y te cambian la vida. Mauro Martignon (Treviso, 1976) regentaba una tienda de souvenirs en Venecia y un día conoció a una turista conquense que puso su vida patas arriba. El flechazo fue tal que ella se mudó a Italia, vivieron allí varios años y juntos pensaron en abrir una pizzería en la ciudad de los canales.
Mauro se formó en la Scuola della Pizza Italiana en 2019 y cuando estaban decididos a cambiar su futuro profesional la pandemia truncó todos sus planes. Las restricciones en el país vecino eran más severas que en España y esto motivó que Mauro y su pareja decidieran mudarse a Cuenca y abrir aquí su pizzería. Así, empujado por el amor y las ganas de emprender, Mauro cumplió su sueño y abrió Ciao Bella. “Para estar encerrados en casa, preferimos empezar de cero en Cuenca”, explica Martignon.
Con 45 años llegó a una ciudad totalmente desconocida para él en la que solo tenía a su pareja, pero Cuenca le sorprendió. “Para mí era muy importante abrir mi negocio en una ciudad con turismo y Cuenca lo tiene, además me sorprendió mucho la calidad de vida que ahí aquí”, dice. En pocos meses encontró un local que reformó para que sus clientes, al entrar, sintieran que están en un rincón de Italia.
Pero cuando los comensales de verdad viajan a Italia es al probar el primer bocado de sus pizzas.
Sus masas artesanas bajas en carbohidratos y de larga fermentación son la base perfecta sobre la que añadir diferentes topings, todos de máxima calidad. Por que ahí es donde está la clave del éxito, en respetar el producto, aunque a veces no es fácil encontrar ingredientes cien por cien italianos. “Trabajamos con proveedores especializados”, explica Mauro. Sobra decir que las masas se elaboran en el propio restaurante, se bolean una a una y los embutidos o quesos son cortados al momento. “Quiero que sea todo perfecto”, insiste.
En la carta hay más de 50 pizzas distintas, pero la de burrata se ha ganado un lugar especial entre las peticiones de su clientela habitual. Además, entre sus creaciones destaca también la Espartana, con tomate, burrata, jamón ibérico y pesto genovés, una fusión italoespañola que ha conquistado paladares. Eso sí, entre las más de 50 refrencias también hay elaboraciones más típicas y tradicionales.
Y como no podía ser de otra forma entre su listado de postres destaca el tiramisú. Y es que, siendo natural de Trevise –la ciudad donde se inventó este postre– era obvio que no podía faltar. “Llevamos esta receta en la sangre”, asegura el pizzero. Y para que todo el mundo pueda disfrutar de él ofrece versiones sin gluten.
Viendo esta oferta no es de extrañar que la respuesta de los conquenses haya sido “muy buena” y para Mauro “este es el mejor regalo” porque ver que su producto gusta es lo que más feliz le hace. Eso sí, es un claro defensor del reinventarse o morir, por eso seguirá innovando para no dejar nunca de sorprender a través de sus pizzas.