Juicio del crimen de Nohales
La autopsia de Cristina revela un ataque “brutal” que la dejó sin vida “en segundos”
Dos médicos forenses del Instituto de Medicina Legal de Cuenca han declarado este martes en el juicio del crimen de Nohales y han explicado que su labor, como peritos judiciales oficiales, es trabajar “al único y exclusivo servicio de la Administración de Justicia”, con informes dirigidos a jueces y fiscales. Uno de ellos ha dicho que no son peritos de parte y que su único interés es “dilucidar qué es lo que ha podido ocurrir” en el suceso.
Con este contexto previo, los forenses han indicado que la autopsia se realiza en dos fases: un examen externo, con la visualización de lesiones en la superficie corporal, y un examen interno, para comprobar su repercusión en cavidades craneal, torácica y abdominal. También han señalado que pueden practicarse pruebas complementarias y han explicado que las muestras se remiten “única y exclusivamente” al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Madrid, donde se analizan con resultados que llegan de forma diferida.
En el examen externo, han detallado que Cristina presentaba diez lesiones: una erosión en la pierna, un hematoma en el muslo y ocho heridas por arma blanca. Han enumerado su localización y han descrito, entre ellas, una herida en la región occipital izquierda, en cráneo y cuello, de unos 4,5 centímetros, con trayectoria horizontal y bordes limpios.
Al explicar el conjunto de lesiones externas, han situado heridas por arma blanca en el hombro derecho (dos), en la mama derecha, en el costado derecho, en el antebrazo izquierdo (dos), además de la occipital y otra en la espalda. El segundo forense ha ido describiendo una a una las heridas, precisando trayectorias y planos afectados, y ha hablado de cortes que alcanzan desde la dermis y el tejido subcutáneo hasta planos musculares e, incluso, los huesos en algunos puntos.
En el examen interno, han explicado que la lesión de la región occipital izquierda tenía una trayectoria póstero-anterior (de atrás hacia adelante) y descendente, atravesando piel, tejido celular subcutáneo y varios planos musculares del cuello, hasta impactar en la vértebra cervical C3. Han señalado que el arma produjo una sección incompleta del cuerpo vertebral, lesionó la médula espinal y las raíces nerviosas, así como membranas meninges y estructuras del canal vertebral. Uno de los forenses ha subrayado que esa fractura y la lesión medular son compatibles con un mecanismo de “alta intensidad” y ha insistido en que “hay que aplicar bastante fuerza”.
Sobre la herida en la mama derecha, han indicado que atravesó piel, tejido subcutáneo, la totalidad del espesor mamario, musculatura pectoral e intercostal, con sección completa del cuarto arco costal derecho y lesión de pleura y pulmón, con una herida de unos dos centímetros en el lóbulo medio. Han destacado que cortar una costilla también requiere “mucha fuerza”, al tratarse, según han dicho, “de un impacto intenso”.
Respecto a la herida del costado derecho, han explicado que atravesó el espacio intercostal entre el sexto y el séptimo arco costal, lesionó el hígado, atravesó el diafragma y alcanzó el mediastino y el corazón, seccionando la totalidad del ventrículo derecho y del ventrículo izquierdo y llegando a la aorta, con dos heridas de 1,5 y 0,8 centímetros. “Le partió el corazón a Cristina”, ha explicado.
Los forenses han explicado que la herida en el corazón era “potencialmente mortal” si no había asistencia en pocos minutos, pero han precisado que la causa inmediata de la muerte fue la lesión craneocervical que seccionó la médula a la altura de C3, que han descrito como una lesión neurológica “máxima” e “incompatible con la vida” de forma prácticamente instantánea. Uno de ellos ha utilizado un símil taurino para que el jurado lo entendiera y ha insistido en que la sección medular es la que provoca definitivamente la muerte.
También han indicado que, por criterios de vitalidad y trayectorias, pudieron establecer un orden en la producción de las heridas: primero, las lesiones en miembros superiores; después, las del tronco; más tarde, las de la espalda; y, por último, la lesión cervical. Han dicho que en las dos últimas lesiones la víctima “ofrecía la espalda” al agresor y han explicado que, por la trayectoria descendente y la necesidad de resistencia para generar fracturas vertebrales, lo más probable es que Cristina estuviera en cúbito prono (boca abajo), con la cabeza ligeramente hacia la izquierda y el agresor a sus espaldas, “posiblemente sobre su cuerpo”.
Han añadido que la fuerza necesaria para fracturar vértebra y seccionar estructuras es un argumento a favor de esa posición, porque sin un “tope” el cuello se desplazaría hacia delante. Además, han afirmado que las lesiones previas dejaron a la víctima “agonizando” y han dicho que “no pudo reaccionar de ninguna forma”, lo que, según han explicado, facilita el ataque.
Han relacionado la secuencia con la vitalidad: han señalado que cuanto más cerca está una lesión del momento de la muerte, menos sangra, y han indicado que el microscopio mostró en la herida occipital bordes ligeramente congestivos y sin hemorragias apreciables, mientras que en la dorsal sí había infiltrado hemorrágico leve, lo que, según han dicho, apoyaba que la dorsal fuera anterior y la occipital posterior.
Sobre la posición en la que se produjeron otras puñaladas, han afirmado que las del pecho y el costado derecho se produjeron “lo más probable” en bipedestación, con la víctima de frente y ligeramente lateralizada. Para la herida dorsal han dicho que era compatible con bipedestación o con una posición ya cercana al cúbito prono, aunque han añadido que la sistemática del conjunto les indicaba que, tras la lesión que atravesó el corazón, la víctima se desplomó ofreciendo la espalda.
En el turno de preguntas, los forenses han explicado que, cuando entraron los agentes, la víctima estaba boca arriba y han dicho que “no” pudo colocarse así por sí misma, al tener la médula seccionada y el corazón atravesado. Uno de ellos ha señalado que, según lo que les constaba, “boqueaba un poco” y solo movía los párpados antes de morir, y ha explicado que el cuerpo no se apaga “como un interruptor”, sino que puede haber espasmos o mínimos movimientos en un contexto agónico. Han añadido que la “única explicación posible” para que estuviera boca arriba es que el agresor le diera la vuelta “para comprobar que ha conseguido su objetivo”.
También han señalado que en los estudios criminalísticos del Instituto Nacional de Toxicología se apreció una desviación en la hoja del cuchillo, y han explicado que un arma puede doblarse al chocar con estructuras óseas duras, como una vértebra o una costilla, y por la fuerza necesaria para clavarlo y después extraerlo.