Juicio del crimen de Nohales
Hermanos de Cristina: “Ella vivía aterrorizada, los niños tenían pánico del padre"
Este martes por la tarde han declarado en el juicio dos hermanos y un tío de Cristina, que han coincidido en describir una etapa marcada por el miedo, el control y el deterioro familiar tras la ruptura con el acusado. Los testigos han relatado que la convivencia y la relación posterior a la separación se volvieron “insostenibles” y que la víctima solo quería “que la dejara en paz”.
Una de las hermanas ha explicado que la relación ya venía lastrada por problemas graves y que, después de la ruptura, el acusado se volvió “agresivo y obsesivo”, insistiendo en que la víctima “tenía que volver con él”.
Ha dicho que Cristina le contaba algunas cosas, aunque no todo, y que aguantó durante años hasta que “no pudo más”. También ha relatado episodios que su hermana le transmitió, como uno en el que el acusado no la dejaba salir de la vivienda y llegó a romper mobiliario, generando un clima de tensión constante.
En su declaración, la hermana ha subrayado el impacto directo en los niños. Ha dicho que, tras los hechos, los menores han mostrado un “pánico horroroso” hacia su padre, y que el pequeño llegó a esconderse y a reaccionar con miedo ante el contacto físico.
Según ha explicado, durante meses el menor vivía con señales claras de ansiedad como dolores, inseguridad, temor permanente y que ambos han necesitado apoyo psicológico. Ha añadido que, con el tiempo, están mejor “porque están en un entorno tranquilo”, pero ha insistido en que el miedo al acusado ha sido una consecuencia central. Y es que, en la actualidad es la hermana de Cristina quien se encarga de los niños
Por eso, también ha denunciado “falta total” de implicación de la familia del acusado con sus sobrinos. Ha afirmado que no han recibido “ninguna” ayuda y que “ni se han preocupado” por ellos. Tan solo de vez en cuando “para llevarlos media hora a Carretería para que la gente les vea con ellos”.
Según ha dicho, “no solo no han colaborado con gastos básicos, sino que la familia materna de la víctima ha tenido que asumir en solitario el día a día de los menores, incluida atención psicológica y cargas económicas vinculadas a la vivienda familiar de víctima y acusado”.
Además, ha sostenido que, en los primeros meses, algunos familiares del acusado habrían contactado con la hija mayor con mensajes insistentes centrados en “pobrecito su papá”, hasta el punto de que una psicóloga tuvo que intervenir para pedir que cesaran. “Pobrecita mi hermana que está muerta y no él”, ha dicho durante la sesión del juicio.
Otro de los hermanos ha explicado que él solo fue consciente de la gravedad real de la situación cuando acompañó a la víctima a denunciar. Ha dicho que aquel día entendió “el miedo que tenían” y que, hasta entonces, no imaginaba que la ruptura estuviera siendo “tan horrible”.
También ha afirmado que tuvo que ayudar económicamente a Cristina en diversas ocasiones y ha señalado que los problemas familiares se reflejaban en episodios concretos, como cuando el acusado no dejaba entrar a la víctima ni a los niños en su propia casa y ellos subían “con terror” por la escalera.
Por su parte, el tío de la víctima ha declarado que conocía la mala relación y que sabía que estaban separados, que el acusado bebía, estaba enganchado al juego y no aportaba dinero. Además, ha relatado un episodio pocos días antes del crimen, explicando que lo vio cerca del entorno laboral de Cristina, escondido y vigilando desde un coche, “muy nervioso” y con “muy mala cara”. Ha dicho que la llamó para advertirle y pedirle que tuviera cuidado.
Las declaraciones han apuntado, en conjunto, a un patrón de control y vigilancia, a un miedo creciente en la víctima y en los menores, y a una situación posterior en la que según los testigos la familia de Cristina ha asumido en exclusiva la protección y el cuidado de los niños sin apoyo de la familia del acusado.