El futuro nazareno
La Semana Santa de Cuenca también se cosntruye desde la infancia, ya que cada año, decenas de niños se incorporan a las hermandades siguiendo una tradición familiar que pasa de generación en generación. Es el caso de los mellizos Adrián y Vega Caracena Martínez, que a sus seis años recién cumplidos, vivirán este 2026 su tercera experiencia como nazarenos, consolidando así un vínculo que comenzó prácticamente desde que nacieron.
“Ya hemos salido dos años”, cuenta Adrián con naturalidad, como si el sonido de los banceros o el recogimiento de las procesiones formaran parte de su día a día desde siempre. Y, en cierto modo, así es, toda vez que la familia Caracena Martínez respira Semana Santa por todos sus rincones.
Hasta ahora, ambos habían participado en la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído y La Verónica en el Jueves Santo, una vinculación que, como explica su madre, Patricia Martínez, viene de lejos. “Somos hermanos de la Verónica prácticamente desde que nacimos. Es algo que nos han inculcado desde pequeños”. No en vano, el abuelo de los pequeños ha estado muy ligado a la Hermandad durante años, formando parte tanto de la directiva como siendo Hermano Mayor durante años.
Este 2026, sin embargo, será especial. Por primera vez, los mellizos también procesionarán con la Hermandad de María Purísima de la Esperanza el Martes Santo, ampliando así su camino nazareno. “Porque nos gusta la Virgen”, responde Adrián, sin rodeos, cuando se le pregunta por el motivo. Detrás de esa sencillez se esconde, de nuevo, la tradición familiar: por parte paterna, también son hermanos de la Esperanza, como detalla Rubén Caracena.
Pero si hay un momento especialmente esperado este año, es el de Vega. La pequeña dará un paso más en su particular vivencia de la Semana Santa y saldrá vestida de Virgen, un papel que afronta con mezcla de ilusión y vergüenza. No es la primera vez que se pone en la piel de un personaje, ya que el año pasado participó como samaritana en La Verónica, pero este 2026 será distinto.

“Le da mucha vergüenza”, confiesa su madre entre sonrisas, consciente de la emoción que supone. Detrás de ese traje hay también una historia de dedicación y cariño. Patricia ha elaborado todo el traje de forma artesanal, cuidando cada detalle dentro de sus posibilidades. “He intentado hacer casi todo, aunque por un problema de salud, las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada (conocidas como las blancas por su hábito) me han ayudado con el manto y ha quedado precioso”, explica.
El resultado no ha pasado desapercibido. Familiares y conocidos que ya han podido ver el traje coinciden en destacar su belleza. Pero más allá de lo estético, el atuendo encierra un valor sentimental incalculable. La bisabuela de Vega, de 96 años, ha querido formar parte de este momento tan especial regalándole un rosario. “Lo compró nuevo y lo ha rezado para que esté bendecido”, relata Patricia, emocionada.
Ese gesto resume bien el espíritu que envuelve a esta familia: una cadena de generaciones unidas por la fe, la tradición y el sentimiento por la Pasión conquense. Porque la Semana Santa, en casos como este, no es solo una celebración, sino una herencia viva que se transmite de abuelos a padres y de padres a hijos.
La implicación familiar va más allá de Adrián y Vega. Sus hermanos Leire y Lucas también participan en la Semana, haciendo de las procesiones un momento compartido. “A mí me encanta salir con ellos”, asegura Leire, destacando además lo bien que se comportan durante el desfile. Una experiencia colectiva que refuerza los lazos y convierte cada salida en un recuerdo común.
Para Patricia, la decisión de que sus hijos comiencen desde tan pequeños no fue casual. “Es algo que a mí me han inculcado y quería que ellos también siguieran la tradición”, explica. Una tradición que, lejos de diluirse, encuentra en los más pequeños su mejor garantía de continuidad.
Así, entre túnicas, pañuelos y nuevos trajes hechos con mimo, Adrián y Vega avanzan paso a paso en su camino nazareno. Lo hacen con la inocencia de la infancia, pero también con la responsabilidad, aunque aún no sean plenamente conscientes, de representar el futuro de una de las celebraciones más emblemáticas de Cuenca.
TRADICIÓN FAMILIAR
La bisabuela de Vega, de 96 años, le ha regalado un rosario nuevo que ha rezado previamente para que esté bendecido, convirtiéndolo en uno de los símbolos más emotivos de su participación en la Semana Santa de este año, ya que desfilará detrás de la imagen de María Santísima de la Esperanza del Martes Santo