Juicio del crimen de Nohales
Los forenses descartan que el acusado tuviera sus facultades alteradas: “Sabía lo que hacía”
Los forenses del Instituto de Medicina Legal han afirmado en el juicio del crimen machista de Nohales que el acusado no tenía las facultades mentales trastornadas en el momento de los hechos y que actuó con plena conciencia de lo que hacía.
En esa línea, han expresado que, tras estudiar la documentación clínica aportada y los atestados, concluyen que el acusado mantenía preservadas sus capacidades. Han señalado que revisaron el historial clínico del SESCAM, incluido el informe de urgencias del 4 de abril de 2022, los informes de la unidad de salud mental y de conductas adictivas, y los resultados analíticos realizados durante su ingreso.
Sobre esas analíticas, los forenses han dicho que en orina apareció un resultado positivo en cocaína, pero han precisado que ese dato no prueba una intoxicación aguda en el momento del crimen. Han explicado que la prueba detecta metabolitos que pueden aparecer hasta 72 horas o varios días después del consumo, por lo que, según han indicado, el resultado solo permite afirmar un consumo en los días previos, no necesariamente ese mismo día.
Además, han subrayado que, a su llegada al hospital, el acusado negó consumo de tóxicos, se mostraba consciente, respondía a preguntas y presentaba pupilas isocóricas y normorreactivas, un hallazgo que, según han indicado, no encaja con una intoxicación reciente por cocaína, que suele cursar con midriasis y otras alteraciones fisiológicas. Con esos elementos, han sostenido que no existen datos científicos para afirmar que estuviera bajo los efectos de una intoxicación aguda durante los hechos.
Los forenses también han descrito que la actuación recogida en los atestados apunta a una conducta dirigida y finalista. Han dicho que se recoge que el acusado verbalizó intenciones, se dirigió al domicilio con un arma blanca, y que después intentó huir cuando llegó la Guardia Civil. También han relatado que, según la documentación consultada, tras ser localizado volvió a correr y blandió el arma, y que finalmente se autolesionó de forma superficial. Uno de los forenses ha expresado que esas autolesiones encajaban con “cortes chantaje” y no con un intento autolítico efectivo.
En su explicación, han recalcado que el diagnóstico de consumo de sustancias, por sí solo, no basta para hablar de una afectación mental relevante: han dicho que lo determinante es si ese consumo deja efectos psíquicos que alteren el juicio de realidad o la capacidad de decidir.
En este caso, han remarcado que en la documentación clínica consultada se recoge “juicio de la realidad conservado” y “no clínica psicótica” en informes de seguimiento, y han insistido en que no aparece un cuadro delirante o psicótico que anule o disminuya las facultades.
Por todo ello, los médicos forenses han afirmado ante el jurado que, desde su perspectiva, no hubo una alteración que impidiera comprender la ilicitud de lo que hacía ni actuar conforme a ese conocimiento. “No tenía ningún tipo de afectación”, han reiterado, al concluir que el acusado sabía lo que hacía y actuó en base a esa decisión.