Cuenca vuelve a estremecerse en su madrugada más única
Aún no había amanecido, pero las calles de Cuenca estaban más vivas que nunca. El tan esperado Viernes Santo ha llegado a la ciudad y el sonido ha vuelto a marcar su madrugada más única. Clarines y tambores se han encargado de abrir paso, desde las 5:30 de la madrugada, a una procesión Camino del Calvario que ha congregado un año más a miles de turbos, nazarenos, músicos y banceros en uno de los desfiles más esperados e icónicos de nuestra Semana Santa.
La Plaza del Salvador ha sido el punto de partida. La procesión Camino del Calvario ha arrancado desde la Iglesia Parroquial en una madrugada absolutamente despejada, pero de un frío muy intenso, casi helador. Los turbos, nazarenos y espectadores han ocupado las calles y accesos en uno de los inicios procesionales más intensos, emocionantes y concurridos del Viernes Santo conquense.
A la hora prevista, se abrían las puertas de El Salvador talladas por el escultor Miguel Zapata. Los clarines destemplados irrumpían de inmediato y los tambores respondían con un sonido atronador. La turba tomaba la calle un año más. El primero en salir por la puerta fue Nuestro Padre Jesús Nazareno y de pronto, el paso se elevó en un ambiente ensordecedor. La talla iniciaba su camino ayudada por el Cirineo entre el clamor de tambores y clarines y acompañada por los centuriones de la guardia pretoriana.
Los banceros continuaban con paso firme mientras la procesión tomaba la calle San Vicente y se adentra en Alonso de Ojeda. Tras el Nazareno desfilaba el Jesús Caído y la Verónica, que este año estrenaba sudario, obra de la pintora Ana Martínez Contreras. El conjunto continuó descendiendo hacia Puerta de Valencia en dirección a la parte baja de la ciudad, siempre arropado por fieles y público emocionado que inmortalizaba el momento con sus teléfonos móviles.
A continuación, realizaba su salida la Venerable Hermandad de San Juan Apóstol Evangelista. Con 2.100 hermanos, su presencia era una de las más numerosas del cortejo. La imagen de ‘El Guapo’ avanzaba elevada sobre sus andas rococó, con la palma como atributo y su brazo marcando el camino del Calvario. La luz anaranjada de las tulipas iba iluminando la noche en el Casco Antiguo de Cuenca.
La Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín cerraba el cortejo de este Camino del Calvario. Primero con el paso del Encuentro del Señor y la Virgen; después, con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín, bajo palio y con su imponente corona. Con su presencia, la turba se contenía.
En la herrería de Alonso de Ojeda, en la madrugada fría, “los herreros de Cuenca encendían sus fraguas para que la Virgen no pasara frío”. Allí, el sonido de los martillos golpeando los yunques ha acompañado el canto del Motete ‘Oh Soledad’, una escena espectacular que forma parte de la identidad de este Camino del Calvario.
La primera procesión del Viernes Santo conquense continuaba su avance para abrazar la ciudad nueva. Puerta de Valencia, Las Torres, Aguirre, Plaza de la Hispanidad y Carretería presentaban gran afluencia de espectadores de todas las edades mientras amanecía. No había ni un espacio libre. Tulipas, capuces, tambores, clarines y una multitud de personas se volcaban como nunca con una de las procesiones más queridas por los conquenses.
El paso por Palafox y las curvas de la Audiencia marcaban otro de los tramos más reconocibles y fotografiados. La turba incrementaba su presencia sonora mientras los banceros mantenían el ritmo en la ascensión de todos y cada uno de los pasos.
Andrés de Cabrera y Alfonso VIII han conducido al cortejo procesional hacia la Plaza Mayor de la ciudad, donde la concentración de público era inmensa desde primeras horas de la mañana. A las 9:15, la llegada del Nazareno cruzando los arcos del Ayuntamiento fue apoteósica. Allí le esperaban miles de Turbos que hacían sonar sus tambores y clarines, un ruido que cesó con la llegada del guion de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad de San Agustín.
Tras un breve descanso, y poco antes de las 11 de la mañana, comenzaba el regreso hacia la Parroquia de El Salvador. Antes, en el Oratorio de San Felipe Neri, parada obligatoria donde ha tenido lugar otro de los momentos clave: el Miserere. La turba cesó completamente su sonido y el emotivo canto se desarrolló en un ambiente de silencio ante las voces del Coro del Conservatorio.
A filo del mediodía, el tramo final de la procesión discurrió tranquila por las calles de El Peso y Solera, y tras siete horas de desfile y tres kilómetros de recorrido, concluía pasadas las 12:30 en el templo desde el que partió, con la participación de más de ocho mil personas entre turbos y hermanos nazarenos.
Sin duda, las de este 2026 serán unas Turbas para recordar. 410 años después de que la procesión Camino del Calvario inaugurara nuestro Viernes Santo, Cuenca ha vuelto a vivir su madrugada más única.