El mensaje de los profesionales sanitarios es claro y directo: “No guardes nuestra carta en el cajón. La prevención es el mejor tratamiento”. Y de eso se trata precisamente. El programa de detección precoz del cáncer de cuello de útero en Castilla-La Mancha constituye una de las herramientas más eficaces para detectar a tiempo, actuar de forma temprana y prevenir el desarrollo de una enfermedad que, en la mayoría de los casos, puede evitarse.
El cáncer de cérvix, o cáncer de cuello de útero, se origina cuando las células de esta zona comienzan a volverse anormales y crecen de forma descontrolada. Su principal causa es la infección por el virus del papiloma humano (VPH), una infección de transmisión sexual muy frecuente que, en muchas ocasiones, desaparece de forma espontánea, pero que en algunos casos puede provocar lesiones que, si no se detectan a tiempo, evolucionan hacia un tumor maligno.
En el marco de la Semana Europea de la Prevención del Cáncer de Cérvix, las matronas Nuria Gonzalo Bodoque y Ana María Ruiz Rey han querido insistir en la importancia de la información, la vacunación y el seguimiento periódico. “La prevención se apoya en dos pilares fundamentales: el cribado y la vacuna”, nos cuenta Nuria Gonzalo, matrona del Centro de Salud Cuenca III y presidenta de la Asociación Científica de Matronas de Castilla-La Mancha.
La profesional subraya que la vacunación frente al VPH se administra actualmente a los 12 años tanto a chicas como a chicos. “Hace unos años solo se vacunaba a las niñas, pero se incorporó a los chicos porque es una infección de transmisión sexual y es fundamental cortar la cadena de contagio”, ha señalado.
El Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) ha ampliado desde este año la captación activa para que todas las personas menores de 22 años que no estén vacunadas puedan hacerlo de forma gratuita en su centro de salud. “Incluye también a población inmigrante, lo que supone un avance importante en equidad y prevención”, ha añadido.
Castilla-La Mancha cuenta con un programa de detección precoz para mujeres de entre 25 y 65 años a través de una citología cuando corresponda; en mujeres de 25 a 35 años se hace cada tres años y a partir de los 35 hasta los 65 años, la prueba se hace cada cinco años. “Gracias a estas pruebas no esperamos a que aparezca el cáncer, sino que detectamos lesiones premalignas y actuamos antes de que evolucionen”, afirma Gonzalo.
Por su parte, Ana María Ruiz Rey, tesorera de la Asociación Científica de Matronas de Castilla-La Mancha, nos detalla que la citología permite identificar tanto la presencia del virus como posibles alteraciones celulares: “La mayoría de las veces no estamos hablando de cáncer, sino de lesiones que, tratadas a tiempo, no llegan a desarrollarse”. En los casos necesarios, el tratamiento puede incluir desde un seguimiento especializado hasta pequeñas intervenciones quirúrgicas.
Las profesionales insisten también en la importancia de no bajar la guardia con la edad. “Aunque una mujer esté en menopausia o no tenga relaciones sexuales actualmente, puede haber adquirido el virus años atrás”, subraya, animando a no ignorar las cartas de citación. “No hay que dejar la invitación al cribado en un cajón”, concluyen.