Hubo un tiempo en que la Ceca de Cuenca o casa de las monedas, una de las principales de Castilla, acuñaba monedas de vellón, plata, oro y cobre (maravedís) en la Plaza de La Merced. Su actividad, muy intensa en tiempos de los Reyes Católicos, se prolongó durante siglos hasta que el rey Felipe V decidió cerrar sus puertas.
El que nuestra ciudad acuñara moneda en el pasado es una de las razones por las que la numismática ha sido a lo largo del tiempo una pasión silenciosa para muchos conquenses y un reclamo para aficionados de todo el país.
Nos lo cuenta José Aguilar (Cuenca, 1950), uno de los grandes expertos en numismática y propietario de la tienda El Coleccionista, una pequeña gran joya situada en el centro de Cuenca que alberga cientos de monedas y billetes, además de todo tipo de objetos antiguos, muchos de ellos relacionados con la historia de la ciudad: relojes de bolsillo y de pared, almireces perfectamente alineados, cerámica local, lámparas, imaginería religiosa, pinturas… y mires hacia donde mires, Cuenca. Siempre Cuenca.
“Llevo como mínimo 30 años dedicado al oficio, primero con un socio y ahora junto a mi hijo Carlos, que ya ha asumido buena parte del relevo. Primero estuvimos en otro local y luego adquirimos el de Jorge Torner, y aquí seguimos funcionando”, nos explica José Aguilar mientras nos enseña su despacho repleto hasta los topes de antigüedades.
Aunque el local reúne miles de objetos de todo tipo, la historia de esta tienda empieza con una clara afición. “El entusiasmo que yo tenía por las monedas es lo que dio pie a todo esto. La numismática es lo que más me ha gustado a mí siempre y por lo que siento verdadera pasión”, afirma José, para quien el conocimiento de las monedas y billetes exige una enorme formación y experiencia. “La numismática no es algo fácil. Hay mucho falso, mucho arreglado y distintos precios. Puedo decir que hay muy poca gente que sepa un poco de numismática. Para ir a una feria a Madrid o Sevilla tienes que saber muy bien lo que llevas en la cabeza, no puedes ir mirando papeles”, asegura.
Ese conocimiento, insiste, es lo que marca la diferencia entre una moneda corriente y una pieza valiosa. “La calidad lo es todo. Una misma moneda puede valer cinco euros o quinientos si su calidad es extraordinaria. La diferencia es abismal”, afirma.
En ese análisis entran muchos factores: la conservación, el metal, la rareza y también el lugar de acuñación. “Hay que saber qué moneda es, de qué Ceca es”, explica. Y ahí, Cuenca juega un papel clave. “Cuenca tuvo Ceca y eso le da a la ciudad algo especial. Hay provincias que nunca han tenido moneda propia, la nuestra sí”.
Ese peso histórico se nota también en la clientela: “Aquí lo que más se busca son cosas de Cuenca. Libros de Cuenca, de su Semana Santa… lo de Cuenca manda, no hay duda”. En las estanterías se acumulan publicaciones antiguas y actuales sobre la ciudad y la provincia, documentos, cerámica local y recuerdos que conectan directamente con la memoria colectiva. “Si tú has visto una cosa cuando eras pequeño, cuando eres mayor tratas de conseguirla”.

AMOR POR LO ANTIGUO
Aunque la numismática es el núcleo del negocio, la tienda de los Aguilar ha ido creciendo con los años. “Esto no es de ayer”, recuerda José. “Llevamos treinta o cuarenta años. Un día coges dos cosas, otro día vendes otras dos. Poco a poco”. Y así han ido entrando relojes, radios, teléfonos antiguos, llaves, discos de vinilo y una extensa colección de almireces. “Los almireces son un capricho mío”, reconoce José. “Los vi siempre en casa y los he ido cogiendo. Tengo desde piezas del siglo XVI hasta el XIX”.
El mercado, sin embargo, no es el mismo que hace treinta años. José lo tiene claro: “Los sellos han decaído mucho, antes funcionaban mucho mejor. Y lo mismo con el tema de la religiosidad. Hoy en día tengo aquí objetos religiosos que no valen mucho dinero y no se venden”. Frente a ese retroceso, aparecen nuevas formas de coleccionismo: “Ahora se colecciona mucho la moneda de dos euros. Las conmemorativas que salen todos los años en toda Europa. Eso tiene una afición exagerada y me gusta mucho que esa afición atraiga a los jóvenes”.

OTRA MIRADA
En ese punto entra la figura de Carlos Aguilar, que aporta otra mirada al negocio que fundó su padre. Tras vivir unos años en Francia, regresó a Cuenca y se incorporó de lleno a la tienda familiar. “Nunca he estado desvinculado. Desde pequeño iba con mi padre a las convenciones numismáticas: Madrid, Valencia, Sevilla, Antequera… Siempre he estado en ese ambiente”, nos cuenta.
Ahora, además de la moneda, se centra en el arte. “Me gusta mucho la pintura, sobre todo la pintura antigua. Y también todo lo que tenga que ver con Cuenca. Me gusta mucho el siglo XVII y XVIII, y luego la pintura moderna de Cuenca”, afirma. En la tienda hay obras a la venta de autores locales como Bonifacio, Adrián Moya o Pacheco y algunas piezas que no están a la venta. “Hay cuadros que son de mi colección personal. Les tengo mucho cariño”, explica Carlos.
Padre e hijo se reparten los papeles con naturalidad. “Mi hijo entiende más de pintura”, reconoce José. “Yo entiendo más de monedas”. Carlos lo confirma: “Esto empezó como una numismática y una filatelia, y poco a poco se ha ido ampliando. Ahora es casi una brocante”. El término francés resume bien el espíritu del local: una mezcla ordenada de objetos con historia.
José y Carlos coinciden en un punto: la confusión que, hoy por hoy, genera Internet. “La gente viene diciendo que ha visto algo en Internet y cree que tiene un gran valor”, comenta Carlos. “Hay mucha intoxicación en la información. Una cosa es una antigüedad, otra cosa es viejo y otra cosa es vintage”. Insisten en que no todo lo antiguo es valioso y que la conservación es clave. “El coleccionista de verdad quiere las cosas muy bien conservadas, aunque tenga que pagar más por ellas”, subrayan.
Aun así, el papel de los Aguilar no es solo vender. “Aquí orientamos y si no sabemos algo, lo buscamos”. Una vocación didáctica que aparece en pequeños detalles, como una cuchara fechada en 1506 que Carlos guarda con especial cariño. “Tiene una marca de ensayador: una estrella de seis puntas y una hoja de perejil. Investigando vi que el ensayador era de Cuenca. La cuchara está muy mal, pero me hizo gracia por eso”.
No es una pieza valiosa en términos económicos, pero resume muy bien el espíritu de esta tienda: objetos que cuentan historias, especialmente cuando esas historias vuelven, una y otra vez, a Cuenca.