El nuevo Centro de Mayores de Tarancón se ha convertido en apenas unos meses en mucho más que un edificio recién estrenado ya que desde que abrió sus puertas en diciembre, este recurso ha multiplicado las actividades, ha recuperado iniciativas que se habían perdido por falta de espacio y se ha transformado en un punto de encuentro diario para cientos de personas mayores de la localidad.
Con más amplitud, nuevas salas, espacios adaptados y servicios modernizados, el centro vive ahora una etapa.“Todo el mundo ha venido corriendo al centro”, enfatiza Milagros Rodríguez, secretaria del Consejo de Mayores de Tarancón, al recordar cómo ha sido el traslado desde la antigua sede provisional.
Lo corrobora la directora del centro, Sacra Sáez Fernández, quien explica que el antiguo espacio se había quedado pequeño para atender la creciente demanda. Durante los años anteriores, muchas actividades tuvieron que repartirse por diferentes instalaciones municipales cedidas por el Ayuntamiento porque el edificio provisional no permitía asumir toda la programación. “Había talleres y actividades que directamente no podíamos hacer allí”, señala.
Ahora, el nuevo centro dispone de salas amplias, zonas comunes luminosas y espacios específicos para talleres, informática, actividades deportivas o encuentros sociales. Además, cuenta con medidas de eficiencia energética, placas solares y sistemas domotizados que hacen el edificio prácticamente autosuficiente.
El Centro de Mayores supera actualmente los 2.270 socios y recibe cada día entre 100 y 150 usuarios
El crecimiento también se refleja en las cifras. Actualmente el centro supera los 2.270 socios y cada día pasan por sus instalaciones entre 100 y 150 personas para participar en actividades o utilizar los servicios disponibles.
Las nuevas instalaciones han permitido recuperar actividades tradicionales muy vinculadas a la vida social del centro, como el pregón de Carnaval o los bailes de los domingos, además de ampliar la oferta con nuevas propuestas. Entre ellas figuran talleres de automaquillaje, iniciación al bonsái, informática avanzada, salud digital o proyectos intergeneracionales como la futura recuperación de la rondalla con abuelos y nietos.
También se pondrá en marcha un grupo específico de inglés para personas mayores en colaboración con la Escuela de Adultos. “Queremos que sea un espacio adaptado para ellos, porque muchas veces sienten vergüenza o piensan que ya no están a tiempo”, explica Sáez.
La actividad física ocupa además una parte importante de la programación. El centro cuenta con grupos de aeróbic, yoga, gimnasia de mantenimiento, baile en línea o paseos saludables, que reúnen semanalmente a decenas de usuarios. A ello se suman talleres de bolillos, pintura, ajedrez, club de lectura o cursos tecnológicos que van desde la iniciación informática hasta la creación de podcast o el uso seguro de internet.
“Todo es gratuito y eso genera muchísima demanda”, destaca la directora. La participación ha obligado incluso a ampliar grupos y limitar aforos en algunas actividades debido al elevado interés de los usuarios, como el bingo.

Uno de los espacios más esperados es la cafetería, todavía pendiente de adjudicación. Tanto la dirección como los usuarios consideran que será un elemento clave para potenciar la convivencia y recuperar algunas actividades sociales multitudinarias. La idea es que el servicio pueda incluir también comidas para los mayores.
El centro cuenta además con peluquería, podología, biblioteca, sala de prensa y un área informática abierta a los socios. La demanda de algunos servicios, como la podología, no deja de crecer debido a sus precios reducidos y a la buena acogida entre los usuarios.
CENTRO DE DÍA
Junto al centro de participación funciona también el Centro de Día, que actualmente atiende a diez usuarias y que previsiblemente ampliará plazas en el futuro. Las personas que acuden a este recurso pasan toda la jornada en las instalaciones, donde reciben terapia ocupacional, realizan gimnasia y comparten actividades y comidas. “Han ganado muchísimo con este edificio”, asegura Sáez.
Más allá de los talleres, el nuevo centro se ha convertido también en un espacio de convivencia y apoyo emocional. Y es que, desde la dirección trabajan especialmente en la detección de casos de soledad no deseada entre las personas mayores, coordinándose con otros recursos sociales cuando detectan situaciones de vulnerabilidad.
“Hay personas que vienen solas o que notas diferentes, y poco a poco vas viendo que detrás hay situaciones de soledad”, explica la directora, que subraya la importancia de crear vínculos y mantener una atención cercana con los usuarios.
El perfil de quienes acuden al centro también está cambiando. La media de edad de los socios en Tarancón ronda los 71 años, una de las más bajas de la provincia, algo que refleja cómo cada vez más personas jubiladas o próximas a la jubilación buscan espacios activos para mantenerse ocupadas y socializar.
“Hay mucha gente que todavía piensa que un centro de mayores es solo un sitio para jugar a las cartas”, explica Sáez. Sin embargo, la realidad diaria del nuevo edificio desmonta por completo ese estereotipo. El boca a boca y la curiosidad de muchos vecinos están haciendo que cada vez más personas entren para informarse, conocer las instalaciones y terminar participando en alguna de las múltiples actividades.