Las últimas investigaciones desarrolladas en el yacimiento arqueológico del Cerro de los Moros, en Castillejo de Iniesta, están ofreciendo una imagen cada vez más completa sobre cómo vivían las comunidades que habitaron este enclave hace aproximadamente 4.000 años. Y es que, los nuevos análisis realizados durante la campaña de 2025 han permitido reconstruir el entorno natural, la economía e incluso parte de la estructura social de quienes ocuparon este asentamiento fortificado de la Edad del Bronce.
Los trabajos, dirigidos por los arqueólogos Santiago David Domínguez y Jesús Francisco Torres dentro del proyecto de investigación sobre la karstificación de la provincia de Cuenca, han puesto el foco en el estudio del polen conservado en los niveles arqueológicos asociados a una gran destrucción violenta que se produjo hacia el año 2000 a.C.
En el entorno del castro se extendía una dehesa abierta dominada por encinas, un entorno más boscoso que el que hoy caracteriza a la comarca
Según explica Domínguez, el equipo ha logrado recuperar muestras de tierra selladas entre la fundación del castro y el episodio de destrucción, lo que ha permitido obtener una fotografía muy precisa del paisaje existente en aquel momento. “Los análisis nos están permitiendo reconstruir el ambiente que existía cuando el castro estaba en funcionamiento, justo antes de la destrucción”, señala. Y los resultados de las muestras enviadas al laboratorio del especialista José Antonio López Sáez, uno de los principales expertos en palinología de la Península Ibérica, han revelado un paisaje muy distinto al actual.
En el entorno del castro se extendía una dehesa abierta dominada por encinas, un entorno más boscoso que el que hoy caracteriza a la comarca. Sin embargo, el hallazgo más relevante tiene que ver con el papel que desempeñaba la ganadería en la vida de estas comunidades.
“Lo que tenemos en esta zona manchega son sociedades guerreras con castros amurallados cuya riqueza, prestigio y organización social funcionan en torno al control, la tenencia y la gestión del ganado”, señala el arqueólogo. La presencia de determinados hongos y esporas asociados a los excrementos animales, junto con los restos óseos recuperados en las excavaciones, confirman una importante actividad ganadera basada principalmente en ovejas, cabras y vacas, además de cerdos destinados al consumo de carne.

Además, los datos obtenidos indican que la agricultura tenía un peso menor en comparación con la ganadería. La escasa presencia de polen de cereales en las muestras estudiadas refuerza esta hipótesis. “Los animales son la base de su economía. Son sociedades guerreras y jerarquizadas donde seguramente unos tenían más ganado que otros”, afirma Domínguez, quien considera que la posesión de rebaños pudo constituir uno de los principales indicadores de estatus social.
Las investigaciones también han aportado nuevas evidencias sobre las relaciones que mantenían los habitantes del Cerro de los Moros con otros territorios peninsulares. Entre los hallazgos más destacados figura un anillo de oro de tradición argárica, actualmente conservado en el Museo Arqueológico de Cuenca, además de cuentas de collar y elementos decorativos elaborados en marfil. “Son pruebas de que tenían contacto con el sureste peninsular y también con África. Estas sociedades no estaban aisladas, sino integradas en amplias redes de intercambio”, destaca el investigador.

Si bien, muchas de estas piezas aparecieron en los niveles correspondientes a la gran destrucción que sufrió el poblado, lo que ha permitido su conservación. Y es que, tal y como señala Domínguez, “cuando hay un episodio violento la gente abandona el lugar rápidamente y no retiran sus pertenencias”. Y el derrumbe de las estructuras así como la acumulación de cenizas sellaron numerosos materiales, favoreciendo una conservación excepcional.
Además de los estudios de palinología, el equipo continúa avanzando en el análisis de la cerámica recuperada durante las excavaciones. Uno de los miembros del equipo está desarrollando un TFM sobre este tema. Así, han podido saber que algunos recipientes antiguos fueron triturados e incorporados como parte de la pasta utilizada para fabricar nuevas vasijas. Eso, sí, aunque todavía están estudiando el significado de esta práctica, los investigadores creen que podría responder a cuestiones simbólicas más que funcionales.
Nuevos avances que vienen a confirmar el potencial del yacmiento. “Estamos consiguiendo una fotografía muy completa. Sabemos mucho sobre cómo era la gente, cómo era el entorno, cómo habían modificado el paisaje y cómo funcionaban su economía y su sociedad”, asegura Domínguez.
La próxima campaña de excavaciones se centrará en las murallas y estructuras defensivas del asentamiento
La próxima campaña, prevista para después del verano, se centrará en el estudio de las murallas y de las estructuras defensivas del asentamiento. El objetivo será determinar si los distintos recintos fortificados fueron construidos de forma simultánea o corresponden a diferentes fases de ocupación. “Queremos entender cómo se articula el sistema defensivo y si las distintas terrazas del poblado forman parte de un mismo proyecto o responden a momentos diferentes de su historia”, explica el arqueólogo Santiago David Domínguez.
Con todo, los nuevos resultados consolidan el Cerro de los Moros como uno de los yacimientos más prometedores para comprender la prehistoria reciente de la provincia de Cuenca y arrojan nueva luz sobre unas comunidades cuya riqueza y poder se sustentaban, principalmente, en el control del ganado y del territorio.