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‘Mundo de Papel’: una papelería de barrio en Las Pedroñeras

En la Semana Mundial de la Papelería de Barrio, negocios rurales como este siguen siendo espacios de cercanía y puntos de encuentro entre generaciones
‘Mundo de Papel’: una papelería de barrio en Las Pedroñeras
Foto: Las Noticias
09/05/2026 - Eduardo M. Crespo

Su nombre es toda una declaración de intenciones: ‘Mundo de Papel’. Abrió sus puertas en Las Pedroñeras en 1992 y por la tienda han pasado varias generaciones de vecinos, desde escolares hasta adultos que hoy regresan acompañados de sus hijos. Al frente de esta librería papelería se encuentra actualmente Amaya Pérez, la segunda generación de un negocio familiar que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su carácter de proximidad.

El origen de la papelería está ligado a sus padres, José Luis y Mari Carmen, quienes pusieron en marcha el negocio bajo el nombre de ‘Librería Mari Carmen’. “Mis padres lo empezaron todo y nosotras siempre hemos estado ayudando. Cuando mi padre se jubiló, en 2016, decidí quedarme con la tienda porque no quería que se cerrara”, nos explica Amaya, que asumió entonces la continuidad del negocio.

Desde que se puso al frente del negocio, la papelería ha experimentado una evolución progresiva. “Cuando yo lo cogí, era todo más sencillo, más pausado. Mis padres ya eran mayores y el negocio estaba en otra etapa. Yo llegué con energía, amplié la sección de lectura y metí también la sección de regalos, que antes no estaba”, relata. Esta diversificación del negocio ha permitido reforzar la actividad en un entorno en el que el pequeño comercio necesita adaptarse de forma constante.

En la actualidad, ‘Mundo de Papel’ combina la venta de material escolar y de oficina con una oferta más amplia que incluye libros de lectura y artículos de regalo. “Ahora tengo mucha más variedad, tanto para público juvenil como adulto. He intentado pensar en lo que de verdad puede gustar a la gente del pueblo y ofrecer algo más completo”, añade.

Las Pedroñeras, con una población que ronda los 6.700 habitantes según los últimos datos del padrón, cuenta con varias papelerías especializadas. En este contexto, la diferenciación pasa por la atención directa al cliente. “Aquí no vemos a la persona como alguien que entra y compra sin más. Hay gente que necesita ayuda con la informática, con el escaneo de documentos o necesita mandar cosas importantes, y yo intento estar ahí para lo que necesiten”, explica.

 

“He visto crecer a muchos clientes; venían de pequeños y ahora regresan con sus hijos. Eso te hace sentir que el negocio forma parte de la vida del pueblo, más allá de lo que se vende”

 

Este trato cercano constituye una de las principales fortalezas del comercio local frente a otros formatos más modernos. “Muchas veces se piensa que fuera todo es más barato, pero no siempre es así. Nosotros ofrecemos calidad y, sobre todo, un asesoramiento personalizado que en otros sitios no existe”, subraya.

En el ámbito cultural, la librería mantiene un vínculo con la promoción de la lectura, especialmente entre los más jóvenes. “Los niños y los jóvenes sí leen bastante. En adultos siempre se puede mejorar, pero es verdad que en fechas como el Día del Libro se nota más movimiento. Este año, por ejemplo, he estado muy contenta porque la gente ha respondido”, señala.

Más allá de la actividad comercial, Amaya destaca el papel social de este tipo de negocios. “He visto crecer a muchos clientes. Venían de pequeños y ahora vuelven con sus hijos. Eso es muy bonito y te hace sentir que formas parte de la vida del pueblo”, afirma Pérez, quien durante seis años fue la presidenta de la Asociación de Comercio de Las Pedroñeras (ACOPE).

En el marco de la Semana Mundial de las Papelerías de Barrio, Amaya Pérez reivindica el valor de estos establecimientos en el entorno rural. “No es solo vender, es hacer comunidad. Los pequeños comercios damos vida al pueblo, estamos ahí todos los días y creamos una relación con la gente que va más allá de la compra”, sostiene.

La continuidad del negocio, no obstante, está sujeta a factores como el relevo generacional. Sus hijas cursan estudios superiores y, por el momento, no contemplan incorporarse a la actividad. “Es algo que pasa en muchos pueblos. Los jóvenes se van fuera y luego no siempre vuelven, aunque aquí hay calidad de vida y oportunidades”, reflexiona.

A pesar de ello, Amaya se muestra optimista sobre el futuro: “Es un servicio que se necesita. La gente viene todos los días por algo, y mientras eso siga pasando, el comercio tiene sentido. Yo no pienso dejarlo, esta papelería es mi vida y eso no va a cambiar”.