La Endiablada, más cerca de ser Fiesta de Interés Turístico Nacional
La Endiablada, uno de los ritos más antiguos y singulares de la provincia que se celebra en honor a la Virgen de la Candelaria y San Blas en Almonacid del Marquesado, está más cerca de recuperar el título de Fiesta de Interés Turístico Nacional.
El Ayuntamiento ha registrado ya ante el Gobierno Regional un expediente de más de 300 páginas que será remitido al Ministerio de Industria y Turismo para su evaluación.
Así lo ha señalado el alcalde de la localidad y presidente de la Diputación provincial de Cuenca, Álvaro Martínez Chana, en este lunes 2 de febrero, día de la Candelaria, en el que el municipio vive con fe e ilusión esta fiesta cargada de significado.
“La Endiablada llama la atención en todos los sentidos y queremos ponerla en valor. El hecho de que, por nuestras calles, en convivencia con los diablos y las danzantas, estén los fotógrafos más prestigiosos de este país es un síntoma de que la fiesta está viva”, ha subrayado.
Precisamente esas fotografías junto a los impactos mediáticos y la historia de La Endiablada conforman el documento que se ha remitido a La Junta para acreditar que esta fiesta “trasciende épocas y siglos”.
A propósito de esto, el alcalde ha puesto en valor el papel fundamental que juegan los fotógrafos nacionales e internacionales, profesionales y aficionados que cada año visitan Almonacid en estas fechas y “contribuyen a la difusión internacional de La Endiablada”.
EXPOSICIÓN
En este contexto se ha inaugurado una exposición de treinta fotografías titulada ‘La Endiablada. Herencia viva’, obra de los fotógrafos conquenses Pedro A. Muñoz, José Antonio Panadero y Enrique Martínez.
La muestra recoge los principales actos de la fiesta y podrá visitarse durante todo el año en el Museo de La Endiablada. Una iniciativa que, además, ha contacto con el impulso de la Fundación Antonio Pérez.
Por otro lado, Martínez Chana ha agradecido la presencia de los medios de comunicación, habituales en esta celebración, y ha subrayado el carácter emocional, identitario y espectacular de una fiesta que “se vive con lluvia o sin lluvia, con frío o con viento” y que cada año atrae a miles de visitantes, muchos de ellos amantes de la cultura, el patrimonio y la antropología.