La provincia encara una de las mejores campañas de lenteja castellana
La campaña de la lenteja castellana está prácticamente finalizada en La Manchuela conquense con unos resultados especialmente positivos tanto por la cantidad recogida como por la calidad del producto. Los agricultores de la comarca encaran una de las mejores cosechas de los últimos años, aunque el buen comportamiento del campo vuelve a encontrarse con una dificultad que amenaza la rentabilidad de las explotaciones: los bajos precios.
José Ángel Gabaldón, de la Asociación de Lenteja de La Manchuela Conquense (ALEMACON), explica que este año se ha obtenido una lenteja de una calidad “sorprendente, muy buena y de las mejores de los últimos años”.
Según detalla, en La Manchuela conquense se han sembrado alrededor de 10.000 hectáreas, con un rendimiento situado entre los 800 y los 1.000 kilos por hectárea. Estos datos permiten estimar una producción total de entre 8 y 10 millones de kilos de lenteja castellana.
Gabaldón detalla que la cosecha se ha incrementado respecto a otras campañas y que la calidad ha acompañado durante todo el proceso. Sin embargo, el principal problema aparece ahora, una vez recogido el producto, cuando llega el momento de venderlo.
Y es que, subraya, los compradores están recibiendo entre 60 y 70 céntimos por kilo. Según explica, un precio de unos 50 céntimos permitiría únicamente cubrir los gastos, mientras que el valor deseable debería situarse en torno a un euro por kilo para que los agricultores pudieran obtener rentabilidad.
“Tenemos la mejor lenteja del mundo, pero con unos precios muy bajos”, lamenta Gabaldón. Además, recuerda que hace unos veinte años el kilo se pagaba a unas 200 pesetas y que, desde entonces, el precio apenas ha evolucionado, pese al considerable incremento de los costes asociados a la producción.
A esta situación se suma la competencia de la lenteja de la variedad led, que comenzó a comercializarse como castellana a precios inferiores. Gabaldón explica que la lenteja producida en La Manchuela ofrece un rendimiento mucho mejor, no se despelleja durante la cocción y mantiene intacta su piel en el puchero.
“Estamos en la mejor zona del mundo, no sé si por la tierra o por la humedad”, pero las dificultades para acceder a los grandes canales de distribución impiden que el producto llegue fácilmente a los consumidores.
Así, incide en que tradicionalmente, la lenteja castellana encontraba salida en pequeñas tiendas de proximidad y ultramarinos. La progresiva desaparición de estos establecimientos ha reducido sus canales de venta, mientras que las grandes superficies no la incorporan habitualmente a sus lineales.
ALEMACON trabaja también en la creación de una Indicación Geográfica Protegida que permita diferenciar, proteger y dar valor a la lenteja castellana de La Manchuela conquense. El proceso está prácticamente terminado, aunque Gabaldón reconoce que falta una mayor implicación entre algunos productores, dado que muchos agricultores han dejado de sembrar como consecuencia de los precios bajos, el aumento de los costes y la competencia.
“Si no se empiezan a tomar medidas de verdad, nos vamos a quedar sin agricultura”, advierte Gabaldón, quien reclama el apoyo de las cadenas de supermercados para evitar que siga desapareciendo este cultivo.