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El carbono 14 data la torre de Chumillas entre finales del siglo XII y principios del XIII

Las investigaciones de los arqueólogos Santiago David Domínguez y Michel Muñoz han permitido desvelar el pasado de esta estructura defensiva

El carbono 14 data la torre de Chumillas entre finales del siglo XII y principios del XIII
La rehabilitación se ha acometido en tres intervenciones en los últimos seis años. Foto: Santiago D. Domínguez / Heroica Arqueología y Patrimonio Cultural
14/4/2021 · Miguel A. Ramón

Tras varios años de excavaciones y estudios, los arqueólogos Santiago David Domínguez Solera, de Heroica Arqueología y Patrimonio Cultural, y Michel Muñoz, de M&M Arqueología y Patrimonio Cultural, han logrado arrojar luz sobre el pasado de la torre de Chumillas, determinando no solo su origen, y por ende el del municipio, sino también su evolución a lo largo de los siglos.

Y es que de esta construcción defensiva existe poca documentación histórica y sí bastantes hipótesis y leyendas en torno a ella, de ahí que cobre especial relevancia la investigación científica realizada por estos arqueólogos. No en vano, han sometido a la prueba del carbono 14 las vigas de esta torre, determinando su origen entre finales del siglo XII y principios del XIII.

Una época “crucial y muy importante” de la historia de la provincia de Cuenca, según subraya Domínguez Solera, ya que su construcción se enmarca en plena lucha entre el Reino Cristiano de Castilla y el Imperio Musulmán Almohade, cuando el rey Alfonso VIII conquistaba Cuenca (1177) y Alarcón (1188) y era derrotado en Alarcos (1195). La situación de la frontera, por lo tanto, era tensa y cambiante hasta la victoria de la batalla de las Navas de Tolosa (1212), que permitió al rey ganar definitivamente para el Reino de Castilla las tierras manchegas. En ese contexto y dentro del proceso de repoblación de estos parajes, se levanta la torre de Chumillas. Y es que el rey concedería a nobles vasallos e instituciones afines diferentes parcelas de estas tierras conquistadas al Imperio Almohade y les permitiría edificar torres en ellas para defenderlas, como es el caso de la de Chumillas o las otras próximas de Piqueras del Castillo, Solera de Gabaldón, Valera de Abajo o Barchín del Hoyo, entre otras.

Torres, por lo tanto, que, en opinión de estos arqueólogos, dan la clave de cómo se llevó a cabo la repoblación en esta zona al nacer y desarrollarse municipios en torno a ellas, como fue el caso del pueblo de Chumillas; sin olvidar, por cierto, que servirían de ejemplo para la repoblación de las tierras del nuevo continente.

EVOLUCIÓN DE LA TORRE

Pero estas investigaciones han dado para mucho más y se ha determinado cómo fue evolucionando esta torre de Chumillas a lo largo de los siglos. Así, tras su construcción a finales del siglo XII y a lo largo del XIII, su uso fue primordialmente defensivo. Función que perdió relativamente pronto, lo que llevó consigo que entre los siglos XV y XVI surgieran las primeras viviendas alrededor de la torre.

Reconstrucción de la torre de Chumillas elaborada por Santiago D. Domínguez.

A partir de esa época, se desarrolla urbanísticamente el pueblo de Chumillas, tal y como lo conocemos en la actualidad, y paralelamente el deterioro se va adueñando de la torre, así como el consiguiente expolio de sus materiales.

A finales del siglo XX, se construye junto a la torre un parque y se acomete la reparación, con cemento y mampostería irregular, de la base de esta construcción defensiva, al tiempo que se decide colocar en su interior –a la altura de la tercera planta– el depósito de abastecimiento de agua del municipio, que, por cierto, aún está en pleno uso.

De esta manera, se llega al siglo XXI que es el momento en el que el Ayuntamiento de Chumillas se propone rehabilitar de manera integral este torreón origen de su municipio; algo que ha ido acometiendo en distintas fases hasta la actualidad.

características

Construida en poco tiempo, tal y como deja patente su factura poco sofisticada, este torreón tiene planta rectangular, con unas dimensiones de ocho metros de ancho por doce de largo, y una altura actual de 11 metros, que originariamente llegaba hasta los 15 metros gracias a sus cuatro plantas y que ahora se han quedado en tres. Una torre con una puerta en altura, a cuatro metros del suelo, que estaba coronada en el momento de su edificación por un matacán de madera rematado con un tejado de cuatro aguas y tejas de cerámica.

Se levantó con mampuestos y sillarejos toscos procedentes de las laderas del mismo cerro en el que se encuentra ubicada, aunque en sus esquinas cuenta con sillares más grandes y algo mejor tallados. Las piedras se unieron con cal y en su interior, las paredes no guardan una linealidad a plomo, sino que se disponen de forma decreciente y escalonada, coincidiendo con los diferentes pisos de madera que tuvo.

En la actualidad, cuenta con tres alturas: la planta baja, el primer piso donde se encuentra la puerta de acceso y el segundo piso ocupado parcialmente por el depósito de abastecimiento de agua instalado en su interior en la década de los setenta del pasado siglo XX.

INTERVENCIONES

Tanto esta investigación como las excavaciones arqueológicas acometidas en esta edificación han ido ligadas a distintas intervenciones encaminadas a la consolidación y rehabilitación integral de esta torre que se vienen desarrollando en los últimos seis años.

La primera se ejecutaba en los años 2016 y 2017. Dotada con un presupuesto de 30.300 euros financiado por la Diputación, se llevó a cabo la consolidación exterior de la torre, que, según el arquitecto responsable de las obras, Fernando Olmedilla, era más que necesaria a la vista del estado de los muros que presentaban notables pérdidas de mampostería hasta el punto de que paredes de dos metros de grosor se habían quedado en poco más de 50 centímetros, en especial, en la base.

Fotos: Santiago David Domínguez

La siguiente intervención, que supuso una inversión de 25.000 euros, también financiada por la institución provincial, se centró en la consolidación interior de la torre, al tiempo que los arqueólogos Domínguez y Muñoz procedían a realizar una cata en el perímetro de la construcción defensiva, hallando los cimientos de casas medievales, que se erigieron a un metro e, incluso, algunas de ellas apoyadas en los muros de la torre, lo que refuerza la teoría de que su función defensiva fue relativamente muy efímera.

Pero éstos no fueron los únicos trabajos arqueológicos de esta fase, puesto que también se intervino en el interior de la torre, que se encontraba colmatada de piedras y vegetación hasta la primera planta; es decir, unos cuatro metros de espesor. Labores que permitieron determinar que el suelo de la torre coincidía en nivel con el del exterior, además de encontrar dos niveles de incendio de la torre.

Se retiraron todos y cada uno de los restos allí acumulados despejando el interior de la torre y se procedió al rejuntado de las piedras, en especial, de aquellas zonas que no quedaron ocultas por los restos procedentes del desplome de los muros superiores.

Desde el pasado mes de septiembre se está llevando a cabo la tercera y última fase con la que se completará la consolidación, rehabilitación y puesta en valor de esta torre medieval. Actuación que conlleva una inversión de casi 47.300 euros sufragados en su totalidad por el Ayuntamiento de Chumillas con fondos propios.

Esta fase, cuya dirección técnica corresponde a los arquitectos Fernando Olmedilla y Yanira Huertas, y el control arqueológico a Michel Muñoz y Santiago David Domínguez Solera, se centra en la accesibilidad e interpretación de la torre. No en vano, estos dos arqueólogos se han encargado de elaborar el proyecto de interpretación compuesto principalmente por panelería, aunque también cuente con el apoyo de algún elemento audiovisual, en el que se haya recurrido, incluso, a la realidad aumentada.

Escalera de acceso a la torre. Foto: Fernando Olmedilla

Esta tercera y última fase de rehabilitación de la torre centrada en su accesibilidad e interpretación se encuentra muy avanzada hasta el punto de que uno de sus arquitectos, Fernando Olmedilla, estima que vaya a concluir previsiblemente a finales de este mes de abril. Las obras de accesibilidad están consistiendo en la colocación de una escalera metálica exterior hasta la única puerta de la torre, a cuatro metros de altura, conectando con una pasarela sin apoyar en los muros para no dañar el cajón del torreón y enlazar con una plataforma, también metálica, donde hay una escalera de caracol, que da acceso a varios niveles.

Y es que la torre cuenta con tres alturas: la planta baja, la de la entrada, donde se ha construido un forjado de madera imitando a lo que podría existir originariamente, y la tercera, encima del depósito de agua existente, donde se ha construido un forjado que apoya en el vaso perimetral del depósito. Teniendo en cuenta las peculiaridades de la torre, se ha condicionado el acceso a visitas guiadas de cinco personas como máximo.

Se colocará un panel explicativo en el exterior y otro en la segunda planta, mientras que en la tercera y última se instalará una barandilla de protección para que el visitante pueda disfrutar de las bonitas panorámicas que se pueden divisar desde lo alto de esta atalaya. Resta por colocar las tablas de madera de los dos forjados, las barandillas y concluir la escalera de caracol.

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