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La campaña de eventos impulsa la actividad de la hostelería conquense

Las celebraciones, cada vez más completas, se consolidan como un importante motor económico para muchos establecimientos
La campaña de eventos impulsa la actividad de la hostelería conquense
Foto: Lola Pineda
13/07/2026 - Paula Montero / Rubén M. Checa

La temporada de bodas, bautizos y comuniones es un año más uno de los principales motores de la hostelería de la provincia de Cuenca. Restaurantes, fincas, fotógrafos, y establecimientos especializados afrontan estos meses con un “alto nivel” de reservas y unas “perspectivas positivas”, en un contexto de estabilidad que, según confirman desde el sector, se mantiene desde hace varios años.

El secretario de la Agrupación Provincial de Hostelería de Cuenca, Diego López, asegura que la campaña transcurre “con total normalidad”, sin que se haya producido un descenso en el número de celebraciones. “Es un sector que no falla”, destaca, al tiempo que explica que las reservas para bodas mantienen un ritmo similar al de ejercicios anteriores.

Eso sí, una de las principales novedades es la ampliación del calendario de celebraciones. Si hace años las bodas se concentraban en unos pocos meses, ahora la temporada comienza en marzo y se prolonga hasta noviembre, lo que permite repartir la actividad durante buena parte del año.

Y, aunque no considera que 2026 esté siendo un ejercicio excepcional, López sí habla de un “buen número de reservas” y de una evolución estable. Y es que, la amplia oferta hostelera existente en la provincia hace que todavía puedan encontrarse fechas disponibles, si bien reconoce que los establecimientos más especializados en este tipo de eventos suelen completar su agenda con bastante antelación, “incluso con uno o dos años de margen”.

En este sentido, el impacto económico de esta campaña resulta especialmente significativo para la hostelería conquense. En algunos negocios, las bodas, bautizos y comuniones constituyen su actividad principal, mientras que para otros representan un importante complemento que refuerza la facturación anual.

Además, el perfil de las celebraciones ha evolucionado en los últimos años. Especialmente en el caso de las comuniones, ya que las familias demandan eventos más completos y personalizados que hace una década. Según explica López, ahora son habituales los menús más elaborados, las mesas temáticas de dulces o quesos y las actuaciones o animaciones, configurando una experiencia mucho más amplia que la tradicional comida familiar. “Se han convertido casi en una boda”, resume.

Sin embargo, la inflación y el incremento de los costes han afectado y afectan a la hostelería, aunque tal y como confirma López “se está realizando un importante esfuerzo para evitar trasladar completamente esas subidas a los clientes”.

Eso sí, la diversidad de la oferta que existe en la provincia permite atender distintos presupuestos. “Tenemos hostelería para todo tipo de celebraciones y para todo tipo de bolsillos”, explica, por lo que cada familia puede elegir la opción que mejor se adapte tanto a sus preferencias como a sus posibilidades económicas.

Otro fenómeno que el sector ha comenzado a detectar es la llegada de parejas de fuera de la provincia para celebrar su boda en Cuenca. Aunque todavía representa un porcentaje reducido, Diego López destaca que es una tendencia que antes prácticamente no existía. A su juicio, este interés refleja la buena evolución de la oferta hostelera provincial y el atractivo que han adquirido sus espacios para acoger este tipo de eventos.

Con la temporada ya en marcha y un calendario que se extenderá hasta el otoño, la hostelería conquense afronta los próximos meses con optimismo. “Está funcionando muy bien lo que llevamos y esperamos que la temporada acabe igual de bien”, concluye el secretario de la Agrupación Provincial de Hostelería.

 

EN PRIMERA PERSONA

Los cambios que atraviesa el sector de las celebraciones también se perciben desde el otro lado de la mesa, entre quienes llevan años organizando este tipo de eventos. En la provincia, los establecimientos consultados coinciden en que se celebran más eventos, pero las bodas son cada vez menos numerosas.

Es el caso del Hotel Moya de Landete, que combina las celebraciones en sus propias instalaciones con un servicio de catering, su directora, Mari Carmen Jimeno, afronta una temporada especialmente intensa, con 33 bodas previstas entre ambas modalidades.

“Este año estamos a tope. Hemos incrementado bastante el número de eventos respecto al año pasado”, explica. Sin embargo, ese crecimiento no se traduce necesariamente en enlaces multitudinarios. De todas las bodas que tienen programadas, solamente dos se acercan a los 300 invitados. El resto se mueven, generalmente, entre las 80 y las 150 personas.

De esas 33 celebraciones, alrededor de una docena tendrán lugar en el propio hotel. En este sentido,  Jimeno considera que la reducción del número de establecimientos y profesionales dedicados a la hostelería también ha provocado que los negocios que sí continúan concentren una mayor número. 

Las bodas más pequeñas, sostiene, permiten además ofrecer una atención más cercana y diseñar una celebración con mayor personalidad. La directora del Hotel Moya observa que actualmente son los propios novios quienes toman la mayoría de las decisiones y elaboran una lista centrada en familiares y amigos cercanos. Atrás quedan, en muchos casos, aquellos enlaces en los que los padres invitaban a vecinos, conocidos o familiares lejanos.

Una evolución similar ha detectado Mari Paz Marlo desde Finca Marlo, situada en Embid. El espacio acoge alrededor de 25 o 30 bodas cada temporada, una cifra que se mantiene estable respecto al ejercicio anterior. Como ocurre en el Hotel Moya, aquí también se ha reducido el número de invitados durante los últimos años. “Los enlaces son cada vez más pequeñitos, de ciento y pocos invitados”, explica Marlo, que gestiona la finca desde 2021. 

Además del número de invitados, también ha cambiado la estructura de los banquetes. Tanto en el Hotel Moya como en la Finca Marlo coinciden en que el cóctel ha pasado a ocupar buena parte del protagonismo. Los novios apuestan por aperitivos prolongados, dinámicos y con una gran variedad de propuestas, mientras reducen el tiempo que los invitados permanecen sentados a la mesa. “El momento del cóctel es el que más se disfruta. Es el más dinámico y la gente llega con más apetito y con más sed”, detalla Mari Paz Marlo. 

Pese a esa modernización, Mari Carmen Jimeno se resiste a que determinadas tradiciones desaparezcan por completo. Una de ellas es la tarta nupcial, que muchas parejas jóvenes ya no consideran imprescindible. Ella continúa recomendándola, aunque sea por mantener la fotografía del corte y satisfacer a aquellos familiares que siguen esperando encontrarla en el menú.

Donde tampoco existen demasiadas dudas es en la elección del plato principal. El cordero sigue siendo uno de los productos más demandados en las celebraciones de la provincia. En el Hotel Moya aparece en aproximadamente el 85 o el 90 por ciento de los menús.

Jimeno destaca que muchos invitados procedentes de Madrid, Valencia, Barcelona u otros lugares aprovechan su asistencia a una boda en la Serranía para degustar este producto, definiéndolo como una “apuesta segura”.

En la Finca Marlo sucede algo parecido. El cordero es también el plato que más se sirve. “Ahora es raro que una boda lleve marisco”, apunta Mari Paz Marlo.

También están cambiando los horarios. La mayoría de las bodas se celebran al mediodía, lo que permite prolongar la jornada y disfrutar durante más horas de la finca o del espacio elegido. Las cenas quedan reservadas principalmente para los periodos de mayor calor, como las últimas semanas de junio, el mes de julio o agosto.

Eso sí, tal y como apuntaban desde la Agrupación de Hostelería, el calendario también comienza a extenderse más allá de los meses tradicionalmente considerados como temporada alta. En la Finca Marlo se celebran enlaces desde abril hasta noviembre, aunque junio, julio y septiembre son los meses más demandados. Y es que, tal y como apunta Jimeno, el calor está llevando a las parejas a buscar alternativas más allá del verano.