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Yacimientos arqueológicos

En busca de saber cómo vivían en la villa romana de Noheda entre los siglos IV y VI

Un proyecto de la UCLM en este yacimiento, además de las excavaciones, arqueológicas, pretende recomponer el ecosistema de esos 300 años

En busca de saber cómo vivían en la villa romana de Noheda entre los siglos IV y VI
En las excavaciones han llegado a participar hasta 25 personas. Fotos: Saúl García
18/9/2021 · Miguel A. Ramón

El yacimiento de la Villa Romana de Noheda es mucho más que sus magníficos mosaicos. Y así lo entiende la Universidad de Castilla-La Mancha, que este año, con la financiación del Gobierno regional, está desarrollando un proyecto de investigación que va más allá de las excavaciones y que pretende recomponer el ecosistema de la villa monumental, estudiando en profundidad no solo sus restos arqueológicos, sino también la vegetación y la fauna.

Todo ello para conocer cómo era la vida de los habitantes de la villa romana, cuál era su dieta, etcétera; en definitiva, el modus vivendi no solo del dominum de Noheda, sino ante todo de las entre 150 y 200 personas que residían y trabajaban allí entre los siglos IV y VI. Algo que “no se suele hacer en los yacimientos de otras villas romanas, porque se excavaron en los años 50 y en aquel momento buscaban únicamente los mosaicos”, tal y como explica el director científico de las excavaciones, el arqueólogo Miguel Ángel Valero.

Con esta metodología del siglo XXI, tras las labores de excavación, llega el momento del análisis en profundidad de los restos encontrados, pero no solo de los mármoles o las teselas, sino también de las piedras, morteros, restos de fauna e, incluso, del polén de las distintas épocas objeto de estudio. Para ello la UCLM cuenta en este proyecto de investigación con la colaboración de organismos como el Consejo Superior de Estudios Científicos (CSIC), que se encarga de analizar los morteros, piedras y polen; la Universidad de Valencia, que se centra en la fauna; y el Instituto Catalán de Arqueología Clásica (ICAC), que hace lo propio con las teselas de los mosaicos, al igual que la Universidad de Alicante, con los mármoles. 

Como consecuencia, se puede decir que en Noheda hubo un primer asentamiento íbero en el siglo IV a.C.; posteriormente, en el siglo I se erigió una villa de negocio, con la explotación de cereales y olivo, que desaparecería en favor de la construcción en el mismo lugar, e incluso utilizando sus propias piedras, de la actual villa monumental, de ocio y negocio, en el siglo IV, agregando a la actividad económica el cultivo de la uva (probablemente bobal) y una explotación ganadera de entidad. Ocupación que se prolongaría dos siglos más, pero, eso sí, dejando a un lado la opulencia y apogeo inicial de la villa por una etapa de declive y subsistencia, que obligó a sus moradores a tener una resiliencia supina. De hecho, según detalla Valero, en esa época, cuando el dominum ya había abandonado la villa, los habitantes se dedicaron a adecuar cada estancia para otros usos, como por ejemplo, el gran comedor (triclinium), donde se encuentra el impresionante mosaico de la villa, como zona de extracción de mármoles para su venta, o las termas (balneum) como espacio de producción, ubicando en ellas desde silos para el grano hasta una herrería.

Del estudio de la basura, se ha podido saber que en el siglo IV los moradores de Noheda comían animales jóvenes asados, en especial jabalí y ciervo, mucho pescado y ostras de río. Dieta que nada tenía que ver con la predominante en los siglos V y VI, con el declive de la villa, cuando se comían animales viejos, no asados sino guisados.

Y con el análisis de los materiales encontrados (más de una treintena de mármoles procedentes de todo el Arco Mediterráneo, teselas, piedras y morteros) se pretende conocer el coste de la villa monumental y hasta la duración de su construcción.

 

EXCAVACIONES

Como es lógico todas estas investigaciones no se han podido acometer sin unas excavaciones arqueológicas previas. Trabajos que este año daban comienzo, en un primer momento, a mediados del mes de junio con alumnos del taller de empleo del proyecto de Recualificación y Reciclaje Profesional (RECUAL), si bien no sería hasta el pasado 30 de agosto cuando comenzarían de lleno, no solo con las ocho personas del RECUAL, sino también con alumnos de la Facultad de Humanidades del Campus de Cuenca y de la Universidad de Mayores ‘José Saramago’, que se prolongarán hasta mediados de este mes.

Yoan Rostislavov y Manuel Aparicio son dos de los participantes en las excavaciones de este año. El primero, estudiante de segundo curso del grado de Humanidad: Historia Cultural, y el segundo, alumno de la Universidad de Mayores ‘José Saramago’. Ambos se muestran encantados con la oportunidad de poder trabajar en un yacimiento de las características de Noheda, a pesar de lo cansado del trabajo. Y es que no dudan en asegurar que “la experiencia merece la pena”.

Las excavaciones de este año han permitido localizar un edificio de más de 800 metros cuadrados, con muros de hasta 1,2 metros de anchura y una altura conservada de 2 metros, que, en la actualidad se encuentran bajo tierra. A tenor de la anchura de sus muros, Valero apunta que este edificio podría tener una altura conservada de unos 6 metros. “Queda mucho por hacer”, tal y como recalca, pero son muchas las expectativas puestas en este edificio del siglo IV, entre otros motivos, por todo lo que puede llegar a ofrecer una vez se excaven los dos metros de profundidad de su interior.

En todo caso, se trata de un edificio de dimensiones extraordinarias, de cuyas características no hay nada igual en otros yacimientos similares, según recalca el director científico de las excavaciones, por lo que manifiesta que aún es pronto para saber cuál era su funcionalidad.

 Si bien barajan dos hipótesis, por un lado, que se trate de un elemento de la parte urbana de la villa, por lo que podría tratarse de un salón de recepciones, o, por otro, que forme parte del complejo productivo y en ese caso cabría la posibilidad de tratarse de un edificio de almacenaje o una almazara (torcularium). Pero, tal y como remarca, “no dejan de ser dos teorías que, por el momento, no podemos corroborar”.

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