16 de Enero de 2021 Son las 16:03

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Violencia de género

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres adquiere este año mayor relevancia que en ediciones anteriores. Es así por dos razones fundamentales: porque en lo que va de año han muerto en España 41 mujeres a manos de sus parejas, fiel reflejo de que la lacra no se soluciona, y porque la pandemia ha agudizado la tragedia de muchas mujeres que se han visto obligadas a vivir confinadas con sus maltratadores bajo el mismo techo. A la zozobra de tener que compartir espacio cerrado con sus peligrosas parejas se les ha sumado el natural pánico a huir o a solicitar ayuda fuera de casa, sobre todo en una situación de epidemia general que ha sumido a la sociedad en el miedo al contacto social. Y la situación se ha enconado más si hay hijos por medio.

El problema se agrava en el caso de las mujeres rurales que sufren violencia en sus hogares. Están más expuestas porque en muchos pueblos aún se mantiene un machismo atávico, no hay presencia permanente de Policía o Guardia Civil y sus ayuntamientos no disponen de mecanismos asistenciales suficientes para atenderlas en caso de urgente necesidad.

En este sentido, es positiva la actividad de asociaciones como FADEMUR, Asociación de Mujeres Rurales, que desarrollan estos días una campaña para implementar en los pequeños municipios espacios de atención para estas mujeres en locales o instalaciones de consistorios y organizaciones agrarias. Sea pues bienvenida la imaginación como un componente más en esta lucha desigual.

El día 25 se conmemora ese día internacional, pero no es suficiente. Manifestaciones, minutos de silencio, discursos dolientes y pasquines contribuyen a generar un clima positivo, pero efímero. Hay que mantener una tensión constante. Es necesario y urgente aumentar los recursos que las administraciones dedican a la atención de las mujeres víctimas de violencia de género. Y no sólo para protegerlas mediante recursos habitacionales o de acogida, sino también para garantizar que pueden rehacer sus vidas por sus propios medios, lejos de los golpes y de las vejaciones de sus parejas.

Nuestra región cuenta con 14 recursos de acogida y uno más, de carácter extraordinario, puesto en marcha con motivo de la pandemia, pero no es bastante. Creemos que se debe dar la oportunidad de mejorar sus vidas a quienes sufren estas tragedias mediante espacios propios y particulares que no les recuerden que están viviendo de la caridad institucional, aunque eso es difícil de conseguir en una sociedad cuya cultura permite aún comportamientos machistas y “tics patriarcales”.

Y también hay que fomentar una cultura de la igualdad para que, desde la infancia, niños y niñas aprendan a que no hay más diferencias entre hombres y mujeres que las meramente fisiológicas.

No basta con animar a las mujeres a que denuncien sin miedo cualquier maltrato, también se debe conminar a la ciudadanía a que informe a las autoridades si detecta violencia en su entorno. Y así, quizá llegue el día en que el 25 de noviembre sea sólo una fecha más en el calendario.

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