Rastreando el pasado
En tanto los científicos progresan en el conocimiento del origen de Lo Hueco –uno de los yacimientos paleontológios más importantes del Cretácico Superior europeo para el estudio de los titanosaurios debido al elevado número encontrado en él tanto de restos óseos aislados como de esqueletos relativamente completos de esos grandes saurópodos que habitaron ese entorno hace setenta millones de años– mediante un análisis de las estructuras de bioerosión producto de las perforaciones producidas en sus huesos y, por primera vez, también en piezas de su armadura dérmica por insectos necrófagos, un análisis que les está llevando a modificar algunas de las ideas que se tenían sobre el origen de ese paleosistema, en un entorno aún más cercano, por inserto en él, a nuestro capitalino derredor y desde luego con una mucho más próxima procedencia en el tiempo, las obras de restauración que se están llevando a cabo en el entorno del Arco de Bezudo han venido a sacar a la luz, amén de otros también nuevos descubrimientos, los vestigios de lo que –como dicen sus descubridores, aunque todavía con toda la lógica e imprescindible cautela– podrían ser los de la capilla del antiguo Alcázar, una construcción mandada erigir en 1215 por el hijo de Alfonso VIII, Enrique I, ahora hallada en una ubicación en la que hasta hace nada sólo se conocía un tramo de muro –que se había localizado durante las excavaciones realizadas en la década de los ochenta del pasado siglo por Manuel Osuna y Juana Huélamo– que, eso sí, tradicionalmente se había asociado a esa capilla por otro lado mencionada en las fuentes medievales. Se trataría de un hallazgo que, y a falta de poder llevar a cabo una mejor precisión cronológica –se ha hablado de que se trataría de una estructura posterior a las obras impulsadas por Alfonso VIII que podría datarse entre finales del siglo XIII y el XIV–, también, cual en el caso de Lo Hueco, podría llevar asimismo a los historiadores a replantearse la interpretación del conjunto arquitectónico global. Son el uno y el otro avances en el conocimiento en el primer caso del pasado remoto de nuestra tierra y en el segundo de nuestra propia historia ciudadana, que con ese su decirnos cómo era tanto tiempo atrás el territorio en donde acabaríamos asentándonos y cómo y de qué manera lo hicimos, vienen a enriquecer nuestro patrimonio intelectual y cultural. Dicho lo cual déjenme también decirles, viniéndome a nuestro más inmediato y doméstico ahora, la satisfacción de que, tras la petición del grupo municipal Cuenca en Marcha-Unidas por Cuenca de información de los motivos de la tala de varios cipreses en el entorno del Arco y la correlativa pregunta de si estaba prevista alguna acción compensatoria, la concejala de Turismo, tras señalar que la tala se había realizado en el marco de esos mencionados trabajos en el foso del Arco y en la muralla, haya anunciado que se compensará con nuevas plantaciones en otro espacio de la zona siguiendo el criterio que al respecto indiquen los técnicos.