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José Ángel García
José Ángel García
05/03/2023

Un pintor

Si algo ha venido a poner especialmente de manifiesto la cuando escribo estas líneas a punto de finalizar exposición de Fernando Zóbel –“El futuro del pasado”– en el madrileño Museo del Prado ha sido la validez y singularidad de su condición de creador artístico más allá de esa su paralela de mecenas creador del Museo de Arte Abstracto y promocionador-impulsor de la abstracción española que tanto ha dado de lado y preterido, no sólo por nuestros provinciales lares sino en el propio habitual relato de la socio-historia del hacer plástico contemporáneo de nuestro país, la validez y singularidad de su obra dentro de ese mismo panorama de la pintura hispana de nuestros días.

Desde un planteamiento eminentemente didáctico muy distinto del de la antológica exhibida en su día en el Museo Reina Sofía, la muestra de la principal pinacoteca de nuestro país mediante las cuarenta y dos pinturas mostradas en sus muros que, en clarificador diálogo con los cincuenta y un cuadernos de apuntes y los ochenta y cinco dibujos y obras sobre papel que, procedentes de colecciones españolas, filipinas y norteamericanas, conformaban el recorrido de la exposición, mostraba-demostraba a cuantos a ella se acercaran la diferenciada personalidad dentro de su grupo generacional de un artista que, a horcajadas entre dos tradiciones, la oriental en cuyo ámbito geográfico y cultural naciera y la occidental totalmente asumida, comprendida e igualmente amada, desarrolló un hacer que, en permanente diálogo con la tradición –como tan palmariamente dejaba patente la muestra– iba desembocar en una obra proteica, nunca negada a cualquier camino, a la par que lírica esencializada desde sus propios elementos plástico-expresivos, en la que se aliaban, sin contradicciones, lo lírico y lo intelectual, sustentada en la solidez de un conocimiento y una cultura poco comunes, radical y absolutamente sustantiva, como quedaba puesto rotundamente de manifiesto en las cinco secciones –“El descubrimiento del pasado”, “Dibujar pintando: caligrafía artística y pintura abstracta”, “Conversaciones con los maestros”, “Imágenes dialécticas”, “Paisajes del pasado y el futuro”– que, complementadas por la documentación original y gráfica mostrada, junto a una realización fílmica de Sofía Prior sobre sus cuadernos (que por cierto podrá verse en próximas fechas en las Casas Colgadas concluida ya en ellas la acomodación climática de sus espacios expositivos) daban cumplida cuenta en la sala con que finalizaba el recorrido –bajo a su vez el epígrafe de “El ojo cosmopolita– de la condición de “ciudadano del cosmos”, de la realidad de un artista que conformó tanto su vida como su trayectoria plástica en y desde la cultura y que, con enorme generosidad, iba a poner a su servicio, al servicio de esa cultura –de la Cultura, vamos– además de esa su esencial condición de artista, de pintor, a la que me he venido refiriendo, también, por supuesto, su trayectoria –y tomo literalmente su descripción de los textos informativos de la propia exposición– “como educador, como agudo caricaturista, como “agitador” cultural en su Filipinas natal, como coleccionista en España y como fundador/impulsor de dos museos, la Ateneo Arte Gallery en Manila y el Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca”.     

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