Otra vez
Seguramente ser rencoroso es de las peores cosas que te pueden suceder en esta vida; comparable con pocas cosas, como, por ejemplo, no ser rencoroso. No soy rencoroso y eso me permite decepcionarme una y otra vez. Cada vez que hay una gran catástrofe sucede lo mismo: unos primeros momentos en los que parece que sale a la luz lo mejor del ser humano y, acto seguido, lo peor de los políticos, los ateos e ignorantes.
Digo políticos porque van en las listas; digo ateos porque nadie que tuviera fe en algún dios que mereciese mi respeto actuaría así; y digo ignorantes porque hay que ser ignorante para dejarse llevar por el odio de esa manera. Dicen que después de estas cosas salimos mejores; yo pienso que unas pocas personas, aquellas que desgraciadamente son tocadas por la tragedia, son mejores; la sociedad, viviendo de espaldas a toda esa gente, peor. Y así es como otra vez más vivo en un estado de decepción, pero no pasa nada; no ser rencoroso también tiene cosas buenas: en unos días, unas semanas, no lo sé bien, recordaré la tragedia, pero no la decepción.
Eso sí, aunque yo lo olvide, seguiremos siendo un poco peores. Mientras tanto, esperaré para este fin de semana la nieve, como agua de mayo, para intentar leer Entre visillos acodado en el radiador de mi casa.