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Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Julio Magdalena Calvo


22/12/2021

Gestión de la pandemia…o algo por el estilo

Sé por experiencia propia, que la toma de decisiones es una de las cosas más difíciles a las que se tiene que enfrentar aquella persona que tenga una responsabilidad en diferentes contextos, al tener que elegir una opción entre las que disponga, para resolver, aliviar o, al menos, minimizar una situación problemática dada. Obviamente, la dificultad crecerá en orden directamente proporcional a las consecuencias que la decisión comporte.

Dicho lo anterior, se colige que no cualquier persona dispone de la capacidad necesaria y, sobre todo, suficiente para tomar una decisión; una decisión responsable quiero decir, porque elegir tirando los dados puede hacerlo todo el mundo. Todo el mundo de irresponsables me refiero, que desgraciadamente los hay a patadas; y los hay porque hagan lo que hagan, no les pasa nada...o les pasa a unos pocos.

En la actual situación de pandemia que estamos padeciendo, no me gustaría estar en el pellejo de los dirigentes que han de tomar decisiones en dicho ámbito, por el desconocimiento que tengo de la materia y de las consecuencias que comporta en la salud y ¡es más! en la vida de los afectados, de sus familiares y allegados, así como del resto de la población en general.

Ahora bien, reconociendo públicamente mi incapacidad para tal menester, he de añadir, empero, que si me viese en tal necesidad (se trata de una hipótesis inviable, pero para ¡cuántos dirigentes es absolutamente factible!), lo primero que haría es confiar plenamente en los expertos en la materia, allegando los recursos suficientes para que los sanitarios puedan realizar su labor de forma eficiente; tratando de unificar las decisiones considerando el universo poblacional a proteger y a curar como un todo y no como la suma de partes (a veces, ni siquiera eso), sin dejar que otros factores, ya fueran de tipo emocional como el estado de ánimo o el miedo, ya de índole laboral o político, como la pérdida del cargo, o el oportunismo electoralista, pongamos por caso, influyese en mi decisión, siguiendo los principios de Cicerón “Salus populi suprema lex est”, arrostrando con valor y entereza el chaparrón que, sin duda, se me vendría encima.

¡Eso es muy fácil decirlo, lo difícil es hacerlo! Hasta aquí me llega el clamor de muchos de ustedes. Y no les falta razón, porque la opinión gratuita o el prejuicio, casi siempre de carácter negativo y efecto dañino, son los más sencillos e inconsecuentes de cualesquiera de nuestros actos, pero estos procederes no me los pueden achacar a mí, puesto que ya he reconocido más arriba que mi discernimiento sobre la gestión de la pandemia, solamente se trataba de una hipótesis inviable. Claro que entre los paréntesis en los que he metido dicha declaración, también añadía otro comentario cuya opinión dejo a su libre disposición.

¡Felices fiestas!

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