11 de Julio de 2020 Son las 9:06

Opinión

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Especial Semana Santa 2020
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Eduardo Soto

De la esclavitud al racismo climático

La evolución del racismo está íntimamente ligada al interés (léase egoísmo) por el beneficio económico, siendo el resto de matices (racismo natural, cultural o religioso) justificaciones internas para esclavizar al otro. Esta es mi tesis: desde el mundo tribal hasta nuestros días, discriminar al otro conforma la excusa perfecta para asesinarle, robarle lo suyo, y/o esclavizarlo. El espacio del artículo es breve para desarrollarla al completo, aportaré unas postales contemporáneas para vislumbrar su profundidad.

Ya en el Génesis se dice sin disimulo alguno: “Jacob se hizo inmensamente rico, y llegó a tener una gran cantidad de ganado, de esclavos, esclavas, camellos y asnos”. Y la mayoría ignora que cuando Moisés bajó del Monte Sinaí, además de los diez mandamientos, traía bajo el brazo un amplio repertorio legislativo sobre cómo debía regularse el trato con los esclavos. Aristóteles declaró la esclavitud cosa natural y necesaria para los pudientes y el Imperio Romano normalizó la esclavitud a extremos épico fílmicos bien conocidos. Jesucristo, ese personaje a menudo tan manipulado para defender causas opuestas a las que formuló, se lo puso difícil a sus seguidores cuando dijo “el que quiera ser el primero que se haga su esclavo” (Mateo 20).

No todos, pero miembros destacados de la Iglesia católica de USA han reprendido la hipócrita actitud de Donald Trump enarbolando la Biblia para intentar salir del atraganto que le ha provocado el caso de George Floyd. El arzobispo de Washington Wilton Gregory le ha dicho: "Me parece desconcertante y reprensible que cualquier instalación católica pueda ser tan mal utilizada y manipulada de una manera que viole nuestros principios religiosos, que nos llaman a defender los derechos de todas las personas". En el país en el que existe una interpretación racista, antisemita y supremacista blanca del cristianismo que se denomina Identidad Cristiana (sucursal del KKK), que asevera que solo los descendientes anglosajones, germánicos, celtas, nórdicos y arios son los herederos legítimos del pueblo elegido, los no blancos tienen muy difícil ascender en la escala social. Sobre todo si su pasado fue truncado bruscamente por un personaje como Edward Colston, paisano de Bristol, a la sazón gerente del transporte a la esclavitud de aproximadamente 84.000 africanos al nuevo mundo. El otro día, la escultura de este exponente de las exitosas compañías que prosperaron (muchas hasta nuestros días) gracias a la idea de que los negros pueden ser esclavizados para servir a la raza blanca en el nuevo Reino celestial en la Tierra, acabó en el mar, como en su día acabaron los 19.000 negros que murieron en esos viajes inhumanos.

A Occidente le cuesta asumir sus crímenes y atrocidades del pasado. Reconocer el inmenso expolio derivado de la colonización le obligaría a regularizar un reparto de la tierra que no entra siquiera en su concepción moral de la existencia. A esta desigualdad histórica se suma que el Norte Global (los países de los blancos) es el que más ha contribuido y contribuye a la suma de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a la atmósfera y, por tanto, a la subida de la temperatura en el planeta y, consecuentemente, al ya muy cercano colapso climático. Esta emergencia climática, de la que nadie parece darse cuenta (luego denunciarán cínicamente a las autoridades de prevaricación por no prohibirnos hoy contaminar), está afectando ya a los países cuya mayoritaria población no es de piel blanca.

Ya se cifra en unos 200 millones de emigrantes para 2050 los que se verán expulsados de sus países por la violencia y la impiedad del clima (ojo, empezarán a migrar antes). Obligados a buscar una nueva tierra prometida serán (son) tomados por irregulares, indocumentados, delincuentes, pobres, perseguidos. Serán los de siempre: los que tienen hambre y sed de justicia. Los países industrializados corren a blindar sus fronteras para evitar que Aylan nos invada, al pequeño ni siquiera pudimos oírle decir “I can't breathe”, me ahogo.

Tome nota: cuando suba la temperatura global por encima de los dos grados será importante el color de tu piel pero mucho más principal tu capacidad adquisitiva para disponer de una casa fortaleza con aire acondicionado y descontaminado, una moral que encubra tu cinismo y una abultada cuenta en Suiza para soportar la travesía de ese desierto que significa un mundo sin agua potable y sin rastro de humanidad.

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