“El teatro visual permite contar lo esencial incluso sin utilizar palabras”
Humor, máscaras, silencio y reflexión. La compañía Marie de Jongh llega este sábado 9 de mayo al Teatro Auditorio de Cuenca con ‘Mr. Bo’, una propuesta teatral dirigida a todos los públicos que combina el clown y el teatro visual para hablar, desde la emoción y la comedia, sobre el abuso de poder. Detrás del espectáculo está Jokin Oregi, autor y director de una de las compañías de referencia del teatro familiar y visual en España, que defiende un teatro “exigente y de alta calidad” para niños y adultos.
¿Qué se va a encontrar el público de Cuenca que vaya a ver Mr. Bo este sábado?
Con un espectáculo sorprendente, sin palabras, de máscaras y dirigido a todos los públicos. Cuando decimos “a partir de 4 años” es algo orientativo, porque realmente es un espectáculo pensado para compartir en familia, entre diferentes generaciones. Nos gusta mucho que vengan también adultos sin niños, porque creemos que compartir un hecho artístico entre generaciones es importante. Muchas veces parece que los niños tienen que ir a ver “cosas de niños” y los adultos “cosas de adultos”, y nosotros defendemos justo lo contrario.
Entonces no es únicamente una obra infantil.
No, no. Puede disfrutarla cualquiera. Evidentemente está pensada para que los niños la entiendan y la disfruten, pero también los adultos. Bienvenidos sean los abuelos, las abuelas y todo el mundo.
¿Cómo nace la idea de Mr. Bo y qué queréis transmitir con ella?
Nosotros siempre partimos de pensar a quién nos dirigimos. Creamos historias originales, no hacemos adaptaciones, y buscamos tratar temas que interpelen directamente a los niños y les ayuden a crecer como personas críticas. En este caso hablamos del abuso de poder. Es algo que ellos viven en las escuelas, en las cuadrillas, incluso en casa. Hay líderes positivos y otros que no lo son tanto. En Mr. Bo vemos a un personaje despótico, abusón, tirano con sus criados, y nos preguntamos qué le ha llevado a convertirse en eso.
Y además lo hacéis desde el humor y el clown.
Claro. Todo está contado desde la diversión. Es un espectáculo divertido y los niños se lo pasan muy bien, pero también tiene momentos muy emocionales. Hay una escena que todavía me conmueve, aunque hayamos hecho muchísimas funciones. Es un momento en el que Mr. Bo se va quitando capas hasta convertirse en el niño que fue. Ahí se hace un silencio tremendo en la sala. Ver a niños de 4 o 5 años completamente atentos te hace pensar que has dado en el clavo, que estás tratando temas que realmente les llegan.
¿Cómo ha sido el proceso de convertir un tema tan complejo como el abuso de poder en un espectáculo para toda la familia?
Pues como todos los procesos creativos: fallando muchísimo. Fue un proceso de prueba y error. Empezamos con unas máscaras que luego desechamos, incluso intentamos hacerlo sin máscaras y no encontrábamos la tecla. Finalmente llegamos a estos personajes casi de cómic y a un universo visual muy potente que hace que la historia resulte atractiva y cercana.
¿Crees que el humor es una buena herramienta para abordar este tipo de cuestiones?
Sí, absolutamente. Siempre pongo el ejemplo de Chaplin en El gran dictador. Estaba hablando de algo terrorífico como el nazismo y lo hacía desde el humor. El humor tiene una capacidad enorme para hacernos reflexionar.
La obra vuelve a apostar por un lenguaje sin palabras. ¿Qué os aporta esa forma de hacer teatro?
Para nosotros lo importante es la acción. La palabra puede ser muy tramposa, pero lo verdaderamente importante es lo que hacemos. En la vida pasa igual. Puedes hablar mucho sobre tolerancia, pero si luego tus actos no acompañan, lo que queda son los actos. Los niños entienden eso perfectamente. Por eso creemos tanto en el teatro visual: porque sintetiza lo esencial y conecta de forma muy directa.
¿Y qué permiten las máscaras que no permite el rostro humano?
La máscara genera distancia. El teatro ya es un artificio, pero si además quitas la palabra y el rostro humano se vuelve todavía más extraño y más simbólico. Esa distancia te permite tratar temas delicados de una forma más lúdica y racional al mismo tiempo.
¿Niños y adultos hacen la misma lectura de la obra?
No, claro. Ni siquiera todos los niños hacen la misma lectura. Cada espectador se queda con unas capas distintas. Pero eso es bonito. Un niño pequeño quizá no entienda todos los matices, pero sí se queda con lo esencial: qué ocurre cuando alguien actúa de forma despótica y cómo afectan esas conductas a los demás.
¿Cuánto tiempo lleváis girando con Mr. Bo?
Llevamos más de dos años y hemos recorrido gran parte de España, además de países como Italia, Francia, Portugal o Chile. Hace poco estuvimos veinte días actuando en distintas ciudades chilenas dentro del festival Santiago a Mil y fue una experiencia maravillosa. Además, la respuesta del público está siendo muy buena. Nada más estrenarla recibimos el premio al mejor espectáculo de sala en la Mostra de Igualada y desde entonces hemos recibido críticas estupendas. Hace poco en Toledo nos hicieron una crítica muy entusiasta. Todo ese reconocimiento nos llena de orgullo porque detrás de cada obra hay muchísimo trabajo.
Marie de Jongh es ya una referencia del teatro visual y familiar en España. ¿Cómo ha sido esa evolución?
Nosotros empezamos casi jugando, aunque ya veníamos de otros proyectos teatrales y teníamos experiencia. Pero siempre hemos mantenido una idea muy clara: el teatro familiar tiene que ser tan exigente como cualquier espectáculo para adultos. Nos rebelamos contra esa idea de que el teatro infantil es algo menor. Nosotros invertimos todos nuestros recursos en hacer espectáculos de alta calidad y rodearnos de grandes profesionales.
¿Qué le dirías a una familia de Cuenca que todavía duda si ir o no al Auditorio?
Que si no vienen seguramente luego les dará pena cuando escuchen hablar del espectáculo. (Ríe). Pero tampoco quiero obligar a nadie. Si alguien decide quedarse en el sofá, también tiene su valor. Ahora bien, quien venga no se va a arrepentir. Van a salir con una sonrisa y muy contentos. Además, después solemos quedarnos un rato hablando con el público y compartiendo impresiones, y eso siempre es un momento muy hermoso.