“Sin la confianza de Cuenca no estaríamos aquí”
Hay negocios que acaban formando parte de la vida cotidiana de una ciudad, y son de esos lugares a los que uno siempre va porque seguro que allí tienen lo que se anda buscando. En Cuenca, uno de esos establecimientos es Mercaoriente, donde detrás de cada pasillo lleno de artículos para el hogar, decoración, menaje o papelería está la historia de una familia que llegó desde China hace casi tres décadas y que acabó echando raíces en la ciudad.
Ahora lo dirige Susana Zhou, quien apenas tenía 9 años cuando pisó la ciudad por primera vez en el año 2000 junto a su familia. Con el paso del tiempo, la capital conquense se ha convertido en su casa: ha crecido y estudiado aquí, y ha visto cómo todos sus familiares se han ido integrando perfectamente en la sociedad conquense.
Aunque muchos vecinos relacionan directamente a la familia Zhou con el bazar, sus primeros pasos estuvieron ligados a la hostelería. Y es que, ellos fueron quienes abrieron los primeros restaurantes de comisa asiática en la capital en una época en la que este tipo de establecimientos eran escasos, como el Hong Kong.
Con la llegada de la crisis de finales de la década de los 2000, la familia buscó nuevas oportunidades. Probaron suerte con un bazar en un pequeño local de la avenida de Los Alfares en 2010 y, dado su éxito, ampliaron las instalaciones a una nave próxima. El negocio siguió creciendo, lo que les llevó a trasladarse a sus actuales instalaciones.
“Durante años existió el tópico de que en este tipo de tiendas vendíamos productos baratos y de poca calidad, una idea que ha cambiado bastante”, asegura Susana.
Y es que, detalla la empresaria, el cliente siempre busca buen precio y calidad, convirtiéndose esta en una de las claves de su negocio: ofrecer variedad, mantener artículos económicos para el día a día y, al mismo tiempo, incorporar productos y marcas conocidas que también pueden encontrarse en grandes superficies.
Si algo ha sostenido el crecimiento de Mercaoriente no ha sido únicamente su catálogo. Susana tiene claro que el verdadero valor del negocio está en la confianza. “Para nosotros no se trata solo de comprar y vender”, explica, porque la filosofía que tiene como encargada de la tienda es sencilla: que quien entre por la puerta se sienta bien atendido, compre o no compre. Esa forma de entender el comercio, más pegada al trato humano que a la venta rápida, ha sido una de las señas de identidad de la familia.
Susana reconoce que le emociona cuando alguien le cuenta que le han hablado bien de la tienda, de ella o de su familia. Para una empresaria que ha visto crecer el negocio desde dentro, esas palabras tienen un valor especial. “Esa es la riqueza que hemos ganado con estos años”, que la resumen en el cariño y la confianza que depositan día tras día los conquenses en ella.
Aunque eso sí, el camino para lograrlo no ha sido fácil. Mantener un negocio abierto todos los días exige esfuerzo, constancia y muchas renuncias. Susana sabe bien lo que significa estar al pie del cañón, atender, organizar, resolver problemas, adaptarse a los cambios y seguir levantando la persiana incluso en los momentos complicados. La pandemia fue uno de ellos. Aquellos meses de miedo e incertidumbre dejaron huella, pero también reforzaron su sentimiento de pertenencia a Cuenca. “Para mí, Cuenca es como mi segunda casa”, asegura.
El futuro del comercio, admite, no es sencillo. Las redes sociales, los cambios en los hábitos de compra y la competencia obligan a estar siempre pendientes de lo que ocurre, pero curiosamente, internet no ha afectado de forma determinante a las ventas. Sí lo ha hecho, en cambio, el traslado del hospital. Muchos clientes de los pueblos aprovechaban sus visitas médicas para pasar después por la zona y hacer compras. Ese movimiento, reconoce, se ha perdido en parte, y no solo lo han notado ellos, sino también otros negocios del entorno.
Aun así, Susana habla del futuro con ganas, ya que su objetivo es seguir mejorando, mantener la confianza de los clientes y cuidar ese vínculo que durante tantos años ha unido a su familia con Cuenca. “Sin esa confianza y el cariño de los conquenses no habríamos llegado hasta aquí”, subraya la empresaria, quien desea seguir creciendo y atender a los conquenses cada vez mejor.