“Se publica muchísima novela negra, pero necesitamos más lectores”
Conversamos con el escritor Jon Arretxe días antes de su llegada a Cuenca, una ciudad que conoce bien y donde asegura sentirse “como en casa”. El autor vasco visitará la ciudad el próximo 20 de marzo para participar en varios encuentros con estudiantes y lectores en torno al club de novela negra Las Casas Ahorcadas. Ese mismo día tendrá una cita con lectores sobre su novela ‘Números rojos’ en una actividad organizada por el club junto a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). En la cita participará además el actor Malcom Treviño-Sitté, protagonista de la adaptación televisiva de Detective Touré.
El 20 de marzo regresas a Cuenca y tienes varias actividades programadas. ¿Con qué nos vas a sorprender?
Hemos preparado varias actividades. Por una parte, un encuentro con alumnos de instituto que se han leído uno de mis libros infantiles. Estaremos charlando sobre el libro y también les enseñaré algunas fotografías. Es una novelita de aventuras que transcurre en África y creo que mostrar imágenes ayuda mucho a los jóvenes a meterse en la historia y a que la lectura les resulte más interesante.
Luego habrá otro acto con estudiantes de varios institutos en el que participará también Malcom Treviño-Sitté, el actor que interpreta a Detective Touré en la serie basada en mis libros. Haremos una mesa redonda junto a Sergio Vera y hablaremos un poco de todo, tanto de los libros como de la serie. Y por la tarde tendré el encuentro con el club de lectura de Las Casas Ahorcadas, que se han leído la última novela de Touré, ‘Números rojos’, y hablaremos sobre ella.
¿Qué tienen de especial para ti los encuentros con clubes de lectura?
Para mí son lo más de lo más. Yo tengo la suerte de que mis libros se leen bastante en institutos y centros de enseñanza y siempre es agradable hablar con los alumnos, pero claro, en esos casos muchas veces leen el libro porque se lo mandan. En cambio, la gente de los clubes de lectura ha elegido tu libro por gusto, se lo ha comprado, se lo ha leído con calma… y eso cambia mucho la relación. Suele ser además un público muy agradecido. En casi todos los sitios la mayoría de participantes son mujeres, muchas veces de cierta edad, porque las mujeres leen mucho más que los hombres. Y es un público encantador. En el caso de Cuenca, además, hay una relación muy especial porque llevo muchos años yendo y ya nos conocemos todos.
¿Qué te aporta ese diálogo con los lectores?
Muchísimo. A todos los autores nos gusta que nos alaben, claro, pero lo que realmente ayuda es la crítica constructiva. Yo siempre les digo que me interesa sobre todo lo que no les ha gustado. De ahí salen comentarios muy útiles. A veces te dicen cosas que no te esperabas en absoluto. Pero hablar con sinceridad con los lectores es muy enriquecedor y te ayuda a seguir mejorando.
¿En qué momento está ahora la novela negra?
Creo que hay demasiada producción para los pocos lectores que hay. Que haya mucha producción no es malo, porque así hay donde elegir y aparecen cosas buenas, malas y regulares. Además, el término “novela negra” se ha convertido en un saco enorme donde cabe de todo: novelas policíacas, sociales, thrillers, historias de suspense… El problema es que hay pocos lectores. A veces tengo la sensación de que casi hay tantos escritores como lectores.
¿Por qué crees que es un género tan eficaz desde el punto de vista narrativo?
Porque si está bien escrita suele tener ingredientes que funcionan muy bien. Son historias con ritmo, en las que pasan cosas continuamente, con crímenes, investigaciones, conflictos… No se detienen demasiado en descripciones interminables, sino que mantienen la tensión narrativa. Si el autor sabe manejar bien esos elementos, lo normal es que el lector se enganche desde el principio, y eso es fundamental.
Tu última novela, ‘Números rojos’, sobre la que hablarás con los lectores en Cuenca, forma parte de la saga de Detective Touré. ¿Cómo nace esta historia?
Es la undécima novela de la serie y se desarrolla en Barcelona. En las novelas de Touré ha habido un poco de todo: algunas más humorísticas, otras más duras. Y esta es de las duras. La historia parte de unos números pintados en rojo que aparecen sobre el lomo del gato de Botero, la escultura que está en la Rambla del Raval. Esos números aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer cada vez más altos, y a partir de ahí se desarrolla la trama. Pero más allá del misterio, lo que siempre me interesa mucho es el ambiente social. Touré es un inmigrante ilegal, un superviviente que se gana la vida como puede. En esta novela está más hundido que nunca: llega al Raval desde Canarias, duerme en la calle y acepta trabajos muy duros para sobrevivir. Es una historia bastante cruda.
“La gente de los clubes de lectura ha elegido tu libro por gusto y lo ha leído con calma, es un público muy agradecido”¿Cómo nació el personaje de Touré?
Quería hacer algo original, lo cual es muy difícil en la novela negra porque hay miles de historias y personajes. Se me ocurrió crear un inmigrante africano sin papeles como protagonista. Creo que en España no había un personaje así en este género. También influyó mucho que yo soy africanista y he viajado bastante por África. Es un continente que me interesa muchísimo y que llevo muy dentro. Y, además, en mi familia tengo dos hijos adoptados, uno africano y otro vietnamita. Todo eso ha influido mucho en mis novelas. Por eso las historias de Touré tienen también un componente de denuncia social y una mirada muy crítica con el racismo y la xenofobia.
¿Qué fue lo que más te sorprendió al ver a tu personaje pasar del libro a la pantalla?
La serie ha tirado más por el humor y por un tono más amable, porque las novelas son muy duras. Las productoras quieren un producto que pueda ver mucha gente. Y al final ha quedado una serie muy simpática. Además, los actores están geniales. Malcom Treviño-Sitté es una bomba, tiene un carisma enorme y en cuanto aparece en pantalla ya te gana como espectador.
¿Participaste en el proceso de adaptación televisiva?
No demasiado. Me pasaron los guiones y di mi opinión, pero luego cada uno tiene que dedicarse a lo suyo. Los guionistas hacen su trabajo y es un trabajo muy duro. Yo sí estuve bastante presente durante el rodaje, me pasaba por allí casi todos los días e incluso hice un pequeño cameo. Fue una experiencia muy divertida. Además, mis hijos también participaron: uno como figurante y mi hija con un pequeño papel.
Para terminar, ¿qué mensaje te gustaría lanzar a quienes van a acudir a los encuentros en Cuenca?
A la gente del club de lectura de Cuenca, ciudad en la que me siento como en casa, solo puedo darles las gracias. Son tan buena gente que lo único que les diría es que no cambien. Y a los jóvenes les animaría a leer. Nosotros, los escritores, tenemos que ofrecer buenos libros y los profesores saber elegirlos, pero también es importante que los lectores se animen.
