“Este reconocimiento es el mayor regalo”
Es de dulce, no se resiste a un flan, las gachas son el plato que más la conecta con su infancia y el olor de los campos de cebada en verano sigue transportándola directamente a Villares del Saz. Si tuviera que elegir un rincón de Cuenca se quedaría con las Chorreras del Cabriel y un ingrediente que no puede faltar en su día a día es el aceite de oliva virgen extra, pero reconoce que podría alimentarse únicamente de huevos, tomate y pan. Y, aunque nació en Madrid, siente que Castilla-La Mancha y especialmente Cuenca y Villares del Saz son “su casa”. Hablamos de Paula Monreal Barral, más conocida como @Paufeel, la creadora de contenido gastronómico que será reconocida este 31 de mayo como Hija Adoptiva de Castilla-La Mancha, un galardón que asegura haber recibido con “absoluta sorpresa”. Y es que, siente que con este reconocimiento ya se lo han dado todo. “Es el mayor de los regalos”, subraya.
La instagramer, con más de tres millones de seguidores, se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de la divulgación gastronómica en redes sociales gracias a una cocina sencilla, práctica y saludable. Pero detrás de sus recetas rápidas y accesibles hay mucho más que contenido viral. Hay memoria, tradición y una conexión constante con los pueblos y con la cocina de siempre. “No sé cocinar de otra manera que no sea la que he visto en casa”, confiesa. Y es que, su infancia está marcada por las recetas de su abuela Luisa y la fábrica de harina de su padre. Quizá por eso sus publicaciones conectan tan bien con la gente. Porque detrás de cada receta hay algo reconocible, cercano y cotidiano.
Esa filosofía sencilla también la aplica a la alimentación. Paula Monreal evita los extremos y rehúye los discursos relacionados con las dietas milagro o las restricciones. Aunque muchas personas le escriben asegurando que han mejorado sus hábitos gracias a sus recetas, insiste en que ella no es nutricionista. “Lo que intento promover es una alimentación consciente y sensata”, explica. Su objetivo, dice, es compartir un estilo de vida saludable, realista y compatible con disfrutar de la comida.
En ese recetario emocional que comparte cada día siguen ocupando un lugar fundamental las recetas manchegas. Las gachas son, sin duda, el plato que más la conecta con su infancia. “Me recuerdan a casa”, reconoce. También reivindica el atascaburras, el alajú o el morteruelo, el plato conquense que lleva por bandera y defiende con entusiasmo hasta el punto de asegurar que “debería ser patrimonio nacional”.
Y es que Paula Monreal siente un orgullo evidente por la gastronomía de Castilla-La Mancha. En este sentido, cree que la cocina de la región vive un gran momento y que cada vez existe un mayor reconocimiento hacia sus productos y recetas tradicionales. Lo nota especialmente cuando comparte contenido relacionado con Cuenca o la región en su perfil de Instagram. “Las recetas tradicionales se viralizan muchísimo porque la gente las reconoce y les tienen cariño”, explica.
Sin embargo, ese orgullo por su tierra va mucho más allá de las redes sociales. De hecho, una de las ideas que le gustaría desarrollar próximamente son unas jornadas gastronómicas en Villares del Saz que sirvan para impulsar la cocina tradicional y dinamizar el pueblo. Un evento que conjugue concursos populares, recetas manchegas y encuentros alrededor de la comida como una manera de dar vida a los municipios rurales.
Porque si hay una idea que repite una y otra vez es el orgullo por nuestros pueblos. “La gran herencia que tengo es haber vivido en un pueblo”, asegura. Para Paula, crecer en Villares del Saz le enseñó valores que siguen acompañándola hoy. Valores como la cercanía, la vida tranquila, el sentimiento de comunidad y la importancia de las cosas sencillas.
También por eso ve positivo que los niños se acerquen a la cocina desde pequeños, tal y como le ocurrió a ella, porque cocinar ayuda a relacionarse mejor con la comida, despierta la creatividad y puede convertirse incluso en una forma de disfrutar en familia. “Que prueben, que se equivoquen, que jueguen”, dice.
Ahora que va a recibir el título de Hija Adoptiva de Castilla-La Mancha, Paula Monreal admite sentirse “especialmente emocionada” por el cariño que recibe cada vez que vuelve a Cuenca. “Las presentaciones de mis libros en Villares del Saz y la acogida que tuve en la Feria del Libro de Cuenca son recuerdos muy bonitos. Ver que la gente de tu tierra te muestra tanto cariño es increíble”, asegura.
Ese afecto, reconoce, es un gran regalo. Por eso admite emocionarse cuando escucha a la gente hablar de ella como “una de las suyas”. Y quizá por eso, cuando intenta resumir qué significa Castilla-La Mancha en su vida, siempre termina regresando a la misma idea. Para ella, nuestra región es un lugar al que, pase lo que pase, siempre se vuelve. Una tierra que considera “hogar”.