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Más allá de los logotipos: la otra obra de Cruz Novillo

El escultor y profesor de Bellas Artes, Antonio Jurado, analiza la escultura helicoide de Cuenca y reivindica la faceta artística menos conocida del diseñador conquense
Más allá de los logotipos: la otra obra de Cruz Novillo
Foto: Eduardo M. Crespo
15/07/2026 - Eduardo M. Crespo

Hablar de José María Cruz Novillo es hablar de algunos de los símbolos visuales más reconocibles de la España contemporánea. Su firma está detrás de logotipos tan conocidos como los de Correos, Renfe o la Policía Nacional, una obra que ha convertido al creador conquense en una referencia del diseño gráfico.

Sin embargo, existe una faceta de su trayectoria mucho menos conocida. Y, paradójicamente, los conquenses nos cruzamos con ella cada día. La gran escultura helicoidal que preside la glorieta del ingeniero Ángel Pérez, una de las piezas de arte público más singulares de la ciudad, lleva la firma del gran Cruz Novillo.

Instalado en 2011, el helicoide de 11 prismas cuadrados creciente, constituye uno de los mejores ejemplos de una producción artística que quedó en gran medida eclipsada por la popularidad de sus diseños. Una realidad que reivindica el escultor y profesor de Bellas Artes Antonio Jurado, quien defiende la importancia de la obra escultórica de Novillo.

“Ya conocemos bastante a Cruz Novillo por actualizar de alguna forma la cultura visual española con todos los logotipos que diseñó, pero su faceta como investigador plástico, tanto pictórico como escultórico, no ha llegado tanto como su trabajo de diseñador”, explica Jurado. A su juicio, la importancia de esa producción artística es indudable. “Tiene una obra importantísima, en consonancia con los principios de la abstracción geométrica de la segunda mitad del siglo XX española”.

El profesor y escultor sitúa además a Cruz Novillo dentro de una corriente artística que marcó buena parte de la escultura española contemporánea: “Se proyecta un poco en esa línea continuista de escultores como Oteiza, Chillida o Torner, artistas que hicieron esa investigación en la relación entre forma, vacío y espacio”, señala.

La pieza ubicada en Cuenca constituye para Jurado un magnífico ejemplo de esa forma de entender la escultura. De hecho, reconoce que fue una de las primeras obras que llamaron su atención cuando llegó a la ciudad. “Fue una de las esculturas que más me llamaron la atención cuando vine a Cuenca. Creo que es la escultura que está mejor integrada en la ciudad de Cuenca. Y encima una escultura de ese tamaño, que no es algo fácil”.

A simple vista, la obra está formada por una sucesión de prismas rectangulares vacíos que se despliegan en el espacio mediante un movimiento helicoidal. Sin embargo, detrás de esa aparente sencillez existe toda una reflexión sobre la geometría, el movimiento y la percepción visual.

Según explica Jurado, Cruz Novillo parte de formas geométricas elementales para desarrollar una composición basada en el crecimiento progresivo y el ritmo: “Lo que plantea es una sucesión de este elemento geométrico que se va desplegando en el espacio con un movimiento en espiral. Los prismas van aumentando gradualmente su tamaño, añadiendo con ese crecimiento un componente que considero bastante importante en esta pieza, que es el ritmo”.

Ese ritmo es precisamente uno de los aspectos que más le interesan de la escultura, especialmente por su ubicación en una glorieta. Para el profesor, la obra establece una especie de conversación permanente con el entorno urbano. “Invita a rodear la escultura. Y eso me parece bastante importante al tratarse de una escultura en el espacio público. Ese ritmo acompaña al movimiento natural del tráfico y de los peatones. El impacto visual que despliega esta obra está en consonancia y en armonía con el lugar donde está ubicada”, subraya.

La obra está realizada en acero cortén, un material robusto y de gran peso. Sin embargo, la sensación que transmite al espectador es muy distinta, según nos explica Jurado: “La ligereza visual de una obra de estas dimensiones entra un poco en conflicto con el material, porque el acero cortén es un material muy pesado. Cruz Novillo juega con esos dos conceptos aparentemente contradictorios, el de la masa y el vacío”.

Para Jurado, ahí reside una de las claves de la escultura. “El vacío no es un elemento anecdótico, es un componente activo de la composición, con casi la misma importancia que el propio material”.

UN PROYECTO INACABADO

El proyecto original contemplaba la instalación de dos esculturas similares en dos glorietas de la ciudad, formando un conjunto unitario. “Eran dos esculturas similares que iban a estar instaladas en dos glorietas de Cuenca componiendo de esa forma un díptico urbano. Ojalá se pueda llevar a cabo porque sería como terminar o como homenajear su carrera como artista y como escultor”, afirma.

Más allá de la posibilidad de recuperar algún día aquella idea inicial, Jurado cree que la reflexión principal pasa por dar a conocer una faceta artística que ha quedado eclipsada por la enorme popularidad del diseñador gráfico. “Quizás en el campo pictórico o del grabado sí se conoce mucho a Cruz Novillo, aparte del diseño, que es por lo que más se le conoce. Pero la escultura, su desarrollo como escultor, no se conoce tanto”, lamenta.

Por eso considera especialmente positivo abrir el debate sobre esa parte menos visible de su legado. “Está genial que también se conozca ese trabajo porque forma parte de esa línea de la geometría abstracta española de la segunda mitad del siglo XX”.


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